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Las Leonas, una historia de fidelidad con los Juegos Olímpicos

El seleccionado nacional de hockey se colgó la medalla de plata, el quinto podio olímpico en seis ediciones. Tokio 2020 vino a alimentar con más capítulos un relato que no se termina.

Viernes 06 de Agosto de 2021

Hay una historia, larga, intensa. Y hay miles de historias dentro de esa que empezó hace 21 años en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000. Y ésta, la de Tokio, que viene a redimensionarla, a acomodarla en la estantería tras la decepción de Rio de Janeiro 2016. Hay una historia larga, intensa, que dice que un seleccionado llamado Las Leonas llegó hace 21 años para quedarse, y que aunque cambie nombres tiene un corazón con esencia legada. Las Leonas, estas Leonas, no pudieron en la final de los Juegos Olímpicos contra Países Bajos, cayeron por 3 a 1 y debieron conformarse con el segundo lugar del podio que es ni más ni menos que una medalla plateada. Tanto vale esa medalla y tanto se refleja en la emoción de cada una de las jugadoras, que el hecho de que hayan permanecido en la cancha durante más de una hora sacándose fotos mientras las echaban y les desarmaban la escena de la premiación hasta apagarles literalmente la luz, habla por sí solo. Las Leonas son, definitivamente, un patrimonio nacional y uno de los principales orgullos del deporte argentino: se subieron a cinco podios en las últimas seis ediciones de Juegos Olímpicos.

El partido final ante Países Bajos (entiéndase también Holanda, el rival clásico de las últimas dos décadas) no resiste mayores análisis. Porque si algo tienen las finales (y los clásicos) es la particularidad de lo especial. Tampoco resiste excusas y ese 3 a 1 con el que se selló el marcador es inapelable. Países Bajos es hace largo rato el mejor equipo del mundo, el que ganó absolutamente todo y la razón por la que Argentina no se haya podido colgar aún el oro olímpico. En la final de 2012, aquella que significaba la despedida en esta cita de la mejor jugadora de la historia, Luciana Aymar, la entonces Holanda venció 2 a 0. En esta antesala, se sabía, iba a tratarse de otro partido durísimo. Entre uno, el mejor, que llegaba a toda orquesta y con la mejor competencia (campeonas del Europeo) y otro, el 2 del ránking, que sólo tuvo dos partidos oficiales en el medio de la pandemia, aunque hayan dado la talla en tres de los cuatro cuartos. Estas Leonas se rompieron el alma y se nota. Y hay una parte, que casi no se dice, pero que juega mucho y es cuánta presión soportan estas jugadoras en los procesos, además de las responsabilidades que implican ser Leonas. Saben levantarse en la adversidad y sanar las grietas que siempre hay en los grupos humanos. Se contuvieron entre ellas. Una a otra.

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Los Juegos Olímpicos de Tokio, los más especiales de la historia, los de la pandemia, serán sin vueltas de los más recordados. La postergación de un año a la que obligó la pandemia también hizo su parte. Hubo jugadoras que se bajaron del proceso ante semejante noticia. Estas, las que se quedaron no tienen ni más ni menos mérito, son las que decidieron aguantar las circunstancias empujadas por el sueño enorme de ser campeonas olímpicas. Un sueño que era de ellas pero también de todas aquellas que se pusieron la albiceleste en los últimos 21 años (y también antes, como las pioneras de los '70 con los primeros podios mundiales). Y pensar que hay una Leona en este plantel, que ni siquiera vio nacer a esas Leonas de Sidney 2000: la salteña Valentina Raposo sólo tiene 18 años. Estas Leonas, que jugaban por el sueño de ellas también lo hacían por aquellas fundadoras y legendarias, con Luciana Aymar a la cabeza pidiendo en las redes sociales que "la tercera sea la vencida", con Magdalena Aicega llorando en la TV Pública en medio de una transmisión, con Vanina Oneto tuiteando que hacía días que no paraba de moverse en casa, limpiando sobre lo limpiado, gritando a escondidas, llorando. Con ellas, todas.

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Sidney 2000 significó el inicio de una era maravillosa que disparó la popularidad de hockey en el país, que generó una revolución en un deporte hasta allí destinado a la "élite" y que hoy se juega en un cerro, en una cancha pedregosa, en arena, en agua, en un playón municipal, en una canchita de barrio. Las Leonas tienen la responsabilidad que tienen, más allá de subirse a un podio o no, porque representan al deporte N° 1 practicado por mujeres. Y ese mérito se lo deben a ellas, a las que juegan, dan ejemplos y saben plasmar esa esencia que les legaron. Porque las gestiones pasan, pero Las Leonas quedan. La Leona, la del alma, esa queda.

Luciana Aymar y esas Leonas, las fundadoras que se hacen llamar Vintages, deseaban como nunca esta medalla dorada de Tokio 2020 porque quizás como les pasa a todos los amantes del hockey, la sienten esquiva. En Sidney, ese partido final terminó 3 a 1 a favor de Australia, el mejor equipo de la época que se apoyaba en la magia de la sensacional Alyson Annan, entrenadora ya desde hace varios años de Países Bajos y protagonista fundamental de este andar perfecto de la Naranja. Aquello no fue frustración pese a las lágrimas, porque no hay frustración posible cuando sabés que diste todo pero el que te ganó fue mejor. Igual que este viernes. Incluso ahí, en saber perder, en hacerlo con hidalguía y dejando soltar sonrisas y gratitud una vez consumado el asunto, también está el espíritu olímpico.

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Las Leonas, desde Sidney para acá, se colgaron las medallas de bronce de Atenas 2004 y Beijing 2008. Y de nuevo se debieron conformar con la medalla plateada en la final de Londres, en las que, como se dijo, Países Bajos celebró. Para cuando llegó Río de Janeiro 2016 la decepción fue absoluta: terminaron séptimas. Por eso Tokio no es sólo Tokio y este podio. Es la vuelta al lugar en el que quieren estar desde que nacieron. La dorada, por caso, será una circunstancia y el objeto preciado que un día llegará. Hay una historia, larga, intensa. Y hay miles de historias dentro de esa que empezó hace 21 años en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000. Y ésta, la de Tokio, que viene a redimensionarla. Las Leonas son nuevamente medallistas olímpicas. Fieles a todo aquello que las inspiró.

EL PLANTEL: Belén Succi, Noel Barrionuevo, Agustina Gorzelany, Valentina Raposo, Valentina Costa Biondi, Victoria Sauze Valdez, Agostina Alonso, Eugenia Trinchinetti, Micaela Retegui, Rocío Sánchez Moccia, Sofía Toccalino, Delfina Merino, Agustina Albertarrio, María José Granatto, Julieta Jankunas, Victoria Granatto, María Emilia Forcherio, Sofía Maccari y Clara Barberi (Reserva olímpica, GK). Cuerpo técnico: Carlos José Retegui, Mario Almada, Santiago Pattyn, Alejandro Doherty. Silvia Suppa (jefa de equipo), Patricia Fioroni (kinesióloga), Pablo Feijoo (médico), Remo Lanzoni (PF).

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