Ovación

Lo que falta es jerarquía

Newell's y Central tienen dificultades porque carecen de esos jugadores que por sus cualidades puedan darles un salto de calidad.

Jueves 20 de Septiembre de 2018

El fútbol rosarino está desempeñando un rol secundario en la actual película del fútbol argentino. Uno de los motivos es que la cuota de jerarquía en los planteles es demasiado pequeña. Carencia que posterga las lógicas expectativas que tienen los hinchas en ver a sus equipos como protagonistas principales de la segunda edición de la Superliga.

Tal es así, que es público y notorio que canallas y leprosos extrañan a aquellos futbolistas capaces de darle un salto de calidad al rendimiento colectivo. Jugadores que por temperamento, habilidad, inteligencia o voz de mando, habitualmente son los destinatarios de la esperanza de sus hinchas. Cada época tuvo a sus indispensables referentes.

Es que el público sabe, sin siquiera consensuarlo, que con una maniobra individual o una combinación del conjunto podrían sorprender y ser determinantes en el transcurso de un partido.

No hace falta activar la memoria para ingresar en la historia e identificarlos porque sus nombres brotan espontáneamente. Cada lector sin dudas hará una lista de los notables cuya extensión estará relacionada a la edad de cada simpatizante. Pero hasta los más jóvenes podrán mencionar a varios. Desde ese infranqueable arquero, al notable defensor, pasando por el más aguerrido o hábil volante, hasta el implacable delantero.

Pero encontrar en la actualidad el correlato a ese ejercicio presenta algunas dificultades. Los nombres no son tantos. En realidad son pocos. Muy pocos. Y en esta cuestión radica una de las dificultades para que el fútbol de la ciudad recupere ese lugar preponderante en la competencia. Dificultad que no es la única. Pero es importante.

Necesidades compartidas

Hoy ni Central ni Newell's tienen futbolistas excepcionales. Ese que con su sola presencia despierte la esperanza de sus hinchas. No está. Aunque algún militante del optimismo exacerbado pueda mencionar a alguno de los que actualmente juega. Pero en términos generales el público no tiene a ese tal o cual de quien espere algo distinto para romper con la previsibilidad, que por momentos oscila entre lo mediocre y lo apenas discreto. Donde la motivación inicial se va diluyendo con el correr de los minutos.

Porque la sucesión de rendimientos defectuosos provoca diferentes sensaciones, que van mutando según los estados de ánimos, y como el fútbol tiene mucho de contagio por su composición popular y pasional, la bronca se convierte en decepción, más allá de que la ilusión resiste estoica para no ceder ante la resignación que las malas actuaciones generan.

Y ese devenir va reduciendo la tolerancia, por lo que para entrenadores y determinados futbolistas la cancha empieza a convertirse en territorio minado.

Es ahí donde el técnico comienza a revisar sus decisiones, y su método, ya que esa continuidad otorgada a cierto jugador para que gane la confianza en sí mismo empieza a transformarse en un padecimiento, porque su producción lejos de mejorar se deteriora por la sistematización de los errores.

Por supuesto que el orden táctico permite disimular la ausencia de esos jugadores destacados, y también permite solidificar al conjunto en torno a una idea. La que se fortalece con los triunfos. Y tal vez excepcionalmente pueda vencer a un adversario con mejores recursos. No obstante en competencias de larga duración al final del camino los equipos que tengan futbolistas de jerarquía son los que harán la diferencia.

Los contratiempos del Patón

Por el lado de Central sin dudas que Edgardo Bauza deberá encontrarle una solución a la anemia futbolística que exhiben sus volantes externos, la que repercute inexorablemente en materia ofensiva, porque sin asistencia la fórmula de los dos centrodelanteros es improductiva.

No tiene demasiadas opciones: cambia a los volantes o modifica el esquema.

Sin omitir que la ausencia de un volante central clásico lo obliga a Néstor Ortigoza a retroceder en demasía de manera recurrente, lo que le impide desplegar con mayor asiduidad su comprobada capacidad de armador de juego para vulnerar al rival.

Los problemas de De Felippe

Por el lado de Newell's, Omar De Felippe bucea en las formas para adquirir esa eficacia que le permita sacar al equipo del letargo, con el problema que esas esporádicas mejorías en el funcionamiento no se plasman en resultados por la impericia en la definición.

Es evidente que, a excepción de Mauro Formica, las incorporaciones aún no resolvieron las necesidades, y además por contraste aquellos jugadores que dejaron ir exhiben en otros lares muy buenos rendimientos, ratificando el concepto que indica que a los futbolistas hay que analizarlos en el contexto de un equipo, ya que fuera de ello se pueden tomar malas decisiones.

Por lo expuesto es que resulta una expresión benévola cuando dicen que a los equipos rosarinos no les sobra nada, porque no sólo que no les sobra sino que les falta, y lo que les falta es jerarquía. La que debe producirse o comprarse.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario