Los Rossetto, una familia de karate y oro
Daniel y su hijo Tomás representaron a la Unión Argentina de Karate en el Open de Brasil, donde ganaron cinco oros, una plata y dos bronces. "Ganamos en Brasil con todos en contra", les dijeron a Ovación

Martes 26 de Septiembre de 2023

Año 1984. Se estrena Karate Kid en las carteleras de todo el mundo. Una icónica película que marcó a una época y estimuló a una generación entera de jóvenes que querían imitar los entrenamientos de Daniel-San y su entrañable sensei Miyagi. Más acá en el tiempo, la ecuación se puede repetir con Cobra Kai. Pero hay familias que tienen al karate arraigado en la sangre desde antes de cualquier película o estímulo externo. Una de ellas son los Rossetto.

Daniel y su hijo Tomás portan un apellido que desde hace tiempo representa a la escena del karate rosarino, extendiéndolo también a nivel nacional e internacional. A eso hay que sumarle a Matías, otro de sus hijos, y a los nietos, que ya están dando las primeras revolcadas en el tatami.

No es fácil crecer en el karate, como en todo deporte amateur. Es necesario un sustento económico para estabilizar la carrera deportiva y, recién ahí, con una tranquilidad en la espalda, atreverse a soñar. Más allá de que los Rossetto son buenos en lo que hacen, si no tuvieran un sostén atrás, sería difícil que trascendieran, como tantos que quedan en el camino. Y eso se lo tienen que agradecer al apoyo del sindicato de Obras Sanitarias (son empleados de Aguas Santafesinas), con el secretario general Silvio Barrionuevo a la cabeza, que les costean las participaciones en los torneos.

Y demuestran siempre estar a la altura. Recientemente, disputaron el Open Internacional y Panamericano de Cacapava en Brasil, donde hubo más de 950 competidores de todo el mundo. Representando a la Unión Argentina de Karate, Daniel Rossetto ganó 3 oros y un bronce en la categoría Senior y Master, mientras que su hijo Tomás se quedó con 2 oros, una plata y un bronce en kata y combate por equipos. Gino Cacciabue y Thomas Iraci, dos juveniles del club Libertad, ganaron plata y bronce. Ambos son alumnos de los Rossetto (sí, también son entrenadores) en el club del noroeste rosarino, donde Daniel está desde hace 42 años. Viajes por el mundo, cientos de torneos, con la bandera argentina a cuestas, emociones para todos los gustos y anécdotas que quedarán para siempre. Los Rossetto, los protagonistas. Aquí comienza el viaje.

¿El apego con el karate se transmitió de padre a hijos o fueron decisiones individuales?

Tanto Tomás como Matías se fueron abocando solos. Vos como papá querés que sigan tus pasos, pero no podés obligarlos. Ellos van creciendo y van viendo su evolución en esta carrera, y si realmente les gusta. También tenemos que entender que los chicos son muy cambiantes. Pero se fueron volcando al karate cada vez más, hasta que llegaron a una edad en la que se lo tomaron en serio. Yo arranqué a los 9 años y a la vez hacía natación. Primero en Totoras, que es donde nací y de donde venía toda mi familia, y después en Newell’s. Hacía karate medio a las escondidas porque mis padres no querían saber nada con que practicara una disciplina de contacto y siendo tan chico. Empecé a soltarme, a competir, pero nunca ganaba nada. Mi entrenador me decía “no podés hacer más karate, te falta entrenamiento”. (Daniel)

¿En ese momento te dieron ganas de largar todo?

Exactamente. Pero cuando cumplí 16 años y ya estaba más grande, me empieza a ir muy bien compitiendo a nivel nacional, me llevan al Cenard, me va bien en el torneo Argentino, a los 17 gané la copa Atlántica y a los 18 me llevan al seleccionado juvenil. Se puede decir que ahí arranca mi carrera en serio. Y el mes que viene cumplo 42 años acá en el club Libertad como socio, atleta y profe. Es un club de barrio que me ha brindado muchas cosas. (Daniel)

Ustedes tienen un importante apoyo del sindicato de Obras Sanitarias para costear la participación en los torneos, algo fundamental en el deporte amateur, en donde los gastos siempre corren a través de los atletas.

Quiero agradecer de verdad al sindicato de Obras Sanitarias, al secretario general Silvio Barrionuevo, que siempre me patrocinaron y cubrieron los viajes al exterior para poder competir. Los resultados nos están acompañando tanto a Tomás como a mí. (Daniel)

Hablando de resultados, vienen de hacer un gran torneo en Brasil, ganando varias medallas. ¿Cómo fue la experiencia?

Durísima. Nos costó mucho llegar a la final porque tenés a todos en contra, la gente en la tribuna, los árbitros, todo. Y más siendo argentino, con la rivalidad que tenemos con ellos. Aplica para cualquier disciplina. Igual ese favoritismo local lo he visto en varios países en los que estuve. Hay mucho sacrificio de por medio, es muy dura la práctica, hacer doble o triple turno, no existen feriados ni domingos, es la vida misma de un atleta de alto rendimiento. He pasado momentos lindos, como ser campeón mundial en Estados Unidos, subcampeón en Japón, con dorada y plata en Malasia, y también me he amargado cuando no llegaba al objetivo. El camino no es fácil, le tengo que agradecer a mi mujer por bancarme siempre, por estar en los cumpleaños de mis hijos cuando yo no estaba por algún viaje. Es de fierro, una gran madre y esposa, una mujer intachable. Estoy orgulloso de mi familia. A su vez tengo nietos, los hijos de Matías, que practican karate, Berenice, nieta por parte de mi hija que también compite. La historia de los Rossetto es de crecimiento, entre otras cosas, a través del karate. Como si fuera poco, además de competir son entrenadores. (Daniel)

Somos entrenadores, profesores o sensei, que es como se dice en karate. Mi papá es Kyoshi por el alto grado que tiene, que es el 8º dan de cinturón negro. Yo soy 4º dan y sensei. Ahora estamos en la clase de niños de 5 a 9 años, después le siguen los alumnos de 10 a 14 años, en el medio entrenamos y terminamos con la clase de juveniles, adolescentes y adultos. También estamos a cargo de la seccional Santa Fe de la Unión Argentina de Karate, él como entrenador de Kumité (combate) y yo, junto a otro compañero, de la parte física del grupo de karate de Santa Fe. Así que estamos de lunes a lunes con el karate. Físicamente tenemos algo de descanso, pero mentalmente no. Se vive con esto. (Tomás)

Las artes marciales nacen como una forma de conocer nuestra propia energía y de aprender a manifestarla hacia el exterior. ¿Saber manejar esa energía es lo más difícil para alguien que recién empieza?

Es hermoso dar clases. Está la parte pedagógica, la enseñanza que uno puede dar, pero va más allá eso. Con el karate se despiertan otras cosas. Mirá, el sensei Néstor Parreño, que es el presidente de la Unión Argentina de Karate y vice de la Confederación Panamericana, trabajó mucho para que las personas con discapacidad puedan practicar karate y ese es un objetivo que se ha logrado en Argentina, porque antes a esos chicos les decían que no podían hacerlo. El karate tiene algo especial que es la disciplina. El alumno sale con muy buena educación y perspectiva a futuro por la enseñanza que te dejan las artes marciales. (Daniel)

Hay muchos chicos que lamentablemente caen en los vicios de la calle aunque el deporte siempre está ahí como una puerta de escape. Ustedes como entrenadores deben vivirlo en primera persona.

Practicar un deporte es positivo y más en la situación actual. Ccuando viajo, por decirte Europa o Asia, veo una realidad distinta a la de Sudamérica. Tiene que ver con una cuestión educativa. Pero esto debe tener una mejoría. Estamos obligados como entrenadores, del deporte que sea, a enseñar valores, educación. Hacer deporte es sano. Y las familias quieren que sus hijos se formen, que sean buenos profesionales el día de mañana, como deportistas, médicos, abogados o carpinteros. (Daniel)

Compiten en lo que les gusta, viven experiencias y viajes juntos, ¿qué más queda por realizar?

¿Qué nos queda? De todo (risas). Primero seguir viajando. Hace unos años comenzó la etapa deportiva para mí a nivel internacional, porque antes competía sólo a nivel nacional. Un sueño que tengo es conocer Japón, la nación madre del karate. Después recorrer otras partes del mundo haciendo lo que más nos apasiona. Ojalá no quede en un sueño y se pueda cumplir. (Tomás)

A mí me queda mucho por aprender. Soy muy creyente y le agradezco a Dios por todo lo que conseguí. Le pido siempre que nunca nos pase nada en los torneos, que no tengamos lesiones, que mis nietos estén bien, al igual que mis alumnos. El objetivo es tener sanidad, que sigamos entrenando, aprendiendo, viajando. Y ojalá, algún día, el karate sea un deporte profesional. Que no haga falta tener que recaudar a través de rifas, o vender cosas para pagarte un pasaje. Agradezco que me va bien en la alta competencia y que tengo el apoyo del sindicato, pero hay otros que no lo tienen. Tengo dos alumnos juveniles de 15 años que viajaron al Open de Brasil, Gino Cacciabue y Thomas Iraci, que se trajeron medallas pero tuvieron que pedir plata de todos lados para ir. Eso me duele. Sería muy lindo que alguna vez los patrocine el Estado, su propio país. Cada vez que viajás y ves tu bandera, escuchás el himno, te aseguro que llorás. Es muy fuerte. Lo hacemos con amor, sacrificio, por la bandera. Tenemos un país hermoso, pero en el deporte amateur no hay un peso. Y tenemos atletas brillantes. Te repito, le agradezco al sindicato de Obras Sanitarias con Silvio Barrionuevo a la cabeza, a Aguas Santafesinas, pero sobre todo al sindicato porque nos dieron la posibilidad y la tranquilidad de poder viajar. Y por supuesto al club Libertad, que es en donde nací, entreno y tengo la escuela. (Daniel)

¿Qué torneos tienen por delante?

Lo próximo es el 14 de octubre, el torneo de nuestra escuela en Libertad y luego algún amistoso, con profes de otras zonas. Después a descansar y enfocarse en 2024. (Tomás)