Ovación

Lo que era y finalmente no fue

Central se acostumbró a convivir con ciertos errores que le cuestan caro. Una expulsión tonta y otra vez no poder cerrar el partido lo condenaron a sufrir la primera caída en Arroyito desde la llegada de Coudet.

Lunes 11 de Abril de 2016

Era una prueba de carácter, como suele decirse. Por la presión de la previa, por la tensión del partido, por el contratiempo de la temprana expulsión de Pinola, por la remontada, por el abrazo de nuevo a la condición de único líder de la zona 1. Pero era. No fue. Era empate, al menos un punto para mantenerse un poco más a tiro de la punta. Pero era. Y tampoco fue. Lo que resultó fue el peor resultado que Central podía esperar. Con el pitazo final de Herrera se fue el equipo con la mirada clavada en el piso. También el invicto de local. Y la chance de recuperar la punta. Todo. Oscurecer a pleno el panorama sería tal vez una temeridad, un análisis apocalíptico, pero no hay dudas de que hay algo que ya no funciona como antes. Este tipo de partidos al Canalla no se les solían escapar. Los liquidaba mucho antes. Ahora ni siquiera le alcanza para cerrarlos. Parece sufrirlos. Incluso por errores propios, desde donde parten algunas de esas debilidades. Que lo diga Pinola, que le dio la chance a Vélez de jugar más de 30 minutos con un hombre de más, en una cancha pesada y con un equipo (el suyo) que venía de actuar el miércoles por la Copa. Demasiada ingenuidad para un momento del encuentro que ameritaba mente fría en su máxima expresión. Lejos de eso estuvo.
  Suele pasar que cuando la previa se carga de presión, las dificultades para manejarla se potencian. Pero la tranquilidad de este equipo durante algo más de un año invitaba a creer que esa condición de líder que se le había escabullido entre los dedos tras el partido con Olimpo podía volver a hacer campamento en Arroyito. Estuvo cerca. Quedó lejos. Lo más lejos que se podía imaginar antes del inicio del encuentro. Ojo, es una lejanía de dos puntos. Sólo dos puntos. El tema es lo que rodea hoy a este Central que también tuvo todo para sellar el pase a octavos de final con Palmeiras y se quedó en el intento.
  Los seis goles en contra en sólo dos partidos ayudan a entender las dificultades con las que se está topando Central para poder ganar un partido (desde el reinicio de la competencia no lo logró). Y cuando eso sucede, indefectiblemente es necesario reparar los errores que se cometen. Con pelota en movimiento y cuando la bocha no está corriendo. Porque el equipo sufrió esos últimos minutos cuando parecía cosa juzgada, que sumó a aquel padecimiento, desde el desgaste físico propiamente dicho, a la que se desembocó cuando a Pinola se le ocurrió meter una patada primero y un codazo después.
Tal vez lo de ayer haya sido una muestra más del viaje desde el aplomo hacia la histeria que emprendió Central hace ya un tiempo y del que no puede bajarse.
Por delante hay tiempo. Pero la serenidad, la confianza y, sobre todo, la inteligencia deben volver a utilizarse. Sólo así lo que debe ser, será. Y no que deje de ser.

Un equipo que viene con cierres inconclusos

El dato: cinco puntos de los últimos 15 en juego. Puede sonar a echar, aunque mínima, una pizca de sal en la herida. No es el caso. Se trata simplemente de intentar explicar este comportamiento inconcluso que está llevando adelante Central, que le está trayendo algunos dolores de cabeza y que le impide cerrar historias. El propio Coudet se mostró fastidioso ayer por ese motivo.
Cuando algo pasa una vez, puede leerse de una manera. Si ocurre dos el problema es mayor. Si se reincide, ahí la cosa da para otro tipo de análisis.
Contra Banfield lo arrancó perdiendo, lo dio vuelta y no pudo mantener la ventaja. Se lo empataron. El miércoles, a Palmeiras se le pudo torcer el brazo después de correr dos veces desde atrás en el marcador. Y el final fue el mismo. Lo peor ocurrió ayer, cuando después de ponerse en ventaja (sin obviar el error grosero de Pinola, claro) y de volver a inclinar la balanza a su favor tras el empate de Vélez, no sólo llegó el empate, sino una derrota. Hubo distintas recetas. A veces queriendo ir a buscar algo más (como antes Palmeiras), otras juntando líneas y replegándose (como ayer, ver página 5).
Cierres que complican. En los que hay que trabajar para no cerrarle la puerta a ninguna ilusión.

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