Rusia 2018

Los uruguayos coparon Rosario

Hinchas charrúas colmaron un bar céntrico para apoyar a la celeste en el debut ante Egipto. En el final llegó el desahogo

Sábado 16 de Junio de 2018

"Hay algo que sigue vivo, nos renueva la ilusión. Y en el último suspiro, ¡ay celeste, regaláme un sol!", entona la banda uruguaya No Te Va Gustar en una de las canciones más emblemáticas de su repertorio. Y es perfectamente aplicable a lo que se vivió ayer por la mañana en el bar Medialunas Calentitas, donde decenas de fanáticos se congregaron para alentar a su selección en el debut mundialista ante Egipto.

El tradicional comercio de Punta del Este, ahora con sede en Rosario, fue el epicentro del encuentro organizado por el consulado uruguayo. Medialunas de manteca, con jamón y queso, dulces y saladas, empezaron a aparecer a las 8.30 para darle una tentadora bienvenida a los primeros -y ansiosos- charrúas que querían tener un lugar privilegiado cerca de los televisores.

Con el partido en marcha, el menú cambió. En lugar de engullir medialunas empezaron a comerse las uñas. Uruguay no encontraba los caminos y el nerviosismo se apoderaba de las mesas. Pero claro, la alegría uruguaya siempre estuvo presente. Incluso, no faltó la vuvuzela característica de Sudáfrica 2010, que estuvo a cargo de Miguel, un simpático charrúa que le puso calor a la gélida mañana rosarina.

El primer tiempo dijo basta. "No está fino Suárez", "ellos están todos atrás", "¿qué partido chivo?", fueron las frases que los vecinos orientales reiteraron una y otra vez en el descanso.

La ilusión se renovó con el arranque del complemento. Al ver que el equipo del Maestro Tabárez tomó las riendas del partido, las caras cambiaron de semblante. Apareció el infaltable "¡vamo' arriba la celeste!" y los cantitos se adueñaron del lugar.

A pesar del bullicio general y el empuje, Uruguay no podía derrumbar la defensiva pirámide egipcia. Sin embargo, algunos estaban inmutables. Como si supieran que algo iba a pasar sobre el final. Y así fue. Último minuto: tiro libre desde la derecha, centro a la olla de Sánchez y gol de Josema Giménez para provocar el delirio de los uruguayos que estaban en Rusia y también los de acá. El grito del gol charrúa emocionó y contagió hasta a los trabajadores del bar y a los pocos argentinos que había desperdigados por el lugar.

Si no se sufre, no vale. Y sufrir a veces hace sentirse más vivo. La garra charrúa no es un mito, es una certeza.


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