Ovación

Masculinidad en juego

Juan Branz, ex volante central de Cambaceres, doctor en Comunicación Social e investigador del Conicet, explica desde el rugby cómo se construyen los machos del deporte.

Sábado 26 de Enero de 2019

Juan Branz comenzó a patear la pelota a los 5 años y no dejó de hacerlo hasta que a los 20 se lesionó Un año después, finalmente, colgó los botines. Llegó a jugar de volante central en primera B, para Cambaceres de Ensenada, y en todo ese tiempo se moldeó como futbolista y varón con las frases de siempre: "Esto es para hombres", "acá no se llora", "levantate que no duele". Frases que tiempo después analizó y desarmó junto a otras verdades absolutas. Durante ocho años de investigación, en tres clubes de rugby platenses (Universitario, La Plata Rugby Club y Albatros Rugby Club) y con jugadores de entre 18 y 40 años, investigó un espacio masculino y masculinizante; indagó cómo se moldean ciertas formas de ser "macho" y cómo eso se liga a clases dominantes. Todo fue parte de su tesis doctoral ahora convertida en un libro que se puede comprar on line : "Machos de verdad. Masculinidades, deporte y clase en Argentina" (editorial Malisia).

Branz reconoce que investigar lo ayudó a entender y entenderse, pasos para él imprescindibles para cambiar mandatos y sociedades desiguales, poco plurales, poco democráticas e injustas en términos de clase y de género. El asesinato de una mujer cada 30 horas es sólo una prueba de ello.

"No podría decir que soy feminista, sí que intento pensar y actuar en consecuencia desde la masculinidad divergente", aclara.

Decir que el fútbol es machista no es decir nada nuevo. Entonces Branz agrega que hoy el fútbol es una de las pocas instituciones de la Modernidad que sostienen el imaginario del ascenso social. "Ante la ausencia de trabajo genuino, no precario y digno", dice. Pero tampoco se queda allí. Asegura que como ya había mucho investigado en relación a las clases medias y populares, le interesó más preguntarse a qué juegan las clases dominantes. Y desde donde vive hizo un recorte analítico y se respondió: "Al rugby".

"Las canchas de polo están fuera de La Plata y desde los 90 para acá al golf no lo juegan exclusivamente las clases dominantes, pero al rugby sí. Es un espacio de encuentro de varones favorecidos por la distribución del capital económico, cultural y social. Muchos dicen que no, que es un deporte que juegan todos, pero a lo largo del libro analizo que eso es un mito".

El investigador echó mano a datos cuantitativos y cualitativos y marcó similitudes de los rugbiers en sus trayectorias educativas, sus estructuras familiares, vínculos amorosos y círculos de sociabilidad. Relaciones endogámicas, del rugby, del club, donde los varones arman reales cofradías y las mujeres, en general, ocupan lugares definidos por el patriarcado: pasivos como el de meras espectadoras de partidos, aunque ahora muchas se animen a jugar con la ovalada.

"Sí, pero el número no garantiza el cambio _subraya Branz, la incorporación de mujeres a un espacio estrictamente masculino no garantiza necesariamente una transformación y, además, esa lógica dominante se recrea y reinventa todo el tiempo".

Al momento de arrojar algunos datos cuantitativos, Branz aseguró que entre el 85 y el 89 por ciento de la población investigada pasó por los colegios primarios y secundarios más prestigiosos de La Plata y cursaron carreras liberales: medicina, abogacía o ciencias económicas, en su mayoría.

"Reproducen ciertas tradiciones y comparten una masculinidad que se exhibe y relata, basada en la virilidad, vigorosidad, fuerza, potencia intelectual, cultural, económica y moral. Donde hay sólo varones que comparten durante mucho tiempo deporte, política, actividad sindical o laboral, el ejercicio de la masculinidad supone someter y dominar simbólicamente a un otro y si no hay mujeres se intenta con el más débil. En el caso de este trabajo desde el rugby son los más jóvenes los sometidos o subalternizados por los más experimentados desde el humor, el lenguaje y hasta los juegos homoeróticos y si eso no alcanza, se puede llegar hasta la violencia física. Y los veteranos son los que les dan cuerpo y voz a los mitos y tradiciones, son los que garantizan el sistema dominante de masculinidad y clase social".

En este tipo de masculinidad, para Branz, no hay lugar para la sensibilidad ni la educación sentimental, que no sea desde la resistencia a los golpes. "La violencia de género que sufren las mujeres no es menor, pero en el trabajo se ve que los varones también sufren por sostener esos mandatos de masculinidad. Exhibirse llorando por la ruptura de una pareja , por ejemplo, cuesta mucho ante el grupo de pertenencia".

Otro aspecto que caracteriza la investigación es la constante metáfora animalizada que sostienen los jugadores, la conjunción de lo salvaje _felinos, toros o bulldogs_ dentro de la cancha, con lo más civilizado fuera de ella. Branz indagó sobre la raíz de ese binomio, que está ligado íntimamente a cuestiones de género, historia, política y prácticas deportivas .

"El rugby responde a tradiciones y valores británicos y franceses relacionados con la camaradería y caballerosidad; argentinos y criollos son aprendices de esas pautas culturales a fines del siglo XIX cuando una patria se estaba inventando: la patria blanca, urbana y occidental de ciudadanos deseables que se narra en masculino y se contrapone al gaucho, al inmigrante o al negro, al otro. Una matriz del proyecto de la Generación del 80, hombres administradores del poder en esferas estatales y privadas, los que deciden y toman decisiones, los que ejercen dominación simbólica; son los hombres que narran el mundo vivible, quienes desean que las clases trabajadoras deseen lo que ellos quieren, de acuerdo a sus intereses. Parece un trabalenguas pero no lo es".

Hasta acá queda claro que los machos están en el deporte y en muchos espacios más desde hace tiempo. "¿Y en la academia y en las áreas de investigación, que pasa?", le preguntó Ovación a Branz. Como parte del ese palo, el investigador contestó: "Debería ser un lugar reflexivo y crítico de las desigualdades, pero también se reproducen las lógicas dominantes masculinas y masculinizantes. De todos, modos hay ciertos movimientos reflexivos de los varones y, trabajos como éste justamente intentan hacer su aporte".

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