Ovación

"La respuesta a los malos momentos es trabajar aún más"

El ahora ex entrenador de Jaguares trazó un balance tras dos años al frente de la franquicia argentina. El rosarino habló de lo duro del Súper Rugby y cómo el equipo ganó en experiencia en la alta competencia

Miércoles 26 de Julio de 2017

Todo concluye al fin, todo termina. Y el ciclo de Raúl Norberto Pérez al frente de Jaguares finalizó tras dos años más que intensos en un mundo nuevo llamado Súper Rugby.
Fue un período en el que se trabajó a fuerza de prueba y error, donde hubo aciertos y también errores lógicos de la propia inexperiencia. Porque el desconocimiento en estos menesteres le cargó una pesada mochila pero aún así aceptó el desafío y, a través de su trabajo, pudieron verse en el equipo mejorías de una temporada a la otra, más allá de que el objetivo de clasificar a los playoffs nunca se logró.
Y con el cierre llegó la hora de los balances, aunque será el tiempo el que juzgue fehacientemente lo hecho estos dos años, en las primeras incursiones en un rugby de altísimo nivel y súper competitivo.
“La verdad es que uno a través de los acontecimientos va a armando su camino”, reflexionó el ahora ex coach de Jaguares al iniciar una charla en la que no eludió ningún tema y fue frontal, fiel a su estilo.
“Como Los Pumas salieron cuartos en el Mundial, todo el mundo pensó (y nosotros también) que con ese mismo equipo íbamos a tener buenos resultados en el Súper Rugby, pero no fue así porque eran dos cosas totalmente distintas. Encima el primer año fue el más difícil, porque nos cruzamos con las franquicias de Nueva Zelanda y además tuvimos viajes muy largos y desgastantes, que obviamente influyeron por nuestra falta de conocimiento en varias cuestiones, como de logística, por ejemplo”, continuó el ex forwards para aclarar que si bien el torneo sufrió modificaciones a lo largo de su historia “tiene quince años y nosotros, con este, solamente dos adentro”.
Se sabía que el primer año
iba a ser experimental...
Sabés que no. Se tuvieron expectativas muy grandes y la culpa de que se haya hecho una bola enorme y no se haya parado fue nuestra, que tardamos en frenar con esas expectativas que nos hacían daño. A medida que se fue desarrollando el torneo empezamos a decirlo, porque sabíamos que lo que estábamos haciendo no lo estábamos haciendo bien y teníamos dificultades para llevar el partido adelante, no por el juego en sí sino por los nervios del “tenemos que ganar”, porque el resultado imperaba. Nos fuimos transformando y nos fuimos fijando en el rendimiento, porque pensábamos que semana a semana lo podíamos ir mejorando y eso después iba a traer resultados.
¿Puede ser que la cabeza
del jugador argentino
no esté preparada para
ese nivel de exigencia?
Hay que tener en cuenta de que para muchos es el segundo año de profesionalismo. Antes había una relación totalmente diferente. Hoy el jugador vive en Argentina, juega la ventana de junio, Súper Rugby, Championship y la ventana de noviembre, y a eso se tiene que adaptar, porque la exposición es tremenda. Cuando está todo bien es fantástica, pero cuando no, es compleja, es un alud. Eso los jugadores lo están trabajando y creo que en el final de este torneo demostraron que van madurando, porque más allá de no tener una expectativa de clasificar, encararon con todo los dos últimos partidos en Australia. Pensábamos que después de Kings íbamos a ir a Australia a poner la cabeza, sin embargo ellos llevaron adelante esas dos semanas con intensidad y mucha mentalidad. La intensidad física la tienen, pero también hay que madurar en la intensidad mental porque el torneo te lleva a eso.
Hubo muchos partidos en este año que no lograron capitalizarlos por una cuestión de cabeza, esa misma que los lleva a cometer infracciones y salirse del esquema. ¿Por qué?
Yo creo que es parte de dónde nos estamos insertando. Cualquier equipo tiene jugadores importantes en puestos clave y eso los hace siempre peligrosos. Ningún partido para nosotros fue fácil, para de decir de antemano “lo pasamos”. Si no nos proponíamos jugar el partido, la pasábamos mal. Jugar el partido era para nosotros llevar adelante con disciplina lo que se trabajó en la semana, respetar lo que cobra el árbitro, todo lo que hace que no puedan tener esos picos de rendimiento.
¿Por qué pierden el tiempo hablándole al árbitro y se salen del partido?
Este año fue en algunos partidos. En la mayoría, los árbitros nos dijeron que les habló solamente el capitán, que se habían comportado bien, que el equipo había estado en armonía, algo que fuimos trabajando en el año en distintos talleres como para que comprendamos que había que pensar en el juego y no en lo que se cobró, porque lo que se cobró ya está. La disciplina es un hábito y como tal, día tras día había que llevarla adelante. De nada sirve hablar de la disciplina antes del partido si eso no se trabajó también durante la semana. Protestar, además de no conseguir nada, molesta al árbitro. Además dejás una imagen fea y, más que mejorar lo nuestro, lo empeorábamos. También trabajamos en soportar que el rival haga cosas para estar mejor que nosotros... en bancar esa porque ya iba a venir la nuestra, porque todo eso es parte del juego. Nosotros, muchas veces, forzamos muchas situaciones por la presión del resultado y lo único que hacíamos era perjudicarnos. Por ejemplo nos hacían un try, venía uno y pateaba la pelota... no sólo que nos habían marcado y empezábamos de abajo, sino que además teníamos uno menos por la amarilla. Parece que el equipo entendió eso. Pienso que cuando los momentos son malos, tenés que trabajar para mejorarlo y, cuando estás en la buena, hacer lo mejor posible para tener un mayor rédito de eso. Muchos de los ajustes los fuimos haciendo con las devoluciones que nos hacían los árbitros y creo que en eso evolucionamos.
¿Notás diferencias entre el primero y el segundo año?
Sí, se notó una evolución en el equipo, en los números y en la sensación que dejó el conjunto.
¿Por qué el equipo tiene
picos de rendimiento?
Para que no haya picos, esta alta competencia se le tiene que hacer callo a cada uno de los jugadores. El año pasado empezaron a tenerla después de junio, porque antes eran Pampas y no tenían esta gran competencia que tienen ahora. La gran competencia no es sólo el partido, sino también la previa y el post: la logistica, los viajes, los cambios de horario, jugar, volver y seguir jugando... es un torneo tremendo.
Alguna vez pensaste:
¿dónde estoy?
No. Siempre estuvimos atentos a escuchar a entrenadores de otros equipos hablar de lo que habían visto y qué pensaban de los Jaguares. El de Lions, el de Crusaders y el de Hurricanes coincidieron en que hacer los ajustes nos iba a llevar un par de años. No es fácil habituarse a los viajes, a los cambios de horario, de estar tres semanas en otro país... esa intensidad que no es sólo física, sino también mental. Y eso se da todas las semanas. El Súper Rugby no te da respiro y el torneo es espectacular por eso. Ahora lo estamos cargando al hombro pero en algún momento lo vamos a poder llevar a adelante y no tener esos picos. Al quinto o sexto partido, el equipo ya empezaba a sentir ese desgaste y nos costó revertir esa situación. Es parte de la experiencia, del aprendizaje. Año a año se va a seguir progresando. Creo que el que viene estos jugadores van a estar mucho más en sintonía con lo que requiere el torneo. El comienzo va a ser bueno, estoy seguro, pero después hay que llevar las quince fechas adelante como nunca. Hace dos años el 60% de los jugadores eran Pampas y después fueron Pumas. Ahora son hombres que se les tiene que hacer callo esa intensidad, tanto física como mental que exige el torneo, porque todo esta dirigido en el mismo sentido, que el juego sea muy intenso.
El cierre tuvo un final feliz.
A mí lo que me pone bien es que de un año a otro el equipo mejoró y no voy a los números en sí. El equipo venía de un período con picos no tan buenos, pero terminó recuperándolos y enfrentando los partidos que faltaban con la intensidad con la que había empezado. Fue todo un desafío, porque cuando volvimos de Sudáfrica lo habíamos perdido a todo eso. Con Kings tocamos fondo y en los últimos dos partidos (Warathas y Force) mostraron esa resiliencia, esa capacidad de trabajar y volver a retomar el camino, y eso es lo que más me deja conforme.
¿Estás satisfecho
con tu trabajo?
Te voy a responder con lo que dije siempre. Lo único que te puedo dar en los malos momentos es más laburo. La respuesta a los malos momentos es trabajar más todavía para poder mejorar. Hicimos cambios en nuestro juego, lo desestructuramos como para no tener tanto tiempo en la teoría y más en la práctica, para que sea más sencillo para el jugador entre semana y trabajamos mucho en el grupo humano. La respuesta se vio en el final, porque ellos al saber que se terminaba un proceso su compromiso llegó hasta el último partido, fueron hasta el final.

Los números lo avalan

Los números le hacen un guiño al crecimiento de los Jaguares en el Súper Rugby. Más allá de que no pudo clasificar a los playoffs, el equipo mostró un incremento en casi todos sus índices y además logró ampliar de un año al otro la base de jugadores, algo que teniendo en cuenta el nivel y la exigencia del torneo no es poca cosa. En ambas temporadas, Jaguares disputó 15 partidos, ganando 4 en 2016 y 7 en 2017. Si bien no hubo grandes diferencias, los puntos a favor también subieron (404 en 2017 contra 394 de 2016). Donde sí las hubo fue en los puntos en contra, ya que este año recibieron 386 puntos y el año pasado 423. Sin embargo, uno de los logros más importantes fue haber ampliado la base con jugadores proveniente de Pumitas y del seven, algo que pone de manifiesto que el sistema funciona. Nombres como Gonzalo Bertranou, Marcos Kremer, Bautista Ezcurra y Emiliano Boffelli dieron claras muestras de que, pese a su juventud, están a la altura de las circunstancias. Raúl Pérez destacó esto, refiriéndose sobre todo al polifuncional back de Duendes. "En 2015 Emiliano sale del M20 y termina jugando con Los Pumas ante Barbarians en Inglaterra. Ahí ya sabíamos que iba a ser un jugador que al rugby argentino le iba a dar mucho. Hasta que se lesionó tuvo un 2016 muy bueno. La lesión que tuvo (en los ligamentos cruzados) fue grave, que lleva tiempo para recuperarse y volver a tomar confianza. Y ahora volvió y demostró todo lo que esperan de él, su gran capacidad para jugar este juego. Y lo mejor de todo, mostrando el espíritu que tiene para llevarlo adelante. Otro caso podría ser el de Kremer, que ya es una realidad, como Gonzalo Bertranou por ejemplo. Estas cosas son las que permiten que el equipo tenga una gran competencia".


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