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Las razones de Newell's, que retomó la alegría de los goles, el buen juego y el triunfo

La Lepra se sacudió el enojo con una goleada en el Coloso que renovó la comunión entre el plantel, la gente y el técnico. Newell's está de vuelta y ahora va por recuperarse en la Copa.

Lunes 24 de Febrero de 2014

Y un día la Lepra volvió a ganar y fue en el Coloso, con contundencia, buen fútbol y mucha emoción tanto en el campo como en las tribunas. Es que volver a sentirse ganador, algo a lo que Newell's estaba acostumbrado, se hizo esperar meses, por eso se vivió con desahogo, pasión y esperanza.
 
Además de goles y tres puntos, el partido de ayer dejó el convencimiento del reencuentro con las formas de Newell's, esa fórmula por la que este equipo obtuvo su éxito y que tantos partidos de sequía habían puesto en jaque. 
 
Significó también el espaldarazo que el entrenador Alfredo Berti necesitaba para continuar firme en el cargo. Las claves:
 
1. Paciencia. Confiados en sí mismo, con mucho amor propio los jugadores de Newell's salieron a la cancha a entregar todo por el proyecto que ellos mismos encabezan, defienden y lideran. Evidentemente cansados por el trajín de partidos, viajes y presión por no conseguir el resultado ganador, los muchachos de este Newell's quisieron estar en la formación titular para sostener al entrenador, arrancarse la racha negativa y recuperar la confianza. Lo consiguieron con creces, además de recibir el apoyo incondicional de la hinchada que los ovacionó uno por uno, sobre todo al Gringo Heinze que evidentemente hace un esfuerzo físico enorme por seguir y ha sido protagonista de la mala espina del gol en contra con Belgrano, lo aplaudieron cada vez que tocó la pelota. Salió emocionado. 
 

2. Laterales. Milton Casco metió el gol más importante del partido, el primero, con una definición impecable, violenta e inatajable luego de una bajada de pecho de la Fiera exquisita. Pero además Milton ratificó la levantada que había mostrado en Córdoba, se mostró movedizo, imparable por el costado derecho además de colaborar con eficiencia en la tarea defensiva. Cáceres hizo lo propio, siempre fue opción para la salida y alternativa para el ataque. Los laterales, claves en la sorpresa de este equipo en su etapa de campeón, estuvieron de regreso, con goles y trabajo de overol.
 

3. Otros goles. Sin Nacho Scocco, aquella racha de cinco victorias al hilo que encumbró a Newell's en el torneo pasado había descansado en la estela goleadora de Maxi Rodríguez, pero después la Fiera no hizo más goles, y la Lepra no ganó. De a poco se tejió la idea de que Newell's sólo podría volver a triunfar con goles del crack que regresó del fútbol inglés. Pero ayer también se deshizo esa teoría, porque los gritos llegaron de otras gargantas. Además de Casco, fue el escurridizo Muñoz -que tantas veces está cerca de marcar- el que esta vez vio como la pelota al fin ingresaba al arco. Fue de cabeza tras correr un pelotazo cruzado de Heinze. El otro que explotó la red fue el Negro Figueroa, golazo de tres dedos clavó en el segundo tiempo para despejar las dudas y vivir el partido hasta el final sin sufrimiento. Maxi coronó la goleada, aunque su tanto fue casi todo mérito de Guzmán y Tonso que volvió con todo.

 
4. Jugo de Pomelo. Diego Mateo es amado por el público leproso, sobre todo por los varones que celebran cada pelota del cinco que ahora juega de dos. Y aunque no tiene la habilidad de los definidores, no hace goles, ni es el chico de la foto, más de uno elegiría ser como Pomelo si pudiera reencarnarse por un partido en la piel de un futbolista. Es que Mateo nunca está vencido, es solidario, siempre tiene aire para despejar una más, y ayer la vincha que protegía el corte en su cabeza aumentaba su pinta de héroe que es piedra fundamental de esta era leprosa.

 
5. Líderes. Bernardi, el capitán de este equipo, quedó tendido en el césped cuando perdió la pelota en la jugada que terminó en el penal que Heinze le cometió a Albertengo. Lucas golpeaba el piso adivinando que ese balón terminaba en gol -y así fue-. Como siempre se levantó y siguió jugando, empujando a los suyos a sostener la victoria que venía esquiva. Aunque el triunfo se sostuvo más en el trabajo de Villalba, Casco, Figueroa, Mateo, y Muñoz, la cabeza de Bernardi estuvo en la cancha ayer. Es la que ordena, la que piensa el presente leproso. Y es la que alberga también el futuro dentro y fuera de la cancha. El fútbol es confianza, y Lucas no debe olvidar que la gente confía en él.

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