Ovación

Leo versus Leo al frente de Central

Las exigencias de la primera división llevaron al entrenador canalla a amoldarse a una situación particular y el equipo jugó de una manera distinta a la que lo hacía el de la reserva. El desafío para 2018 será que la primera dé un salto de calidad y adquiera otro vuelo futbolístico

Domingo 17 de Diciembre de 2017

Hubo un Leonardo Fernández entrenador de la reserva, fortaleciendo su figura como tal. Hubo otro que, por urgencias pero con algunos méritos sobre sus hombros, tomó el equipo de primera división en un momento caliente del club, con una eliminación en Copa Argentina que desembocó en la renuncia de Paolo Montero. El mismo técnico para dos equipos diferentes, con motivaciones distintas, con presiones que nada tienen que ver unas con otras, con responsabilidades que se distancian enormemente por cuestiones lógicas y, esencialmente, con interpretaciones del juego que también se miraron desde lejos. Es a gusto del consumidor determinar si uno fue mejor que otro, porque a la postre ambos planes resultaron exitosos. La obtención de la Copa Santa Fe tuvo sus ribetes y el equipo que sumó 9 de 9 en la Superliga contó con otras características. Hay una conclusión rápida que podría hacerse sin temor a equivocaciones: a sabiendas de que no existe una forma que garantice resultados, la mayoría los hinchas preferirían que el Central de 2018 se parezca más a aquel equipo de juveniles de la reserva que al aguerrido de la Superliga (quizá una conjunción de ambos sería el prototipo ideal). Y otra aseveración, no menor por cierto: el propio Leo Fernández es consciente de la diferencia que hubo entre un caso y el otro. Y más aún: tiene cifradas esperanzas en que lo que vendrá debiera mostrarse como una versión mejorada de lo que se vio contra Talleres, Boca y Newell's.

   El proceso de Leo Fernández en primera no está ni siquiera en pañales. Puede decirse que aún no comenzó. Es que los tres partidos que dirigió estuvieron envueltos en un contexto especial, en el que hubo un claro objetivo muy por encima de cualquier apuesta futbolística. Para el técnico y su equipo de trabajo el verdadero desafío comenzará partir del próximo 3 de enero, que será cuando el plantel arranque con los trabajos previos al segundo semestre de la Superliga. Podría incluirse también a la lectura que se haga sobre las necesidades en el mercado de pases (de eso dependerá en gran parte lo que se pueda hacer más adelante), pero los verdaderos análisis (propios y ajenos) tomarán cuerpo recién cuando el equipo comience a desandar su camino.

   ¿Por qué se plantea la comparación de cómo jugaba un equipo y cómo jugó el otro? Porque las diferencias fueron notorias, sustentadas por supuesto en las características de un proceso y otro. Dirigir la reserva no es algo a lo que se le deba sacar méritos. Ahora, en ese terreno las presiones externas prácticamente no existen.

   Bien vale establecer un mojón en esta historia que no es menor ni mucho menos. Sabiendo que ese equipo de juveniles se movía con un libreto efectivo pero mucho más agradable a la vista, Leo Fernández tuvo una enorme virtud: la de pararse enfrente y cambiarle la cara a un plantel (el de primera) golpeado por la eliminación de la Copa Argentina, que hasta ese momento no había podido ganar en la Superliga, que tenía el ánimo por el piso y, fundamentalmente, desvencijado desde lo futbolístico. Y allí estuvo el principal mérito, en el hecho de entender que era necesario un plan alternativo para una situación especial. No existe una forma de jugar que garantice resultados, pero Fernández buscó acercarse lo más posible a la que estipulaba la conveniencia. Después, por méritos propios, errores del rival, avatares del juego o vaya a saber cuántas cosas más, Central logró lo que su técnico buscaba: ganar todos los partidos que tenía por delante.

   Cuando Leo Fernández asumió en primera, el equipo de reserva había perdido un solo partido, empatado dos y ganado los cinco restantes en la Superliga y encima había logrado el título en la Copa Santa Fe. Más allá de la efectividad lograda, la forma de buscar los partidos siempre contó con un hilo conductor en lo que hace a las ambiciones y la propuesta.

   Ese equipo intentaba ir siempre por abajo, buscaba que las asociaciones tuvieran mayor protagonismo que los pelotazos largos y frontales para lograr que las situaciones de gol fueran el producto de trabajos colectivos y no arrestos individuales.

   Se insiste en que es mucho más sencillo jugar en reserva que en primera por el tema de las presiones, pero fue evidente cómo tanto en la Superliga como en la Copa Santa Fe ese joven equipo trató de someter a sus rivales a partir de la concepción del juego. Todo esto fue mucho más evidente en la Copa Santa Fe, en la que más allá de algunos equipos de menor jerarquía en las primeras instancias, el canalla se las tuvo que ver con Unión en semifinales y Atlético de Rafaela en la final, dos equipos que en nombres superaban ampliamente a Central y que jugaron con lo mejor que tenían. Al tatengue le ganó muy bien en Rosario y en Santa Fe y con la Crema sucedió algo similar. Generalmente ese equipo jugaba con un enganche bien definido o en el peor de los casos con un volante central de juego, que pudiera desprenderse sin problemas para generar juego del medio hacia adelante.

   Quizá por ello en el primer partido de Leo Fernández al frente del primer equipo haya intentando con Carrizo como enlace, pero vio que la cosa así no funcionaba y en el segundo tiempo cambió, armó dos líneas de cuatro y Central combatió más de lo que jugó.

   Y así se mantuvo en los partidos siguientes. Es cierto que a Boca salió a atacarlo de entrada y que el gol le entregó ciertas licencias, pero el horizonte también estaba claro. La prioridad era sumar de a tres en la medida de lo posible. Otra vez, mucha más garra que fútbol, con un equipo mucho más decidido a achicar los espacios del medio hacia atrás que envalentonado por marcar una diferencia mayor en el resultado.

   A esa altura Leo Fernández ya había entendido por dónde pasaba la cosa. Ya su equipo, el de primera, jugaba en función dé. No era necesario hurgar demasiado para entender que frente a ese grupo golpeado e incapaz de ganar, el técnico lo que buscó fue fortaleza defensiva primero y ambiciones ofensivas después.

   Con Gil manteniéndose entre los once (había ingresado desde el banco ante Talleres), ya no hubo toques entre los centrales, tampoco con el 5 y muchos menos la famosa medialuna que incluyera también a los laterales con el fin de buscar una salida clara. Tobio, Martínez y el propio Ledesma eran los encargados de meter el bochazo largo para intentar apostar a la segunda pelota. Ya, claramente, se jugaba de otra manera.

   "Lo que queremos es asegurarnos en defensa y que no nos conviertan. Después, con la calidad de jugadores que tenemos arriba sabemos que un gol podemos hacer en cualquier momento". Palabras más, palabras menos fue lo que un integrante del cuerpo técnico comentó en una charla con gente del club en la previa nada menos que del clásico. Para confirmarlo alcanza con repasar lo que sucedió, sobre todo en el segundo tiempo, en el partido frente a Newell's.

   Futbolísticamente Central quizá haya echo uno de los peores partidos del año, pero pudo convertir primero y el rival prácticamente no le generó situaciones. Con algo de conformismo o inteligencia, hizo lo justo y necesario.

   En la charla que Leo Fernández mantuvo con los dirigentes el pasado miércoles, cuando quedó sellada su continuidad, hubo referencias a esto y de lo poco que trascendió se supo que el técnico tiene muy en claro que para afrontar los partidos en su interinato apeló a otra partitura. Pero, lo más importante, que si intención es que a partir de 2018 el equipo se parezca más al de reserva que a este de primera de los últimos tres partidos. Para ello intentará primero buscar jugadores capaces y después inculcarles la idea de juego que realmente pretende.

   De aquel Leo Fernández de la reserva a este del primer equipo hubo diferencias. No en su forma de ser, sino en cuanto a las formas futbolísticas. De aquí en más ya está planteado el desafío de que el Central de 2018 dé un salto de calidad. Leo Fernández más que nadie sabe que el técnico que tomó la posta de Montero deberá copiarse, o parecerse bastante, al entrenador que antes de eso había hecho los méritos suficientes para ocupar el lugar que hoy ostenta.

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