Miércoles 09 de Julio de 2014
Javier Mascherano, símbolo del equipo argentino, pasó por todo: de salir del partido desmayado por un golpe, taparle el gol al hábil delantero Arijen Robben sobre el final de los 90 minutos y llorar inundado de alegría junto al DT Alejandro Sabella y todos los compañeros tras haber pasado a la final después de 24 años.
El mediocampista de Barcelona de España, compañero de Lionel Messi, corrió, marcó y las peleó a todas con alma y vida, fiel a su estilo de gladiador incansable como lo hizo a lo largo de la Copa del Mundo, convencido del objetivo que se trazó el plantel cuando tocó el suelo brasileño.
Sin embargo, quien fuera el gran capitán durante años en la selección preocupó a propios y extraños al descompensarse en medio del campo de juego tras chocar las cabezas en una pelota dividida con Wijnaldum cuando corría el minuto 26 del primer tiempo.
Mientras Mascherano recibía la atención médica por el cuerpo médico argentino, el DT Alejandro Sabella y todo el banco de suplentes miraban atónitos tratando de encontrar explicaciones y ensayar un posible reemplazo de un jugador fundamental para el esquema albiceleste.
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Pero afortunadamente, el Jefecito volvió al campo de juego y siguió jugando con el aplomo que lo caracteriza, cubriendo todos los espacios ante los atizbos de un equipo holandés que jugó con un planteo muy conservador a lo largo del partido.
Lo más destacado de actuación de Masche no había terminado. Cuando faltaban escasos minutos para el final del partido, cerró por el centro de la defensa argentina y le tapó un zurdazo rasante a Robben, quien había soslayado la zaga y ya tenía rendido a Romero sobre el primer palo. Un jugador de toda la cancha.
El final fue aún más conmovedor y emotivo. Tras vencer a Holanda en los penales y lograr el pase a la final después de 24 años (no se accedía desde Italia '90) las imágenes de la transmisión mostraban a Mascherano emocionado hasta las lagrimas, abrazado a Sabella. Un final de película.