Sábado 28 de Enero de 2017
Aún es demasiado pronto para determinar qué cosas tiene o de qué adolece este Central en relación a la versión que se veía con Eduardo Coudet. Al equipo le hace falta más rodaje, eso está más que claro, pero sobre todo internalizar aún más la idea de Paolo Montero. No obstante, ayer ante Universidad Católica de Chile se apreciaron algunas particularidades. El orden defensivo que pretende el nuevo entrenador fue uno de ellos. Ya no parece haber un equipo que presione en todo momento, sino que en más de una ocasión el armado defensivo tuvo cierta preponderancia. Lo dejó en claro el propio entrenador uruguayo con las señas permanentes que hizo durante todo el partido.
Cuando el equipo chileno tenía la pelota no había corridas alocadas de parte de los delanteros canallas para con los defensores rivales. Mucho menos de parte de los mediocampistas. Más bien todo lo contrario. Había dos líneas de cuatro bien paradas, de mitad de cancha hacia atrás, con los dos puntas atentos a la salida del rival, pero sin enloquecer.
Tampoco Central fue un equipo que esperó todo el tiempo. Porque en la medida que pudo intentó meterle ritmo al juego y cuando se presentaba la oportunidad había una cierta asfixia sobre el rival en la salida, pero casi siempre cuando el equipo veía que podía salir en bloque en busca de la recuperación del balón, con las líneas lo más juntas posibles.
De todas formas debe consignarse que jugadores que anoche no estuvieron en la cancha aportarán no sólo en la generación del juego, sino también en la intensidad que hoy, lógicamente, al equipo le falta. Es que Damián Musto, Eduardo Montoya (si es que sigue en Central hasta junio) y marco Ruben son fundamentales en el esquema y sus ausencias se notan demasiado.
Por lo pronto, hay un tiempo que al equipo le queda por delante para mejorar el ablande después de los dos amistosos (1-2 ante Patronato y 1-1 con Talleres, derrota por penales) y potenciar el ritmo que le permitirá jugar tal cual Montero quiere.
Veredicto de hinchas para Gissi
Dylan Gissi no la pasó bien. El defensor, apuntado por los hinchas canallas, entró a los 52' por Renzo Alfani (salió tomándose el aductor izquierdo) y lo recibieron con un coro de silbidos apenas entró. Y así fue en casi todas las pelotas que tocó el ex Olimpo. Pese a que Montero le molesta que todos se la agarren con los centrales (lo dijo por la prensa, claro), los hinchas dieron su veredicto por aquella jugada en el clásico (cabezazo hacia atrás que generó el córner que terminó en gol de Newell's), pero sobre todo por las jugadas en las que el defensor falló en la final de la Copa Argentina ante River. Igual, Montero lo defendió: "Mostró personalidad y ganas de quedarse a pelearla".