Newell's tuvo con la llegada de Kudelka una mejoría más allá de perder el clásico. Le quedan 24 fechas con el objetivo de mantener la categoría.
Domingo 01 de Marzo de 2026
Se sabía que podía pasar, y pasó. Central lo ganó por su infinito mejor presente, plantel y jerarquía. Pero a todo eso Newell's le opuso buenos momentos que no supo o pudo aprovechar, acaso por las mismas razones. Nunca en una previa había tanto favoritismo de un lado, respaldado además el contexto por un pasado reciente y no tanto que también jugó su partido a favor del vencedor.
Y, aunque se podía intuir el final y eso atenúa los dolores posteriores, ellos siguen estando y nublan cualquier atisbo de razón.
Sin embargo, una vez que los días se lleven los lamentos de hoy, repetidos hasta el cansancio de los últimos tiempos, a todo Newell’s le conviene serenarse, porque lo que quedan serán 24 fechas con el objetivo nada menos que de mantener la categoría.
Y en ese sentido, pese a las enormes diferencias, se notó un salto, pequeño quizás, pero salto al fin con la llegada de Frank Kudelka. Que le sirvió para jugar de igual a igual hasta el gol de Di María, que no fue producto de una superioridad manifiesta, sino que se construyó desde ahí.
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Newell's salió a pelear el partido
Se vio a un Newell’s decidido a pelear el partido, a no darles respiro a los varios con buen pie rival, incluido Franco Ibarra, y a tratar de avanzar con sentido colectivo, más allá de que sus mejores situaciones fueron de contra.
Inclusive, así empezó jugando de entrada el complemento, pero bastó que Ávila ganara en lo alto una pelota casi perdida, que se descuidara a Di María, para que todo se venga abajo, como suele pasarles a los que vienen en el fondo del pozo.
Tampoco fue que se repitió lo de Banfield, porque no se bajó los brazos, aunque claramente a Newell’s le ganaron los nervios y Central empezó a explotar todos los mejores recursos que tiene. De ninguna manera la solución será el “que se vayan todos” que se escuchó en algún momento al final. Kudelka tomó el equipo con audacia, le insufló esperanza en ese primer tiempo. Ese es el camino, entre espinas por supuesto.