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Las gimnastas alemanas compitieron con calzas largas en el Europeo: ¿nuevo paradigma?

Con Elisabeth Seitz como estrella, las germanas salieron de los parámetros establecidos y decidieron no mostrar sus piernas. La determinación de elegir ellas mismas sobre sus propios cuerpos

Lunes 26 de Abril de 2021

Cuando Nadia Comaneci deslumbró al mundo con su puntuación perfecta por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos, en Montreal 1976, la gimnasia artística cambió radicalmente en muchos aspectos. Hay hechos que son bisagra y como aquel, el de Nadia, no hubo ninguno. Incluso lo fue para el deporte mundial. A los 14 años se mostraba al mundo con calificaciones de 10 puntos, lo que llevó a considerar que la gimnasia debía volcarse a tener competidoras mucho más chicas, niñas en la mayoría de los casos, por sobre las mujeres adultas ya carentes de la versatilidad de sus cuerpos maduros. Fue un antes y después. Como también, en menor escala podría ser lo que sucedió hace unos años con la Federación Estadounidense de Gimnasia y las denuncias contra el doctor Larry Nassar, quien abusó de cientos de deportistas durante más de 20 años. O como podría serlo (y también a partir de ello), un hecho más pequeño pero que de replicarse en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, cobrará más visibilidad: las gimnastas en calzas largas, rompiendo más paradigmas. El puntapié lo dio esta semana el equipo alemán, con su figura Elisabeth Seitz, en el marco del Europeo de Basilea (21 al 25 de abril) que otorgó clasificaciones olímpicas, justamente.

Seitz (Sarah Voss también llevó la voz cantante de esta iniciativa) se presentó en sus rutinas sin mostrar sus piernas al desnudo, lo mismo que hizo el equipo en una decisión compartida sustentada en el empoderamiento y en el poder elegir qué hacer con sus cuerpos. La posibilidad estaba vigente desde hacía dos ciclos olímpicos, pero ningún equipo la había tomado (salvo casos excepcionales, como podría ser alguna gimnasta de origen musulmán). Y el hecho de que lo haga una potencia en la materia, como Alemania, le da otra posibilidad de visibilizarse. Incluso, si la iniciativa se replica en los Juegos de Tokio 2020 (deberían realizarse en julio, fueron pospuestos por la pandemia) lo hará aún más, siendo a su vez un mensaje contundente para las niñas que realizan esta disciplina y que tantas veces se ven intimadas e incómodas por tener que mostrar sus cuerpos. Que la gimnasia artística sea la disciplina de menor edad con la que se compite en los Juegos Olímpicos no es un dato menor.

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Además, dicen quienes más saben se este asunto, las calzas largas en las piernas no dificultan en absoluto el despliegue y la realización de ninguna prueba, lejos y contrario a lo que se podía imaginar. La estética cobra tal importancia en la gimnasia que la desnudez de las piernas están entendidas como parte de ello. Sin embargo, aquí, nada se vio afectado. Todo lo contrario. Y este grupo de deportistas alemanas quiso transmitir otro mensaje. El más fuerte es el que ellas pueden decidir qué mostrar y qué no por sobre los parámetros establecidos. E intentar a la vez batallar contra la "sexualización" de su deporte.

Más allá de los tiempos, hechos como estos, se interconectan. Porque terminan teniendo injerencia en tal o cual realidad de un deporte. Cuando Comaneci calificó con aquel 10 perfecto en las barras asimétricas de Montreal (lo hizo en tres pruebas en esa misma cita), se leyó: "1.0.0". No había lugar para dos dígitos en el tanteador, por lo que en los primeros segundos nadie entendió nada. O mejor dicho, nadie entendió que se trataba de un 10. Aquel modelo en el que se transformó Comaneci mutó al modelo de la gimnasia. Cuanto más jóvenes mejor, las atletas "viejas" y entiéndase por ello simplemente adultas, "ya no servían".

Claro, lo de Comaneci, más los métodos cuasi tortuosos que ejercieron con ella los entrenadores Béla y Martha Károlyi, artífices de la escuela rumana de gimnasia bajo el régimen militar de Nicolae Ceausescu (luego lo llevaron a EEUU tras el exilio y hasta hace pocos años), también tuvo su precio. Como el hecho de que el ambiente se prestase a las atrocidades de los abusos y muchos hicieran la vista gorda a cambio del "éxito" de las medallas.

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En 2018, la condena a Larry Nassar, médico y ostéopata del equipo estadounidense de gimnasia (los equipos, en realidad, porque trabajó unos 20 años), por más de 250 abusos perpetrados sobre las atletas puso en evidencia una realidad que muchos aún hoy deciden ignorar. Las víctimas que pudieron ponerle voz y rostro a las denuncias abrieron un abanico interminable que aún hoy sigue su curso y que tiene entre las gimnastas que confesaron haberlo sufrido, a Simone Biles, la gran estrella de este deporte, máxima ganadora de medallas en mundiales. La norteamericana, que pretende retirarse en Tokio 2020, es activa en sus redes sociales en cuanto al seguimiento de este tema y a otros relacionados a la obtención de derechos.

El documental Atleta A que Netflix estrenó el año pasado sobre este tema mostró el horror en pantalla, pero también abrió el debate en torno a la gimnasia, los paradigmas, lo que era y lo que ya no quiere ser. Reforzó la convicción de las mujeres y sus luchas, la pelea por el empoderamiento. Que una gimnasta o que un equipo de gimnasia aparezcan hoy en un Campeonato Europeo (y quizás en Juegos Olímpicos) con calzas largas y no con piernas desnudas viene también a imponer replanteos. A proclamar libertad. Y a interrogar. Como cada pequeño o gran hecho que termina siendo bisagra en la realidad de un deporte.

Elisabeth Seitz Bars 2021 European Championships AA Final 14.033

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