Ovación

Los de afuera no son de palo

La ampliación del cupo de extranjeros impulsada por Boca y River amplía la brecha, achica el mercado laboral para jugadores argentinos y afecta a las inferiores.

Martes 06 de Marzo de 2018

Mucho se polemiza sobre las influencias o condicionamientos de los denominados "equipos grandes" en la Superliga cuando se produce algún error arbitral en detrimento de algún adversario, pero hay otras ventajas que esas entidades poderosas sacaron que gravitan mucho más en la ruptura de las equivalencias. Como algunos cambios en las normativas que se implementaron en el inicio de 2018, como la ampliación del cupo de futbolistas extranjeros a seis por plantel. Hoy son 97 los jugadores (ver infografías), pero esta decisión tendrá mayor incidencia desde el próximo mercado.

Esta iniciativa de River y Boca configuró una conquista para sus aspiraciones hegemónicas, y la plasmaron durante el último receso. Y no encontró resistencia en el resto de los clubes porque mostraron diferentes opiniones y no lograron anteponer una oposición conjunta. Tal vez sin percibir de manera uniforme que esta variación tendría consecuencias en la competencia como así daños colaterales.

Es que para los clubes de mayor poder adquisitivo es más simple y práctico importar que fabricar. Es que la inmediatez que le imponen las exigencias de éxitos los lleva a ejecutar el lema de que lo que no se hace se compra hecho.

Con revisar las políticas de los clubes grandes se comprobará que el producido por sus inferiores es ostensiblemente muy inferior a aquellos que deben vivir de lo propio, razón por la cual se proveen de lo que elaboran otros clubes del país o directamente lo importan.

Por eso esta determinación de mayor cupo también representa un impacto para el desarrollo de las divisiones inferiores, ya que la importación es otro escollo para aquellos jóvenes que pugnan por un lugar en el profesionalismo.

Y en nombre de esa competencia que cada vez se hace más desigual, determinadas entidades cometen groseros errores en sus políticas deportivas, porque en el afán de intentar competir con mayores chances venden rápido lo producido de alta calidad por imposición del mercado para incorporar luego mayor cantidad de menor cuantía. Entre ellos extranjeros.

Esta avanzada silenciosa de los grandes no dimensionada por muchos clubes de la Superliga tampoco encontró resistencia en el gremio de los futbolistas. El acuerdo fue rápido y por eso se modificó el artículo pertinente del convenio colectivo de trabajo para que la plaza de extranjeros sea de seis, con cinco habilitados en cancha a la vez. Es decir uno más a lo ya permitido. No es poco.

No alcanzaron a imponer la idea de que los seis extranjeros puedan estar en el campo porque el gremio ahí sí hizo prevalecer el criterio de que ningún equipo puede tener un mayor componente extranjero.

Claro que cada idea que acuerdan Boca y River no es antojadiza. Al contrario. Es planificada. Por eso también consiguieron que aquellos jugadores extranjeros propios que sean cedidos a préstamo por una temporada como mínimo no ocupen un lugar en ese cupo de seis. Sí por lógica contará un lugar para el equipo destinatario del préstamo. Una forma de salvar la inversión como así hacerla rentable mediante estas cesiones.

La innovación pergeñada por xeneizes y millonarios, fundada desde un concepto deportivo y financiero, también incluyó modificaciones en la formación de las inferiores, por eso se estableció que aquellos jugadores de otros países que se incorporen como juveniles deberán jugar 30 meses, y ya no 36, antes de dejar de ocupar plaza de extranjero.

Este achicamiento del mercado interno, la reducción de plazas para jugadores argentinos, y el perjuicio a las inferiores son las consecuencias más evidentes de este cambio, el que además amplía la brecha entre los llamados grandes y el resto.

Un perjuicio mucho más considerable que un error u horror eventual de cualquier arbitraje.

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