Ovación

Le ganó hasta a la desocupación

Julián Molina tuvo que vender empanadas para poder correr y llegó primero en 1h 4m 18s.

Miércoles 29 de Agosto de 2018

Se llama Gualberto Marcos Julián Molina, pero en la comunidad local del maratón lo conocen simplemente como "Julián", el entrerriano de 25 años que vive, entrena y compite desde hace seis en Rosario. El último domingo fue el argentino que más rápido llegó a la meta del medio maratón (de 21 kilómetros) de Buenos Aires, un trayecto en el que participaron 20 mil corredores.

Llegó con el dorsal 36 en el pecho en 1 hora, 4 minutos y 18 segundos y no sólo les ganó a 150 corredores de élite del país sino también al 9,1 por ciento de desocupación nacional (según el cálculo del Indec para el primer trimestre).

Es que este corredor, que no cuenta con sponsors ni subsidios ni trabajo permanente, cocinó y vendió 30 docenas de empanadas de pollo y verdura, por semana, durante los veintiún días previos a la carrera para poder viajar. Con lo que recaudó no sólo logró correr sino consagrarse campeón nacional.

"Me llamaron de todos lados por las empanadas. De una radio de Buenos Aires me preguntaron a cuánto vendía la docena y les conté que a 200 pesos. Me dijeron: ¡mandanos! ¿Las vendí baratas?", le preguntó Julián a Ovación, antes de contar que el premio de 12 mi pesos que ganó lo usará para pagar deudas y ayudar a la familia de su novia Martina, que le da alojamiento en la casa de barrio Roque Sáenz Peña al sur de la ciudad.

Ayer, a sólo dos días de haber logrado la versión oro de la quinta medalla nacional que ya cosechó en su carrera, Julián entrenó como cada mañana en Parque Sur, cerca de las cascadas del Saladillo. Habló de sus tatuajes como de sus esfuerzos. Uno de ellos está en el brazo derecho. La frase en inglés dice "Even in heaven I will you love (Incluso en el cielo te amaré)" en memoria de su mamá Silvia, que falleció. Por la tarde realizó el doble turno con todo el grupo de entrenamiento Atenas Running Rosario, a cargo de Cristian Crobat. Así es su cotidiano vivir: seis horas de entrenamiento diarias, más alguna que otra changa laboral.

"Esta semana no cocinaré empanadas, pero el jueves (por mañana) me llamaron para hacer de mozo en una fiesta infantil; trabajar de mozo es una actividad que hago cada quince días si hay trabajo. Con eso me la voy arreglando. Es duro pero mientras pueda seguiré corriendo, es lo que sé hacer y me apasiona", dice Julián, quien no sólo corre maratones sino también sobre pista.

"Mi próximo objetivo es correr los 10 mil metros en la Copa Nacional de Clubes, en el Cenard, y bajar las marcas. También conseguir trabajo porque no tenerlo me bajonea y viajar alguna vez en avión", reconoció el atleta y luego, cuando se le preguntó cuál es su gran sueño, agregó: "Correr en los Juegos Olímpicos".

Su novia escuchó lo que dijo y añadió con orgullo que si Julián lograra repetir esta última marca seis meses antes de los juegos de Tokio clasificaría. Ella lo acompaña no sólo en las notas, sino cuando cocina las empanadas y en bicicleta cuando él entrena y corre los 24 kilómetros ida y vuelta desde su casa hasta la cancha de Central.

El medio maratón

El objetivo máximo para los fondistas de la 30° edición del medio maratón del último domingo era llegar a la meta en menos de una hora. Una proeza que nunca se había alcanzado en esta carrera y que logró esta vez el etíope Mosinet Geremew (con 59 minutos 48 segundos), mientras que Julián, en octavo puesto en la general , fue el mejor de los argentinos al completar cada kilómetro en sólo 3m 3s (hasta allí las buenas noticias del maratón, la mala fue que en el kilómetros 4 de la carrera se desplomó el santafesino Osvaldo Norberto Carrizo, de 55 años, quien falleció luego en el Hospital Fernández por un paro cardiorrespiratorio).

Julián espera que esta alegría dure "mucho". Cree que las notas y decenas de wathsapp felicitándolo terminarán pronto. Pero dice que nada, ni la falta de trabajo, lo detendrán.

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