Ovación

Newell’s cayó sin atenuantes frente a San Martín de San Juan en la antesala al clásico

Lo peor que le puede pasar a Newell’s es tener que jugar el clásico el domingo. Más aún con el resultado 2-1 de ayer con San Martín en tierra ajena frente a un conjunto del "montón". 

Domingo 07 de Febrero de 2016

Lo peor que le puede pasar a Newell’s es tener que jugar el clásico el domingo. Más aún con el resultado de ayer con San Martín en tierra ajena. De ahí parte todo el análisis con un equipo que no sólo se vio superado por un conjunto del “montón”, sino que por momentos no mostró mucha diferencia con aquel que se despidió de 2015. La derrota 2-1, dolorosa y llamativa en la órbita leprosa, encendió rápidamente la luz de alerta para una semana especial que depositará a este conjunto diseñado por Lucas Bernardi en Arroyito. Un duelo que cotiza alto y que, muchas veces, marca el rumbo de un equipo y hasta de una institución. Ejemplos sobran.

Con los movimientos sorpresivos que introdujo a último momento Ñuls buscó confundir al rival. Hacerse dueño del juego. Al minuto nada más mostró sus intenciones a través de Maxi Rodríguez y Ardente comenzaba a mostrarse seguro bajo su arco. A esa hora el sol lucía pleno, ardiente y sin intenciones de apagar su fuego que elevaba la sensación térmica a casi 40 grados.

El rojinegro enseguida perdió la pelota y el verdinegro se animó a merodear la zona de Unsain. Sin ser punzante y sin terminación de la jugada. Newell’s aguantó hasta que puso en aprietos a la defensa e hizo trabajar a Ardente, protagonista de desactivar tres ocasiones netas para la visita. No tuvo definición y eso le costó muy caro.

Parecía que iban a atacar un rato cada uno de acuerdo a las energías, las que por momentos debían ser renovadas y por eso cada tanto frenaban en sus ataques. Llegó el turno de San Martín. Una, dos y tres veces. Y la tercera fue la vencida y con el peor castigo, el gol de un ex. Emanuel Dening metió el testazo para gritar y sacarse el fuego interno.

Es un pecado grave no tener reacción. No sentir el dolor de un impacto. Eso padeció este Newell’s livianito, sin un eje central. Por eso al verdinegro, limitado por cierto, no le costó aumentar la diferencia a través de Mattia.

Newell’s, por momentos, no supo a qué jugar. Con piezas distribuidas sobre el terreno de juego sin poder cumplir con la función específica. Dicen que los problemas quedan en el olvido cuando llega la hora de la acción, pero más allá de eso está claro que lo externo incide. Las declaraciones duras de Maxi Rodríguez de hace pocos días y las de Scocco antes deambulan por el Parque y están latentes.

Uno de los pocos que pareció ajeno a todo fue Boyé, uno de los nombres que se destacó dentro de una puesta en escena aciaga. Mostró su destreza para desprenderse de las marcas y buscar los espacios para definir. Y tuvo varias oportunidades como hacerlo, aunque se encontró con un Ardente activo. Sobre el final se salió con la suya y logró romper el cero, aunque a esa altura no había espacio para conseguir un empate heroico.

No quiere decir que la Lepra no pueda elevar el rendimiento. Tiene elementos para lograrlo y esta fue la primera presentación. Quizás otro sería el análisis si golpeaba de entrada. No lo hizo. La cuestión es que existen urgencias y los resultados son los que calman las ansiedades. Eso es lo que necesita este Newell’s, el nuevo y con viejos problemas. El clásico puede ser el antídoto para calmar el fastidio inicial. Lo bueno para la Lepra es que aún hay mucho camino por delante para lograr la recuperación. En todos los sentidos. Aunque debe empezar rápido.

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