Ovación

La urgencia del juego limpio

El fútbol argentino debe aplicar el fair play financiero para evitar que los clubes endeudados les saquen ventaja a los saneados

Jueves 06 de Julio de 2017

Fueron innumerables las declamaciones formuladas a lo largo de la historia sobre la necesidad de una organización más transparente y equitativa en el fútbol argentino. Una pretensión inviable por los comportamientos viles y fronterizos de los directivos de turno. Durante los mandatos de Grondona y los esbirros de turno abundaron las promesas de la implementación financiera de un "juego limpio", más conocido como fair play. Pero no. Como afectaba a los poderosos de siempre nunca lo aplicaron. Ya que se trata de un factor indispensable para lograr un juego justo en la competencia. La ausencia del cumplimiento de las normativas de ocasión que promulgaron mantuvo vigente el pensamiento de Discépolo, que reflejó en 1934 en el tango "Cambalache".

La imposibilidad de concretar incorporaciones, la no habilitación de los refuerzos, la imposición de presentar presupuestos, las sanciones con pérdidas de puntos y un sinnúmero de determinaciones que nunca se ejecutaron constituyen un somero repaso de los hipotéticos correctivos para clubes deudores, que nunca ajustaron sus cuentas y siguieron como si nada. Aún con acuerdos firmados por la AFA y el gremio de los futbolistas, que terminaron fagocitados también por la continuidad del show.

Así transcurrió el fútbol hasta la actualidad, en la que da lo mismo honrar las deudas que no hacerlo, configurando una competencia tan inmoral como injusta. Porque aquellos clubes que cumplen el mandato de sus socios de no hipotecar el futuro de la entidad a través de una gestión futbolística responsable quedan en inferioridad de condiciones frente a los otros que siguen acumulando pasivo para no perder competitividad, sin importar si pueden pagar.

La deslealtad y la doble moral son moneda corriente en esta manera de gobernar, total los dirigentes pasan, las deudas quedan y los clubes padecen. Convalidado por la casa rectora del fútbol argentino.

Y cuando Grondona dejó de estar, los supuestamente condicionados por el autoritarismo imperante tampoco corrigieron este estado organizativo calamitoso. Ya que aquellos clubes endeudados mantuvieron su fortaleza y compitieron con mayor poderío en los mercados de pases, en los que las víctimas siempre son los clubes ordenados.

Hoy varios de los denominados "grandes" tienen un pasivo impresionante, pero no obstante ofrecen cifras siderales para ganarles la pulseada a los clubes saneados en la competencia por contratar futbolistas. Una disputa en la que la AFA, el gremio de los jugadores e incluso los organismos de control del Estado deberían intervenir invalidando operaciones, más aún cuando determinados clubes están intimados por el cobro de deudas vía judicial.

Con la superliga, la puerta de las modificaciones importantes una vez más tiene la posibilidad de abrirse para pasar a un ámbito de mayor ecuanimidad y justicia. Es cierto que antes muchas veces tomaron el picaporte para hacerlo, pero el hecho se asemejó al corte de cintas que hacen los gobernantes para inaugurar obras no concluidas. Fue más un acto de campaña que de conciencia.

La búsqueda de la reducción del pasivo de los clubes esta semana estuvo en la mesa de la AFA con una propuesta de retención del 15% de los ingresos de los derechos televisivos, a lo que Daniel Angelici, vice de AFA, pidió se apliquen los intereses por mora, algo que otros buscan evitar.

También en el ámbito de las decisiones flotó la idea de la prohibición de contrataciones para aquellos clubes que no tengan al día a su plantel o aquellos que hayan rescindido vínculos por falta de pago. Sus impulsores argumentan que si no se afecta lo deportivo jamás se tomará conciencia de la necesidad de pagar.

Esta posición tiene sustento debido a que las diferencias financieras hacen a la competencia deportiva. Como así al mercado de pases. Y esto es indiscutible.

Es cierto que la tradición de estos directivos genera más escepticismo que confianza en la corrección del nefasto sistema financiero que rige al fútbol argentino, pero también es verdad que si no se deciden a establecer el juego limpio muchos de los clubes sucumbirán ante los controles del Estado y por los juicios que enfrentan.

En este camino de posible cambio se enmarcan las declaraciones que formuló Jorge Brito (h), vicepresidente de la superliga y dirigente de River, quien aludió a la necesidad del fair play financiero: "Hablando de equidad, está claro que no puede descender un equipo con las cuentas al día mientras otros equipos, que pelean campeonatos, se queden en primera debiendo mucha plata a los jugadores. Tenemos que poner reglas claras y duras en este sentido". Y añadió: "El punto de partida de la superliga es el que tenemos y a partir de acá vamos a ir construyendo, pero ya estamos pensando en ser muy estrictos de cara al próximo torneo y al libro de pases, en relación con los clubes que deben".

Si la superliga será la entidad que le permita al fútbol abrir la puerta para jugar limpio, bienvenida sea, pero como ejemplo lo primero que debe hacer es empezar por los clubes más grandes, ya que algunos violan la norma escudados en el poder.

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