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Miguel Albarracín: "Hay un vacío para el atleta luego del retiro"

El ex olímpico y entrenador se fue a trabajar al Ayuntamiento de Valladolid. Se cansó de sobrevivir y del atraso de hasta 9 meses en el cobro de la beca nacional.

Miércoles 14 de Agosto de 2019

Miguel Albarracín se cansó de subsistir. No le alcanzaba para mantener a la familia con la beca nacional que cobraba como entrenador del seleccionado argentino de judo de cadetes, que encima llegó a percibir con un retraso de nueve meses, y el sueldo de entrenador personal en un gimnasio privado. "Hay un vacío para el atleta luego del retiro", manifestó el ex judoca olímpico. La realidad del deporte argentino no le dio "el lugar que pretendía" y lo empujó al exilio. Después de recibir ofertas de trabajo de Alemania, Brasil y España, eligió la propuesta del Ayuntamiento de Valladolid, ciudad donde ya se radicó desde el fin de semana.

"Hay un vacío para el atleta luego del retiro. En mi caso no tuve el lugar que pretendía", manifestó este rosarino de 38 años que tiene una estrella en el Paseo de los Olímpicos en avenida Pellegrini, por su participación en los Juegos de Atenas 2004 y Beijing 2008.

"La evidencia que en el exterior me reconocen más que acá fue que apenas decidí dejar la selección nacional de cadetes en marzo, tenía propuestas de trabajo de Belo Horizonte (Brasil), Colonia (Alemania), La Coruña y Valladolid", señaló.

"Si ponés a disposición de una entidad tu trabajo y conocimiento, eso tiene que ser reconocido como debe ser. Cuando llamaba a la Agencia de Deporte Nacional, prácticamente no tenía posibilidades de reclamar nada. Llegaron a deberme 9 meses de la beca. No podía organizar nada de mi vida. Y eso que lo único para lo que contaba con ese dinero era para cubrirme algunos gastos, como ser los viajes a entrenamientos nacionales", dijo Albarracín, ganador de varias medallas en los campeonatos panamericanos de judo, entre ellas la de oro en Caguas (Puerto Rico) 2005.

"La realidad económica del país tampoco ayudaba para que continuara con ese ingreso, y menos que me debieran tal cantidad de meses. Así fue que opté por no continuar con la selección nacional de cadetes", agregó. De esa manera interrumpió el trabajo que hacía en forma conjunta con otros ex olímpicos, el rosarino Sebastián Alquatti y Diego Rosati, captando chicos en los nacionales y preparándolos para introducirlos de a poco con los junior y senior.

Albarracín contó que apenas se enteró, el presidente de la Confederación Argentina de Judo, Oscar Cassinerio, se puso en contacto con él. "Fue una charla amena y lo entendió. Me dijo que no podían darme más. Y está bien que así sea. No hubiese sido bueno que yo fuese favorecido y mis compañeros no", planteó el rosarino, medallista de oro en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007 y de bronce en los de Santo Domingo 2003.

Entre las propuestas que tuvo, eligió la que le envió un ex judoca español, Eduardo Carballeira, amigo y ex competidor suyo. Es para trabajar en el Ayuntamiento de Valladolid. "Además del sueldo me dan casa, auto y un trabajo para mi mujer. Tengo que coordinar a los profesores de cinco colegios en los que se da judo a chicos de 7 a 11 años", dijo.

"Aparte, debo captar a los chicos que tienen condiciones y darles clase en un centro de mediano rendimiento", explicó Albarracín, quien también seguirá dando clases personalizadas.

"Es un año de contrato, con la posibilidad de otro año si les convence mi trabajo. Y si es así, podré obtener la residencia. Esa es mi idea", sostuvo Albarracín, quien se fue con su actual esposa y su hija. En Rosario se queda otra de sus hijas, con la madre, el único motivo por el cual pensó bien qué hacer antes de dar el sí a la oferta de Valladolid.

Pero más allá de eso, ante la pregunta de si vaciló en algún momento con irse del país, manifestó: "No dudé nunca. Acá no tengo facilidades. Esto es infinitamente superior a lo que hacía acá".

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