Ovación

Las cinco peores desgracias del hincha de un equipo que se va a la B

El descenso de River Plate tiene a la parcialidad millonaria confundida. Por primera vez en su historia el club de Núñez jugará en la B Nacional y la situación tiene a la hinchada desorientada. Aquí los consejos de un canalla que vivió la misma experiencia el último año y sobrevivió para contarlo.

Miércoles 29 de Junio de 2011

Los hinchas de River están desconcertados. Y no es para menos. El equipo de sus amores, uno de los más ganadores de la historia del fútbol argentino, se fue a la B, algo que no imaginaron ni en sus peores pesadillas. Más allá de la tristeza lógica que sienten por la derrota, están confusos, turbados, desorientados. No saben qué hacer, ni cómo reaccionar. Y es lógico que sea así, la B Nacional es una experiencia nueva para el simpatizante millonario. Pero no para los de otros equipos, como los de Rosario Central, que el año pasado sufrieron la misma desgracia. Acá los consejos piadosos de un canalla para que los riverplatenses atraviesen este difícil momento sin morir en el intento.

1- El tsunami: Un terremoto, una marea descontrolada que se desata ni bien el árbitro toca el silbato que determina que el partido definitivo llegó a su fin y el equipo, el que tantas alegrías ha dado a lo largo de la vida, ha caído. Saber que no hay marcha atrás, que se va a jugar en la B Nacional es un golpe durísimo, pero no es nada comparado con lo que se viene. No pasa un segundo para que este, aquel y el de más allá lance su chanza, su broma, su cargada, que aunque advierta que "va con onda" pega directo en el corazón. No hay uno, ni siquiera ése, que es un amigo entrañable y en su vida le importó el fútbol, hace leña del árbol caído. Y no es uno. Son miles, una ola gigante que rompe impiadosa sobre el pobre hincha que atraviesa el peor momento. No hay escape.

2- El fixture: Un día llega el gran momento, se sortea el programa de partidos del torneo: son 38 cotejos repartidos a lo largo y a lo ancho del país. En fechas y lugares que jamás se había pensado visitar, conocer, ni siquiera caer por accidente en la perra vida. Más todavía, se descubren clubes de fútbol que no sólo nunca se escucharon nombrar sino que tienen nombres que, naturalmente, se prestan a la broma fácil de los rivales. Lo que para Central fue la Comisión de Actividades Infantiles (CAI) -y no hace falta ser muy creativo para hacer humor con un nombre así- para River es Desamparados de San Juan. Y lo más desesperante aún: es partido y revancha, cuando uno cree que lo peor ya pasó, 19 semanas más tarde vuelve a pasar. Como una maldición.

3- El ancla: Pesada, enorme, imposible de mover, no deja que el hincha se mueva de su cancha. Está escrito, es ley, y se decidió para evitar excesos de los simpatizantes, los partidos del Nacional B se juegan sin parcialidad visitante. Una estocada mortal para los que, semana de por medio, tenían una excusa perfecta para tomarse un descanso de la rutina. Adiós a los bolsos, los trapos y el bombo en el baúl del auto, en la bodega del colectivo. Adiós a la escapada de fin de semana, con los muchachos, lejos de las obligaciones hogareñas. Y lo más crítico de todo: los equipos de la B no son de un barrio del gran Buenos Aires, ni de Rosario, Santa Fe o Córdoba, sino de parajes de ensueño como Jujuy, Mendoza, Corrientes y Puerto Madryn. Adiós al turismo de fin de semana.

4- La montaña rusa: Como si fueran ejemplos de manual de psicología, los hinchas viven semana a semana el vértigo de las emociones. Una victoria los eleva al cielo, una derrota los hunde en las profundidades más oscuras del Mar de los Sargazos. Del sueño de volver al temor de eternizarse en la categoría hay un triz. El síndrome "up and down" estalla en la oficina el lunes por la mañana: si se llega de un triunfo, todo es alegría, esperanza, las chanzas de los compañeros se soportan sin dolor, pero si se vuelve de una derrota, no hay consuelo posible. El "¡sos de la B!", que le disparan a su paso sus clásicos rivales, se siente real. Y el fantasmita que en los tiempos de la promoción agitaba las tribunas acosa el sueño, las pesadillas. No hay antídotos para el dolor, sólo el ascenso.

5- El silencio: La camiseta, los colores del corazón, el equipo de los amores no está dónde solía estar. Aunque ganen el partido por goleada, en la tapa del diario deportivo, de la revista futbolera, aparecen los otros, los que disputan el torneo de la A. Para saber cómo está ubicado el equipo en la tabla de posiciones hay que buscar y rebuscar en las últimas páginas del diario y hay que hacerlo con detenimiento porque para la agenda exitista del periodismo especializado nada que no sea de primera tiene importancia. Nada. Ni siquiera ese triunfo épico, en una cancha perdida en la inmensidad de la geografía argentina, vale la portada. Con suerte aparece mencionado en una noticia breve. Hay que acostumbrarse a ser "ciudadano de segunda" de los medios. Con la desilusión que eso causa. 

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