Domingo 22 de Agosto de 2021
Si no hubiese existido todo el dislate previo al partido en torno al árbitro, con el desarrollo del encuentro nadie se hubiese enterado del nombre de quien dirigió. El juez principal y sus asistentes cumplieron en el clásico rosarino con un desempeño correcto y apegado al reglamento. Entonces quienes arrojaron a Andrés Merlos al mar de las sospechas, no hicieron más que protagonizar otro capítulo vergonzoso del fútbol argentino, en el que la búsqueda de la ventaja no repara en daños morales, ya que cada vez se procede con menos escrúpulos y sentido común.
Merlos sancionó lo que debió hacer y aplicó la ley de ventaja cuando correspondió. Es lógico que en un partido de estas características las pasiones distorsionen las visiones de los sectores en pugna, pero si se pone la actuación del juez bajo la lupa de la máxima certeza, tal vez el único cuestionamiento gire en torno a las amonestaciones de Lema y Pablo Pérez. Demasiado poco como para no poner en valor a quienes impartieron justicia.
Desde Newell's le reclamaron a Merlos la existencia de un penal a Ignacio Scocco, pero la posición del árbitro y la revisión de la imagen le dan la razón al criterio adoptado.
¿Pero qué hubiese ocurrido si Merlos cometía un error de magnitud después de que lo condenaron los propios y extraños? Porque la defensa inapelable el árbitro la hizo con su propia actuación. Cuando ya prácticamente estaba condenado por exceso y defecto.
Lo más preocupante fue que su propio jefe, Federico Beligoy, expuso la situación cuando anunció que el nombre de Merlos había sido consensuado por los vicepresidentes de ambos clubes con el titular de la AFA, convalidando una forma de elegir improcedente como así desligándose de toda responsabilidad. Y como si esto fuera poco, cuando algunos directivos quisieron justificar el acuerdo, no hicieron más que incrementar el escándalo. Fundamentalmente desde la gestión canalla, la que en Brasil fundamentó ante los referentes del plantel desde las necesidades institucionales del otro club.
Esto, y los antecedentes de las divergencias que tuvo Merlos con Emiliano Vecchio en un partido de febrero ante Argentinos, impulsaron las declaraciones de disconformidad del volante en nombre del plantel, las que luego fueron refrendadas por Marco Ruben.
Pero cuando el clásico concluyó, Vecchio fue consultado por el arbitraje de Merlos y eligió el camino del arrepentimiento y de la retractación: "Merlos fue justo y se lo dije. Los seres humanos decimos cosas y nos podemos equivocar. Está todo bien con él".
Seguramente Beligoy ahora se arrogará el mérito de haber permitido consensuar el nombre de Merlos. Tapia tratará de que su paradójico tribunal de ética advierta o sancione a Vecchio por opinar de un árbitro, al que el propio presidente de la AFA dejó expuesto al participar de un consenso improcedente. Los directivos de los clubes tratarán de minimizar el episodio para no seguir pagando costos políticos. Y así seguirán jugando al perverso juego de fomentar con sus vicios las suspicacias y sospechas, las que en esta ocasión tuvieron a Merlos como víctima. Pero mañana será otro. Y después otro.