Ovación

Les hicieron flaco favor

El poder del fútbol supo y sabe cómo utilizar a Carlos Bilardo y César Menotti para sacar réditos políticos.

Sábado 19 de Enero de 2019

En una sociedad surcada por grietas intentar reeditar la antinomia futbolística que se forjó durante décadas en torno a César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo sería estéril y desconocería las profundas transformaciones que experimentó el fútbol desde entonces. No obstante, ambos sí son merecedores del reconocimiento, y todo lo que se haga en ese sentido será justo y necesario. Porque estos dos entrenadores, hoy octogenarios, fueron los únicos en alcanzar la gloria con la selección argentina al ganar la Copa del Mundo. Sustentados en pensamientos y convicciones tan diferentes e innovadoras, como así efectivas.

Por esa dimensión que el Flaco y el Narigón alcanzaron es que ambos siempre fueron figuras seductoras para los distintos sectores de poder.

Paradójicamente ellos se sublevaron al orden impuesto y fueron críticos de las diversas administraciones, tanto políticas como futbolísticas. Bilardo no mostró debilidades durante sus ciclos cuando debió confrontar públicamente con el diario Clarín, como también lo hizo cuando funcionarios del gobierno nacional lo quisieron echar en vísperas del Mundial 86. Menotti, claro que con una retórica más refinada, fue protagonista de la histórica pelea con la conducción de la AFA en general y Julio Grondona en particular.

Pero el tiempo muestra prepotencia en su transcurrir inexorable y la necesidad de mantener un vínculo activo con el fútbol flexibiliza la tolerancia y morigera las pretensiones. Bilardo y Menotti saben de eso. Razón por la cual, sin que implique resignación, ambos han aceptado formar parte de esa estructura que cuestionaron y la que también los usó.

En 2018 el legendario periodista Ernesto Cherquis Bialo narró con detalles el rechazo que expresaba Grondona hacia Bilardo en 1982, cuando se buscaba el reemplazante justamente para Menotti tras el Mundial de España. "Antifútbol" y "pincha culos con alfileres" fueron dos de las definiciones que utilizaba don Julio para descartarlo, mientras sus preferencias giraban en torno al Zurdo López y Carlos Griguol. Una seguidilla de hechos derivaron en el cambio de opinión de Grondona y Bilardo finalmente sucedió a Menotti.

La relación de Grondona con Bilardo tuvo varios capítulos divergentes, pero el otrora presidente apeló a la figura del entrenador como escudo multipropósito y lo puso como un tótem en la cima organizativa del área de selecciones nacionales, con más honores que poder de decisión.

Desde que Menotti dejó el cargo de seleccionador fue un constructor quirúrgico de los mejores fundamentos para poner en crisis a la política deportiva de la organización del fútbol argentino. Hasta hace unos días el rosarino convertía a su crítica hacia los directivos de la AFA en una descripción precisa y con la cual era inevitable no coincidir.

Pero en esta semana el Flaco fue noticia otra vez, pero no por sus dichos sino porque Claudio Tapia, el Chiqui, logró convencerlo para que asuma como nuevo director de selecciones nacionales. La novedad tuvo un alto impacto mundial por la trascendencia que tiene Menotti en el universo del fútbol. Y también porque representa su regreso a la estructura de la AFA tras 36 años.

Algunos sostienen que es un gusto que se quería dar Tapia, entre tantos otros que se está dando desde que asumió, pese a que la organización del fútbol argentino siga empeorando.

Otros en cambio optan por calificarlo como un mimo de Tapia a su admirado Menotti, así como alguna vez lo hizo Grondona con Bilardo.

Hay quienes confían en que el Flaco pueda revertir el caos en el que las selecciones argentinas están inmersas desde que asumió la actual conducción del Chiqui, Angelici, Blanco y Moyano.

Pero, justamente por los nombres de esos dirigentes, es ingenuo suponer que esta determinación de incorporar a Menotti sea un arrebato de Tapia. Porque lo cierto es que el poder conoce de réditos y mensura con precisión meridiana la funcionalidad de determinadas personalidades. Y mientras maquilla esa utilización con demagogia esconde impúdico sus reales intenciones detrás de las grandes figuras, las que siempre tienen mucho para perder y poco para ganar.

Pero lo que ese poder dirigencial no termina de comprender es que en el fútbol el reconocimiento popular no se compra, se construye en base a sentimientos. Razón por la cual tanto Menotti como Bilardo siempre serán reconocidos por su gente. Aunque el poder les haya hecho flaco favor.

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