Los alcanzapelotas que abrazaron el cielo tras el gol de Central
Bruno Ruggeri y Joaquín Mocchetti son jugadores de la octava y fueron asistentes en el clásico. Cuando Central hizo el gol Servio corrió hacia ellos y los estrechó en un abrazo. La emoción de los pibes aún perdura

Viernes 22 de Julio de 2022

El cabezazo bombeado de Veliz se metía, el estadio pareció salirse de su sitio y todos los jugadores canallas salieron disparados. El que más lejos estaba de la acción era Gaspar Servio. El arquero de Central salió lanzado como una flecha hacia su izquierda y en su carrera quedó frente a dos alcanzapelotas con los que se fundió en un abrazo. Una de las cámaras captó el momento y el director de la televisación tras la primera repetición montó esa secuencia de un instante de un júbilo inmenso del encuentro entre el uno auriazul y uno de los pibes asistentes.

El que aparece en la imagen de la repetición es Bruno Ruggeri, defensor central de 15 años de la octava división, que vive en Pueblo Muñoz y está en el club desde hace dos años. Además de tener la vivencia registrada en TV, todavía más grabada le quedó interiormente. "Estábamos gritando el gol y Servio vino para nuestro lado. Me dio un abrazo que me dejó mudo y agradecido. Cuando terminó el partido me entraron un montón de mensajes de que en la tele había salido el abrazo", dice.

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Bruno Ruggeri, el chico que aparece abrazado con Servio tras el gol de Central

Quien tampoco olvidará nunca ese momento es Joaquín Mocchetti, que juega con Bruno en la misma división, y que fue también destinatario de la cariñosa expresión del uno canalla. "Cuando vi que la pelota entraba me agarró una emoción increíble. Encima era un clásico. Lo grité con toda la fuerza de mi voz y vi que Servio venía para mi lado y nos abrazamos. Casi me largo a llorar", dice Joaquín Mocchetti. "Para colmo yo también soy arquero".

Este viernes Joaquín no estuvo en la ciudad deportiva de Rosario Central porque tuvo el día libre. Estaba en Casilda, donde nació y vive, en compañía de su familia y sus tres hermanos. El chico habla de una manera animada, con cierta ingenuidad y con una alegría que tiene impregnada en la voz. Está en el club desde hace siete años. Tenía ocho cuando jugaba para el equipo de Coronel Arnold y alguien de las inferiores de Central lo llamó para probarse en Granadero Baigorria. Se quedó desde entonces y hoy es el arquero titular en la octava de AFA.

Bruno juega de defensor central, tanto de dos como de seis, en la rosarina. Está en pie a las seis de la mañana para ir a entrenar y a la tarde va a la secundaria en Pérez donde cursa tercer año en el colegio San Martín. Se puso muy contento cuando le avisaron que iba a ser alcanzapelotas en el clásico. Una alegría que se contagió rápido a sus padres y a sus dos hermanos más chicos.

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Joaquín Mocchetti, en el Gigante.

La rutina de Joaquín, que es amigo y compañero de Bruno, no es poco sacrificada. Entrena de lunes a viernes lo que le exige levantarse todos los días a las seis de la mañana para llegar al predio donde practica desde las 7.45. A veces viene en colectivo y otras lo trae su papá, que tiene una empresa de básculas para camiones. Se vuelve rápido a Casilda a las 11.30 para llegar a las 13 a la Escuela Nacional Colonia Candelaria, donde va al tercer año. Dice que aunque los días son largos dentro de todo la lleva bien y que en el colegio las materias que prefiere son Matemática y Física.

Pero de preferir, a esta altura, prefiere el fútbol. Su técnico es Matías Lequi y en el arco entrena con Franco Paglialunga y Germán Leiva. Cree que sus puntos más solventes como arquero son en los mano a mano y abajo de los palos. "Mi fuerte me parece es quedarme en los tiros libres. Y se que tengo que trabajar más en los centros".

Este jueves no pensaba en nada de eso. Se enteró de que iba a ser alcanzapelotas en el clásico la semana pasada y la excitación por algo tan prometedor casi no lo deja dormir. "Sabíamos que en lo que nos toca hay que hacer todas bien. Pero cuando entrás a la cancha y ves a toda esa gente querés jugar vos". A las 17.13 desde el arco de Génova observó el cabezazo decisivo de ese otro chico que tiene apenas tres años más que él. "Cuando entró la felicidad que sentí no la puedo contar. Vi que Servio venía gritando el gol para mi lado y riéndose y de repente me abrazó. Creo que me abrazó tres veces. Y para completarla después me regaló el short Infantino. Fue un día perfecto para mí".

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Otro tanto le pasó a Bruno Ruggeri, que como no podía ser de otro modo siendo zaguero y con ese apellido le dicen "Cabezón". Lo habían escogido para un partido contra Godoy Cruz y ahora le tocó de nuevo. Pero en aquel partido contra los mendocinos, recuerda, tuvo un momento de amargura. ¿Con quién? Con Servio nada menos. "Yo estaba atrás del arco y hubo un tiro desviado. Tenía que devolver la pelota rápido pero en vez de darle la que tenía en la mano quise agarrar la que venía en juego. Como con eso demoré él se enojó conmigo y estuvo diez segundos diciéndome cosas. Yo me quedé callado esa vez".

Pero ahora tras el gol del clásico la sensación cambió. "Fue increíble, se acercó a mi caminando y me dio un abrazo. Nosotros estábamos gritando y me di cuenta que se arrimaba. Al final del partido cuando miré el celular tenía muchos mensajitos de quienes me habían visto por la tele. Fue muy lindo".