Los canallas vivieron un verdadero infierno en Avellaneda
Central se comió un 5 a 0 ante el Rojo y brindó una espantosa imagen justo cuando debía sacar chapa.

Domingo 02 de Febrero de 2020

Central no alimentó el sueño que algunos podrían considerar una quimera de pelear bien arriba y ni hablar después de este resultado, en las mismísimas entrañas del infierno de Avellaneda. Hizo todo lo contrario a lo que necesitaba, a lo que podía esperarse. El equipo canalla fue un espanto. A eso hay que agregarle que Independiente estuvo hecho un demonio como nunca antes. El diablo no tuvo corazón e hizo leña de un equipo auriazul que no tuvo control. También hay que sumarle que no dudó en noquearlo cuando lo vio flaquear. Por eso se quedó con una goleada histórica por 5 a 0 ante su gente y frenó en seco el paso arrollador que traía el conjunto canalla. Los de Arroyito hicieron lo que los verdaderos aspirantes a la corona no deben: sucumbieron en los metros finales de esta Superliga a la que ahora le restan 5 partidos, mientras siguen sin poder despegarse del todo de la zona caliente de los promedios.

El canalla esta vez no fue funcional y falló en todos los frentes. En Avellaneda no fue pragmático. Tampoco ese equipo capitalista serial como se venía mostrando y que no paraba de sumar puntos en las últimas 6 jornadas (5 triunfos y un empate) para su caja sin importarle el qué dirán, el cómo, para enriquecer más los números. La hasta ayer triunfal escuadra auriazul se dobló mal. Se quebró en una competencia que muestra la bandera a cuadros cinco curvas más adelante.

Independiente le aplicó un tremendo correctivo al entrenador Diego Cocca y compañía. Expuso las miserias que envuelven al elenco rosarino. Tantos misterios en la semana con prácticas a puertas cerradas y silencio de misa a la hora de oficializar la puesta en escena desnudaron todas las flaquezas auriazules en una misma cita.

Se observaron funcionamientos individuales que distan demasiado de lo ideal en un momento crucial del torneo. Los casos más salientes esta vez fueron los de Jeremías Ledesma, Fabián Rinaudo y Marco Ruben, quien como frente a Huracán deambuló como un llanero solitario por el área del diablo y lo hizo sin peso, con muchas intermitencias. Y Central no puede darse el lujo de dejar tan solo al goleador, más allá de que en estas dos primeras fechas desde su retorno de Brasil fue una sombra.

Se esperaba otra cosa en Avellaneda, sobre todo desde el momento en el que se sacó de encima a Huracán sin merecerlo, cuando muchos pensaron que era la suerte del campeón, el fruto del trabajo diario. No fue así, el factor real fue el de los que miran la realidad y la llaman suerte. Es que el diablo lo atendió en su encantador domicilio y lo despachó sin ponerse colorado, vaya paradoja.

A esto hay que sumarle que Central revivió a un equipo que venía sin alma, que hacía cinco fechas no ganaba y que tenía la cola entre las patas mientras penaba en el torneo doméstico y miraba de reojo al clásico de la próxima semana. Era impensado en la previa que todo este cóctel podría ser servido en Avellaneda. El canalla lo hizo posible. Gran parte por mérito propio, pese a que el rival mostró argumentos sólidos y constantes como para quedarse con los tres puntos desde el arranque. Lo que no pensaron los hinchas del rojo era darle una paliza así a uno de los protagonistas de la Superliga, que además les había mojado la oreja a River y a Boca.

Lo de ayer merece una fuerte reflexión. También una intensa autocrítica. Puertas hacia adentro sobre todo. Pedir disculpas al hincha tampoco vendría mal. Sobre todo por la tristísima y paupérrima estrategia que implementó Diego Cocca en este estadio, en el que el rojo no venía acostumbrado a ganar. Menos a golear así. Porque esta derrota por 5 a 0, de no haber sido por el gran presente que ostentaba el elenco de Arroyito, podría haberle costado el pellejo al entrenador. Aunque igual volvió a quedar en la mira de la sociedad canalla, que por naturaleza tiene otro paladar futbolístico.

Lo de Central puede catalogarse como un gran papelón colectivo. Con una puesta en escena que siempre fue un banco de pruebas. Pisó en falso en un reducto que lo invitaba a tener otro final. Sobre todo por los antecedentes que tenían cada uno de los conjuntos. No obstante, ardió en el infierno en un pasaje de la Superliga que no lo perdonará. Porque a falta de tan pocas fechas para el final este mazazo seguramente será recordado por siempre.