Lunes 12 de Septiembre de 2022
Sin entrenador a la vista. Eliminado días atrás de la Copa Argentina. Con un andar irregular en la Liga Profesional, ausencias masivas por lesiones y un Gimnasia entonado que buscaba ser líder. Peor panorama imposible el que se le presentaba a Newell’s. Ni el más optimista presagiaba un final feliz. Pero sucedió. La personalidad con la que se plantó el equipo en el Coloso, con la que jugó con y sin la pelota, fue encomiable. Mérito del cuerpo técnico interino que encabeza Adrián Coria y de los futbolistas, que absorbieron fielmente lo que se les transmitió, para la conquista de un triunfo tan inesperado como necesario, el segundo seguido en el torneo.
La mano de Coria y de los ayudantes quedó reflejada en varios aspectos. En el sistema táctico que se planificó, un 4-4-2 que le dio consistencia al medio por las bandas y la posibilidad de que ingrese Djorkaeff Reasco, ante una nueva baja, la de Cristian Ferreira por lesión, para que juegue apenas por detrás de Juan Manuel García.
La conformación del once titular, con el ecuatoriano desde el comienzo, fue otro de los aciertos. Una elección que resultó clave, más allá de que no había tanto para elegir por los lesionados, a tal punto que debió debutar un juvenil, Marcelo Esponda, que no estaba en los planes de nadie.
Apenas Sforza, Garro y Juanchón García eran los titulares disponibles, a los que se suma Morales por Macagno. Los demás, todos afuera por lesión. Incluso algunos suplentes. Encima, el ánimo del plantel no era el mejor, tras la Copa Argentina.
Frente a tantos problemas y limitaciones, Newell’s salió dispuesto a jugar con gran entereza y amor propio. No se achicó ante el equipo de Pipo Gorosito. Por el contrario, salió a disputarle cara a cara el partido al lobo platense.
La entrega para disputar cada pelota, la atención para no perder las marcas ni las posiciones, la circulación rápida y los avances punzantes. Todas virtudes de un conjunto desmembrado que se hizo fuerte ante la adversidad.