Lunes 21 de Marzo de 2022
Muchas veces los análisis previos de los partidos, en especial en los clásicos, se hacen añicos ni bien comienza a rodar la pelota. Pero esta vez se dio un trámite lógico en el derby. Con un equipo que tuvo orden y efectividad ofensiva para capitalizar una de las tres claras que tuvo, que fue Newell’s. Y otro al que no se le cayó una idea, que se destartaló ante el primer impacto y que terminó hecho un manojo de nervios, como fue en este caso Central. Los dos jugaron de manera similar a cómo lo venían haciendo. Por ello la victoria rojinegra no fue para nada un batacazo ni muchos menos por el pasado reciente que arrastraban. Claro que los rojinegros disfrutaron muchísimo el enorme triunfo, ya que la racha adversa en los últimos enfrentamientos era una mochila cada vez más pesada para jugadores, dirigentes e hinchas. Así el gol de Juan Manuel García entrando a tocar con ínfulas en la boca del arco significó una de las alegrías más grandes para el pueblo leproso en los últimos tiempos. También un espaldarazo impresionante para el ciclo naciente de Javier Sanguinetti. Y, de yapa, un premio para este grupo de futbolistas del Parque, que dejaron la piel en la cancha y cantaron victoria en un Gigante de Arroyito repleto de hinchas locales. Con garra, corazón y espíritu colectivo, la alegría en la tarde del domingo rosarina fue toda rojinegra.
La mayor virtud leprosa fue luchar el partido de principio a fin. Jugar desde la solidaridad y el espíritu combativo. Porque si el capitán y referente Pablo Pérez fue a cada dividida como la última, el resto no dudó y se subió a este tren de sacrificio que pretende Sanguinetti para su nuevo Newell’s.
El equipo del Parque no brilló y estuvo lejos de dar una exhibición de fútbol. Tampoco un clásico es un terreno fértil para ello. Pero basó la construcción de la victoria en su disciplina táctica, en que nadie tuvo coronita a la hora de ponerse el overol y por sobre todas las cosas en creer que la victoria era posible.
A la hora repasar los rendimientos salientes del éxito leproso en Arroyito hay que destacar a Cristian Lema como el punto individual más alto. El Sicario fue una muralla, en especial en el tramo final del partido cuando Central de manera desesperada ponía la pelota en área mediante centros frontales y de costado. Tuvo la compañía fiel del colombiano Willer Ditta que no desentonó y dio siempre batalla.
También el arquero Ramiro Macagno, debutante en el clásico, dio solvencia en cada centro y le ahogó el grito a Marco Ruben, una pesadilla en los últimos duelos con los canallas.
Y en la defensa fue correcto el aporte del lateral Armando Méndez, de notable trepada en el gol de Juan Manuel García. Justamente Juanchón se despachó con un gol “de nueve”, de arremetida, pero que se gritó tanto como en el 2016 la conquista del emblema Maximiliano Rodríguez, justo en el mismo arco, el de Regatas, y que hasta acá era el último éxito leproso ante el archirrival.
Todos aportaron a la causa rojinegra desde el sacrificio, pero Julián Fernández fue otro bastión clave del triunfo, a pura enjundia y cuchillo entre los dientes.
Por supuesto que si Nicolás Castro hubiese estado inspirado tal vez la diferencia en el control de la pelota y el resultado hubiese sido mayor, pero no gravitó en la zona de gatillo.
Así, Newell’s se regaló un triunfo extremadamente importante para encarar con la frente en alto la recta final de la Copa de la Liga y soñar con meterse entre los cuatro a los play-off.
El hincha leproso necesitaba volver a celebrar a lo grande en el partido que pone en vilo a la ciudad y los muchachos de Sanguinetti cumplieron con el pedido del jueves pasado cuando el banderazo copó el Coloso.
Para Newell’s lejos de ser un punto de llegada esta victoria debe significar un punto de partida para seguir aspirando a ser un equipo serio, competitivo y protagonista, luego de un 2021 futbolístico pobrísimo en el Parque.
La lepra cantó victoria en la casa del rival de toda la vida y para el fútbol no hay festejo mayor que este. Por ello los abrazos de felicidad del puñado de jugadores de Newell’s en Arroyito ni bien Pablo Echavarría decretó el final. Esta vez la alegría es toda rojinegra.
Ganó el clásico luego de 1.974 días
Como si fuese un tributo a los campeones del Metropolitano de hace 48 años, Newell’s ganó el clásico luego de 1.974 días. La última vez había sido el 23 de octubre de 2016 en el Gigante de Arroyito, también por 1 a 0 con un gol de Maximiliano Rodríguez, a los 93 minutos, en el mismo arco que convirtió Juanchón García. Desde allí habían jugado 7 clásicos con 4 triunfos de Central y 3 empates. Ayer la lepra cortó la racha adversa.