Ovación

Newell's debe cambiar el aire para encontrar soluciones a los problemas deportivos

El Rojinegro y su gente tienen el deber de construir la calma indispensable para que las coincidencias y disidencias encuentren un punto de convergencia, en el que se dirimirán las diferencias.

Jueves 06 de Agosto de 2015

Newell's transita un camino sinuoso. En el que cada maniobra lleva al pasaje a un estado de exaltación contraproducente. Y en tiempos de cólera los errores se sobredimensionan, y si quienes los cometen no lo asumen con autocrítica y humildad, cada hecho o declaración atomiza aún más. Más allá de la importancia o trascendencia de quien la formule, porque como la lógica indica, nadie tiene más entidad que el club mismo. Club al que hacen todos los rojinegros. Por eso lo más saludable es comprender que la intolerancia y la agresión de cualquier tipo es inconducente. Deriva en un caos mayor. Como así los gestos de petulancia o prepotencia.

Newell's y su gente tienen el deber de construir la calma indispensable para que las coincidencias y disidencias encuentren un punto de convergencia, en el que se dirimirán las diferencias, pero siempre a través de los canales reglamentarios o estatutarios.

Los momentos de bonanza siempre son recordados y añorados por los hinchas por la intensa alegría que les generó. Intensidad similar al dolor que les provocaron las decepciones. Y la canalización de ambos estados tienen diferentes variables. Aquellos que hoy son directivos, jugadores y entrenadores deberían haber incorporado por sus años de ejercicio la forma con la que la masa siente el fútbol. Y es razonable rechazar a los grupúsculos radicalizados que generan violencia. Que no son pocos, pero siguen siendo minoría. Pero de ahí a querer imponer un cepo a la crítica del público moderado es una pretensión tan intolerante como la de los fundamentalistas de la hostilidad.

No es un desmemoriado quien pretende corrección, explicación o al menos visibilizar un esfuerzo para cambiar una realidad. No es ingrato el que espera un resultado favorable de su equipo. Porque esos mismos a los que catalogan de amnésicos y son juzgados con desdén, son los mismos quienes con su perseverancia y sacrificio solventaron, y aún lo hacen, al fútbol que le dio entidad a quienes hoy conducen, juegan o dirigen. Son los mismos que le dieron sustentación a un negocio que les permitió a los que hoy se consideran protagonistas del fútbol a obtener un nivel de vida que dificilmente la mayoría hubiera tenido si no fuera por la pasión que despierta este deporte.

Las derrotas en los clásicos, los cambios de técnicos, el vaciamiento de la palabra proyecto, el egoísmo de las individualidades, la intemperancia de los fanáticos, la imprevisibilidad, la sobrevaloración de las redes sociales, el uso indebido de las mismas, las miradas altaneras, el aislamiento, la confrontación, el oportunismo, la exaltación o la denigración de los nombres, y así una amplia de condimentos contraproducentes generaron una crisis en Newell's.

Pero las crisis enseñan, fortalecen y elaboran soluciones. Los errores no se matan ni se omiten. Se asumen y corrigen. Con autoridad. Humildad. Prudencia. Y sin prejuicios. Sólo así Newell's construirá un estado de mejor convivencia.

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