Natación: Thiago Crichigno necesita un "salvavidas" para llegar al Campeonato Brasileño de aguas abiertas

El atleta de Náutico Sportivo Avellaneda colecta fondos para participar del torneo de natación de aguas abiertas en Fortaleza entre el 8 y 11 de julio

16:29 hs - Martes 09 de Junio de 2026

Para cualquier deportista, sea el deporte que sea en el que se desempeñe, la propia competencia, más allá de que resulta una experiencia enriquecedora, eleva el nivel. Y la natación no es la excepción.

Thiago Crichigno, representante del Club Náutico Sportivo Avellaneda, fue convocado por la Selección Argentina de Aguas Abiertas para participar del Campeonato Brasileño, a desarrollarse entre el 8 y 11 de julio en Fortaleza, Brasil, pero como el evento se encuentra dentro de los autofinanciados y tiene un costo muy elevado, sus chances de ir se ven reducidas por lo que necesita una mano.

Condiciones tiene; de hecho, las muestra en las frías estadísticas. Este año, el Circuito Nacional de Aguas Abiertas reunió cuatro fechas, estaciones de una misma travesía. La primera fue en Santa Fe, donde alcanzó un cuarto puesto. Luego viajó a Almafuerte, en Córdoba, y subió al podio con un tercer lugar. Más tarde, en San Juan, volvió a ocupar el tercer escalón. La última fecha regresó a Santa Fe, pero el clima decidió escribir su propia historia. El viento y las condiciones del agua le impidieron completar la carrera. Aun así, los puntos acumulados durante el circuito hablaron por él. Cuando se cerró el ranking nacional, Thiago ocupaba el tercer puesto de la categoría Junior. Aquí su historia.

Thiago creció entre las calles del barrio Parquefield y los pupitres de la escuela San Ramón. Más tarde siguió su camino en el Colegio Salesiano San José, donde quiso abrazar los estudios técnicos con la misma disciplina con la que abrazaba cada entrenamiento. Pero el tiempo, que suele comportarse de manera caprichosa, le puso horarios imposibles como para mantener las dos actividades a la vez. Entonces cambió de rumbo y terminó sus estudios en la escuela San Francisco de Asís, donde fue escolta de la Bandera Papal. Este año comenzó el primer año en el Isef Nº 11, convencido de que los sueños necesitan tanto estudio como esfuerzo.

Natación de chiquito

Su relación con el agua había comenzado mucho antes. Como tantos chicos que encuentran en la natación una segunda forma de respirar, inició con matro natación para aprender a defenderse entre las corrientes. A los siete años llegó al club Residentes de Parquefield, el club del barrio, donde fue guiado por Álvaro Marín. Allí, entre pequeños equipos de competencia y entrenamientos de escuelita, vivió sus primeras carreras. Eran tiempos en los que las brazadas parecían juegos y las piletas, un mar infinito.

Pero entonces llegó la pandemia, donde el mundo entero pareció quedarse inmóvil. Las piletas cerraron, las calles enmudecieron y los días comenzaron a repetirse unos a otros. Durante aquel tiempo extraño, Thiago tuvo que dejar de nadar. Sin embargo, mientras el resto del mundo contaba contagios y ausencias, él contaba las horas para volver a nadar.

Cuando finalmente todo pasó buscó volver e insistió hasta que consiguió el sí de su madre que lo autorizaba. Contactó a su antiguo entrenador, quien por entonces daba clases en Unión Americana de Fisherton. Y hasta allí fue a mediados de 2021 para sumergirse en el agua y volver a empezar. Cada entrenamiento era una recuperación de todo el tiempo perdido, como si quisiera devolverle al cuerpo las brazadas que la pandemia le había robado.

A finales de ese año, el entrenador dejó el club. Antes de marcharse, sin embargo, le señaló un camino. Le recomendó continuar en el Club Náutico Sportivo Avellaneda. Thiago siguió aquel consejo como quien sigue una estrella en medio de la noche. Allí encontró a Jeremías Muñoz y Alberto Tarsitano, quienes comenzaron a acompañarlo en una etapa decisiva de su crecimiento deportivo.

De la pileta a las aguas abiertas

Fue también por ese entonces, cuando de boca de Muñoz, escuchó hablar de las aguas abiertas. Su entrenador le dijo que era una disciplina hermosa. Y aquella frase sencilla se le quedó dando vueltas en la cabeza. Pronto descubrió que nadar al aire libre era diferente. El agua dejaba de tener paredes. El horizonte se volvía inmenso. Un día era un lago, otro el mar, otro cualquier espejo de agua dispuesto a ponerlo a prueba.

Aunque también jugó al rugby en Old Resian, aprendiendo los valores del equipo y la solidaridad, había una parte de él que pertenecía por completo al agua. Competía tanto en pileta como en aguas abiertas, pero era bajo el cielo abierto donde sentía que cada brazada encontraba su verdadero sentido.

Las aguas abiertas exigían más. Más kilómetros. Más resistencia. Más horas de entrenamiento. Mientras sus amigos se divertían, Thiago estaba sumando metros, y cuando terminaban el día, él seguía nadando.

En 2024 llegó el momento de medirse con los mejores, y fue entonces cuando el país comenzó a pronunciar su nombre. La primera convocatoria a la Selección Argentina llegó en 2025. A comienzos de ese año participó de un selectivo de aguas abiertas y meses después, en septiembre, la noticia llegó a través de su entrenador como llegan las noticias importantes: sin anunciarse, pero cambiándolo todo.

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Las aguas abiertas le exigían más. Más kilómetros. Más resistencia. Más horas de entrenamiento. Pero eso a Thiago poco le importó.

Había sido convocado para representar a la Argentina en el Circuito Sudamericano de Selecciones, en Salvador de Bahía, Brasil. Viajó para competir en los 5 y en los 3 kilómetros. Allí compartió aguas con jóvenes nadadores de distintos países y comprendió que el deporte tiene una geografía propia, hecha de sacrificios comunes y sueños parecidos.

Brasil lo espera

Desde entonces, cada entrenamiento pareció adquirir otro significado. Ahora, una nueva convocatoria golpea la puerta. La Selección Argentina de Aguas Abiertas lo eligió para participar del Campeonato Brasileño en Fortaleza. Una oportunidad enorme para competir internacionalmente, sumar experiencia frente a deportistas de altísimo nivel y representar nuevamente al Club Náutico Sportivo Avellaneda y al país.

Sin embargo, como ocurre con tantos atletas argentinos, el desafío no está solamente en el agua. El campeonato forma parte de los eventos autofinanciados, el costo del viaje es elevado y amenaza con convertirse en una corriente difícil de atravesar. En un país donde muchas veces el talento nada contra la falta de apoyo económico, la solidaridad aparece como una embarcación necesaria. Para ello se creo una cuenta en Mercado Pago a nombre de Thiago Crichigno con el alias crichi.brasil.

Mientras tanto, Thiago se prepara. Entrena de lunes a sábado y hay días en lo que hace doble turno, con jornadas de dos horas y media o tres horas dedicadas a largas distancias. También suma dos o tres sesiones semanales de gimnasio, por lo que su rutina parece la de alguien que intenta conversar con el futuro antes de que llegue.

Y cuando le preguntan qué espera encontrar en Brasil, él se ilusiona y responde con la serenidad de quienes conocen el tamaño del desafío. Sabe que habrá nadadores experimentados, rivales de gran nivel y una competencia exigente. Pero también sabe que cada brazada lo acercó hasta allí y que los sueños, igual que los ríos, siempre encuentran la manera de llegar al mar.