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"Los amigos del campeón siguen estando", afirmó Maravilla Martínez

Maravilla remarcó con orgullo: "Sigo con los que siempre estuvieron a mi lado". Y recomendó que "los pibes tengan y sientan curiosidad, pero por las cosas buenas"

Sábado 14 de Octubre de 2017

Ya no se pasea por el cuadrilátero moviendo la cintura o las piernas sin cesar. Tampoco tirando trompadas secas. Sergio Martínez se sube ahora al ring de la vida para dar lecciones de la experiencia que fue cosechando a lo largo de su radiante carrera. El ex campeón del mundo de los medianos hizo una escala en Rafaela en su hoja de ruta artística, que en la actualidad comprende dar charlas motivacionales. También incursiona en el cine, escribe obras de teatro y hace stand-up. Es un actor con alma de deportista. Claro que Maravilla es un ícono del boxeo internacional por más que ya haya colgado los guantes. Pero también es un espejo. Una muestra pura de superación y un ejemplo de humildad. Ofreció una charla sincera, abrió el cofre de su intimidad y declaró desde el corazón cada inquietud. Demostró ser un personaje carismático y por demás de interesante, porque además deja muchos mensajes positivos.

¿Por qué decidiste incursionar en este nuevo rol luego de retirarte del boxeo?

Porque es una forma de llegar al pueblo argentino. Es una manera de agradecerle por el cariño y el afecto que me sigue brindando. Es una forma de contarle a la gente que se pueden lograr varias cosas y alcanzar los sueños.

¿Y cómo se pueden lograr los sueños?

Para hacerlo hay que tener primero sensatez y luego perseverancia. Básicamente es así. No hay mucho secreto.

A lo largo de tu carrera te destacaste, entre otras cosas, por ir siempre en contra del sistema, ¿eso te ayudó o complicó?

Por momentos me perjudicó, sí. Pero a la larga fue una ayuda enorme. A veces escucho que algunos artistas veteranos les hablan a los jóvenes y les dicen que deben ser originales. Y es verdad. Está bueno serlo. Yo fui original. Hay que serlo en todo momento. No hay que tener miedo. Hay que ser como verdaderamente uno es.

¿Y qué tipo de factura te pasó ser original?

Positiva, siempre positiva. En algunos momentos, es decir antes de lograr los objetivos que tenía, es resistido ese pensamiento o manera de actuar que uno tiene. Aunque una vez que se logran cosas, quién te va a decir algo después. En ese aspecto, hice lo que quise. Actué como consideraba que debía hacerlo. Y no es que las cosas me hayan salido bien. Las hice bien, que es distinto. Fui auténtico y eso me gusta.

¿Sos consciente de que para el grueso de los argentinos tu nombre recién se instaló a nivel popular después de la pelea que le ganaste a Julio César Chávez junior?

Sí, es probable que haya sido así. Porque después de eso, cuando me presenté en el estadio de Vélez para pelear con el inglés Martin Murray, fue algo brutal. De las experiencias más increíbles que tuve en mi vida.

¿La derrota contra Cotto te devolvió a la realidad?

No, no me devolvió a la realidad. Para nada. Y es porque vivía la realidad en ese momento. Siempre fui consciente de dónde estaba, sea ganando o perdiendo una pelea. Mantuve los pies sobre la tierra en todo momento. Eso también me mantuvo equilibrado siempre. Si no, hubiese perdido la cabeza a mitad de camino. Con Cotto me tocó perder, nada más. Simplemente fue una derrota y perdí el título, sí. Pero tampoco perdí tanto. Fueron dos, nada. O al menos para mí.

¿Se puede decir que el título más importante que ganaste fue el que obtuviste el 21 de junio de 2003 en Inglaterra?

Sí, sin dudas que lo veo así. A nivel personal es ese.

¿Lo decís porque nueve días antes estabas haciendo cola en Cáritas para recibir un plato de comida?

Lo digo por la vida, por lo que es la vida. Hay muchos factores importantísimos que marcan el interior de una persona, que lo forjan. Pero sí, en esos momentos estaba sufriendo unos grandes cambios en mi interior. Y así y todo fui a combatir. Y me traje el título a casa. Por eso para mí es el más importante de todos.

Y ahora que pasó todo, ¿cómo te llevás con todo lo que ganaste? ¿Cambiaste en algo?

Es raro porque no siento que haya cambiado tanto. Sí cambiaron las circunstancias. Pero eso no me me cambió a mí. En ese sentido, sigo igual. Soy un tipo normal.

¿Los amigos del campeón siguen estando?

Sí, los amigos del campeón siguen estando. Tanto es así que uno de ellos es mi socio. Y gracias a él también tengo la vida que tengo. Gracias además a que trabajé como trabajé, a que siempre entrené y quise lograr algo también. Gané dinero y el amigo del campeón me ayuda a cuidarlo. A veces sucede que los amigos del campeón lo llevan por el mal camino. Pero en mi caso, no. Me llevó por el buen camino. Me guió siempre. De hecho, tengo los amigos de siempre. Uno de ellos es mi primo, que me acompaña en esta gira. A veces nos reímos porque él me dice que soy su mejor amigo y en cambio yo le respondo que no, que soy su familia nomás. Pero sí, los amigos del campeón siempre estuvieron y seguirán estando.

¿Cómo ves al boxeo argentino, ya que se lo sigue mirando y catalogando como un deporte relacionado exclusivamente a lo marginal porque el grueso de sus protagonistas surgen de las periferias o los sectores más vulnerables de la sociedad?

Hay que comprender que por más que uno haya salido de un determinado sitio, eso no implica o quiere decir que vaya o deba morir en esa posición social o cultural, dependiendo cómo quieran llamarla de la cual surgió. Pero veo que hay buen futuro.

¿Cómo te catalogarías entonces?

Siempre fui un tipo curioso. Y sigo siéndolo. No es que antes de todo esto haya sido diferente. O que haya cambiado por lo que logré. Me gusta saber, por ejemplo, qué hay detrás de cada frontera de cada país. Tengo curiosidad por la vida. Y eso lo trasladé a mi interior. Por eso tuve y tengo esta vida ahora. Viajo por todo el país, por todo el mundo. Haciendo y disfrutando lo que hago.

¿Y qué les dirías a los pibes?

Que sientan y tengan curiosidad, sobre todo por las cosas buenas. Porque a las malas las conocemos todos. A estas hay que tratar de esquivarlas. En mi caso siempre lo hice y por eso me siento muy, pero muy bien ahora.

¿Eso de esquivar lo malo lo mamaste de este país o el hecho de haberte ido a España te abrió más la mente, porque el desarraigo a veces ayuda a crecer?

No, siempre fui igual en ese aspecto. Antes de irme a España fui mochilero como ocho años. En ese entonces viajé por toda la Argentina y América. Y cuando me fui a Europa seguí siendo el mismo tipo. El mismo tipo pesado por así decirlo, de querer aprender por otras culturas y cuestiones de la vida. No cambié en nada.

¿Cómo te gustaría que te reconozca la gente, como este Maravilla que brinda charlas o hace stan-up o como el campeón?

Va todo de la mano. Pero nunca me voy a desprender del boxeador, jamás. Pasa además que la gente me habla siempre de cuando vio mi pelea. Y es ahí que le respondo, pero cuál de todas porque tuve casi 60 de profesional. No una sola. Ni la de Chávez ni la que hice en Vélez después. Sé que por más que dé charlas o esté actuando en un teatro, el público me recuerda por eso. Por lo que fui como boxeador. Pero por el momento trato de que me recuerden por ser actor. Aunque el boxeo siempre estará dentro de mí.

Un reflejo de la vida

Entre los diversos temas que ofreció el ex campeón del mundo en su paso por Rafaela sobresalió la contundencia con la cual graficó lo que es el universo de los guantes, sea en su faceta negativa como positiva. "Lo que pasa es que el boxeo es un reflejo de la vida. Porque te mienten, también traicionan. Vas a tener un mánager que te va a mentir. Entrenadores que van a apurar y a presionar si un chico tiene condiciones. En su momento con la FAB la pasé mal. Porque debuté como profesional en 1998 sin tener entrenador y eso no lo sabía nadie. Ese año tuve para hacer más de 30 peleas pero sólo pude hacer cuatro por muchos motivos. Por eso, hay que estar preparado. Es una pulseada en la que no hay una institución que pueda vencer a alguien motivado. Por eso digo que lo mejor que tiene el boxeo es que se puede ganar", deslizó.

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