Ovación

"Nadie me regaló nada ni me la hizo fácil"

El rosarino Ezequiel Avila pasó de "ir a entrenar a caballo y dejar el fútbol por dos años" a ser la figura de Huesca y una de las revelaciones de la liga española.

Lunes 29 de Abril de 2019

Pintaba para llegar al profesionalismo. De pibito la rompía en la Rosarina. Tenía un sueño bien definido: "Ser un gran profesional". El Chimy Ezequiel Avila llegó lejos. El calendario deportivo marca que la rompe en España con los colores del humilde Huesca. Ayer hizo otro golazo, esta vez en el 1 a 1 ante Villarreal y sigue luchando por no descender. Sin embargo, el espejo retrovisor de su carrera marca que tuvo una infancia no tan bonita. "Pensar que iba a Tiro Federal a caballo porque no tenia la posibilidad ni otros medios para que mis padres me llevaran a entrenar", repasa el Chimy en el amanecer del diálogo con Ovación. El delantero también recordó que en su adolescencia estuvo "dos años sin jugar. En esa época me puse a laburar de albañil porque tenía que darle de comer a mi hija, que me cambió la vida". El ex jugador de San Lorenzo además remarcó que pudo diferenciar a tiempo cuál era el camino a seguir. "Tenía dos opciones. Elegía el lado oscuro, el de la calle, la delincuencia o la droga. O el que me habían enseñado mis padres, es decir la cultura del trabajo y darle para adelante con mucho esfuerzo. Tenía que dar lo máximo si quería progresar. Y es por eso que hoy en día disfruto del día a día en mi club. Nadie me regaló nada", sentenció el rosarino con voz firme y cierto orgullo interno por haber logrado lo que muchos chicos de recursos muy bajos no pudieron por estar contaminados y atados a los vicios cotidianos.

   Se forjó por las duras calles de Empalme Graneros. "Mi barrio, mi gente sigue ahí", desliza Avila antes de bucear en su áspera niñez. "Estoy feliz por este presente. De chico soñaba con esto. Pero también es cierto que no lo imaginaba por el entorno donde uno se criaba y crecía. Aunque con sacrificio, esfuerzo y trabajando con humildad pude lograr muchas cosas", le confió a Ovación el goleador Avila.

   La historia de vida indica que cuando "tenía casi 17 años estuve seis meses en Espanyol. Pero pasaron algunas cosas que me hicieron tomar la decisión de volver de Barcelona a Tiro Federal", confió. "En ese entonces lo único que deseaba era llegar lo más rápido posible a casa para abrazar y agradecerle a mi vieja (Graciela) el gran esfuerzo que había hecho para pagarme el pasaje de vuelta", explicó sin remordimientos.

   El entorno lo empezó a corroer en cámara lenta, pero no se lo devoró. Chimy recordó que aquellos no fueron años tan felices en ciertos aspectos sociales. A la vez ponderó la figura de "mi vieja Graciela, la Gringa", quien se puso la familia al hombro para poder mantener a los nueve hijos que debía alimentar. Es un ejemplo de trabajo y de lucha. Uno se refleja ahora en esa imagen. Vengo de una familia muy humilde donde nada nos vino de arriba como tampoco nadie nos regaló nada. Todo siempre fue sacrificio y esmero para poder concretar lo que uno siempre soñó", contó.

   Claro que luego hubo un período donde se vio forjado a hacer un paréntesis en el fútbol. "En aquel momento tenía sólo dos opciones. Elegía el lado oscuro, el de la calle, la delincuencia y la droga. O el que me habían enseñado mis padres, es decir la cultura del trabajo y del esfuerzo. Tenía que dar lo máximo si quería progresar y así fue".

   "De los 18 a los 20 años no jugué por un tema particular", sostuvo Ezequiel, quien supo ver la luz que lo haría brillar en un momento donde las tentaciones se les presentaban a diario sobre las diversas mesas o calles del barrio. "Cuando nace un hijo te cambia la manera de ver las cosas. Te hace tener más responsabilidades. Maduré de golpe. Tuve que ir a laburar. De algo tenía que vivir y darle de comer a mi bebé (Eluney). Así que tomé el camino que me enseñaron mis padres a través del sudor y fui albañil", contó.

   "Mi hija vino con el pan debajo del brazo de verdad. De trabajar de albañil terminé firmando un contrato en San Lorenzo. Mis representantes me ayudaron mucho junto a mi familia y es por eso también que gracias a ellos estoy viviendo este lindo presente", afirmó. "Luego llegó la Shoemi y acá estamos, todos bien", declaró Avila, que debutó en el azulgrana "de la mano del Patón Bauza contra Aldosivi en Mar del Plata".

   En la actualidad lleva 9 goles en España. Es el goleador de Huesca. Ayer hizo otro golazo ante Villarreal. Pasó de "patear penales en un torneo libre en el barrio a jugar en míticos estadios o enfrentar a los mejores jugadores del mundo. La verdad es que a veces se me cruzan muchas sensaciones y cosas por la cabeza. Estoy viviendo lo que siempre soñé".

   La charla va mutando de un estado a otro con anarquía. Avila abrió de entrada su corazón de manera natural. Fue tocando temas sensibles sin barreras. También hizo eje "en la buena onda que hay cuando nos cruzamos entre argentinos en alguna cancha. Todos son muy buena onda. Te saludan y hablan de primera. En ese sentido ninguno te forrea", destaca el Chimy, quien a la vez sostuvo: "Tengo la camiseta de Leo (Messi) en casa, pese a que cuando jugamos no estuvo todo muy bien que digamos porque me hizo ocho goles su equipo (Barcelona)".

   Está claro que no todo lo que brilla es oro. Ezequiel tiene un pasado bravo y así lo indica su ADN. "Recuerdo que cuando estaba parado en el fútbol y laburaba veía a terribles cracks en diferentes canchas del barrio. Pero por tomar el camino oscuro se perdieron. Por eso le doy gracias a Dios que hubo gente que me terminó acompañando y marcando. Porque por ellos hoy puedo estar y disfrutar de este lugar de privilegio. Pero ojo que nadie me regaló nada ni me la hizo fácil. Todo lo conseguí con mucho esfuerzo", cerró el mediapunta rosarino que ayer otra vez la rompió en el fútbol de España y promete seguir librando y ganando nuevas batallas.

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