Ovación

Maradona le imprimió a sus jugadores la pasión para defender la camiseta argentina

Cuando me pongo la camiseta de la selección, el solo roce de la tela ya me eriza la piel". Diego lo dijo alguna vez. Y lo llevó a la práctica siempre. Ese era el desafío del futbolista más grande de todos los tiempos ahora devenido en entrenador de la selección que él mismo instaló en la cima del mundo en México 86.

Domingo 29 de Marzo de 2009

Cuando me pongo la camiseta de la selección, el solo roce de la tela ya me eriza la piel". Diego lo dijo alguna vez. Y lo llevó a la práctica siempre. Ese era el desafío del futbolista más grande de todos los tiempos ahora devenido en entrenador de la selección que él mismo instaló en la cima del mundo en México 86. Esa es la pulseada. Sentido de pertenencia. Amor incondicional a la camiseta. Dedicación irrenunciable. Eso necesitaba la selección. Eso requiere, como condición impostergable la camiseta celeste y blanca. Lo demás llega solo. Por decantación. Y es obvio que materia prima sobra.

  Quedó claramente expuesto cuando el equipo entró a calentar ayer a la cancha antes del partido con Venezuela y casi nadie lo percibió porque todos estaban esperando que apareciera la cabellera inconfundible del DT.

  Su ingreso fue apoteótico. La ovación que lo cubrió desconoce antecedentes a nivel mundial para alguien que tan sólo tiene que sentarse en el banco de suplentes. Es que Diego es, fue y será la síntesis perfecta: la jerarquía inconmensurable del mejor jugador de todos los tiempos y su incondicionalidad con la camiseta. Los más jóvenes, los que no lo vieron jugar, tener en cuenta que disputó todo el Mundial 90 con un pomelo en lugar de un tobillo en la pierna izquierda. Y llevó a Argentina a la final.

  ¿Cuántas veces Argentina fue campeón moral? ¿Cuántas rachas vendidas desde los medios como históricas terminaron en anécdota triste? ¿Por qué Simeone es uno de los emblemas de todos los tiempos habiendo sido un jugador tan rústico? ¿Por qué Rattín fue recibido como un héroe nacional después de sentarse en la alfombra de la Reina haciendo trizas los protocolos tras su expulsión contra Inglaterra en los cuartos de final del Mundial 66? ¿Por qué uno de los momentos que más se recuerda de Diego es el insulto al público napolitano cuando silbó el himno nacional?

  Simplemente porque ellos dejaron todo y un poco más cada vez que se pusieron la camiseta nacional. Maradona ya le dio el mensaje al plantel dándole la capitanía a Mascherano. La gente también dio su veredicto: el capitán y Tevez fueron los más aplaudidos cuando se nombró el equipo bastante por encima de Lionel Messi y el Kun Agüero.

  Otro mensaje: ni una bandera en favor de Riquelme, talentoso por naturaleza, abúlico hasta el hartazgo desde lo futbolístico. Ese es el precepto número uno, el sentido de pertenencia, la entrega por la camiseta, una de las más pesadas del mundo. Después viene lo que obsequia la naturaleza. El trabajo más arduo le tocará al entrenador ahora en el rubro futbolístico.

  Ayer, la gente premió lo otro, la identidad, su identificación con una selección a la que la apatía le había ganado por goleada.

  Hasta ahí, hasta ahora, el objetivo de Diego está cumplido. Lo demás viene, o debería venir por decantación. El gran objetivo era transfundirle sed de gloria a un equipo de nivel internacional. Lo demás, como se vio ayer en la cancha, caerá de maduro con el paso del tiempo. Al menos así debería ser. l

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