Viernes 25 de Marzo de 2022
Una de las grandes falacias que andan pululando en el fútbol asegura que los equipos se arman de atrás para adelante. No sólo es mentira esa argumentación, sino que Newell’s tiene pruebas para demostrarlo. Es que el equipo leproso por estos días transita días de oxigenación porque dio en la tecla con traer a un técnico, con todo lo que eso significa, para que gestione al equipo. Javier Sanguinetti no es el mejor entrenador del fútbol argentino y difícilmente lo será en un futuro. Pero es un DT calificado, que ya dio sobradas evidencias de saber preparar y encontrar las soluciones que le pide cada partido que dirige en el banco como técnico de Newell’s.
Justamente si hay que apuntarle un mérito hasta el momento a esta dirigencia que comanda Ignacio Astore es haber traído a Sanguinetti. Tampoco es que descubrieron la pólvora ni ahora tienen todas las soluciones para conducir a Newell’s. Pero sin dudas que fue un acierto elegir a un entrenador que, al menos, utiliza los entrenamientos para mejorar a sus jugadores o se apega a la serenidad a la hora de realizar los cambios para modificar el rumbo de un partido. Esto que parece una cuestión advertida por todos los técnicos no es así. Basta mirar los procesos, en mayor o menor medida, de Frank Kudelka, Germán Burgos, Fernando Gamboa y Adrián Taffarel para entender que en esos ciclos Newell’s era un conjunto de voluntades, mal preparado físicamente y con jugadores que estaban sencillamente tirados adentro de la cancha sin la mínima organización colectiva.
Si Sanguinetti no hubiera ganado el clásico y terminado con la racha nefasta de Newell’s ante Central, igual se hubiera escrito que este equipo rojinegro está mejor parado táctica y estratégicamente que los anteriores. Y eso que Newell’s en la actualidad tiene bastante menos jerarquía y jugadores más terrenales si se compara con los procesos mencionados. O acaso algún hincha leproso no fantaseó que si esa pelota que tuvo servida el pibe Sordo para pegarle un tiro al clásico cara a cara con Servio le quedaba a Nacho Scocco o Maxi Rodríguez la historia se hubiera escrito con letras de epopeya. Con esto se busca sintetizar que en el actual plantel de Newell’s no existe ni por asomo un futbolista de la estatura de Scocco o Maxi, más allá de que en 2021 se asistió a las últimas funciones de los dos ídolos rojinegros.
Pero la receta fue haber traído un técnico razonable como Sanguinetti, mantener algunos jugadores como Pablo Pérez y Cristian Lema, a quienes no había que explicarles las decepciones que acarreaba Newell’s en los últimos torneos, y sumar a algunos refuerzos poco estridentes como el uruguayo Méndez, el colombiano Ditta, el ecuatoriano Reasco y Juanchón García, el héroe del clásico, para mezclarlos con el piberío. El DT supo ponerlos a todos en la misma coctelera y así sacar un equipo que seguramente no saldrá campeón, pero que tampoco pasará vergüenza ante rivales de valencias parecidas.
Todo lo que está viviendo Newell’s en la Copa de la Liga es mérito casi excluyente de Sanguinetti. Porque es el que arma el equipo, el que decide cómo y quiénes deben jugar ante los rivales de turno y el que monitorea junto con el preparador físico Ramiro Loguercio el estado físico de un plantel que deambulaba en la cancha hasta la llegada de este nuevo cuerpo técnico. Un tema para nada menor si se posa la lupa en la deplorable condición física que se observaba cuando Newell’s era dirigido por Kudelka, Burgos, Gamboa y Taffarel. Con la dirección técnica de Sanguinetti, Newell’s recuperó la compostura colectiva y la vertical futbolística. No es poca cosa para un equipo que parecía condenado a la oscuridad y que con Archu encontró al menos una luz al final del túnel.
Fin de semana de descanso
No hay dudas de que fue una de las semanas de entrenamientos más tranquilas para el plantel de Newell’s de los últimos tiempos. El triunfo en el clásico ante Central liberó tensiones y además el técnico Javier Sanguinetti aprovechó las prácticas para dosificar las cargas de cara al partido del próximo fin de semana ante Platense en el Coloso. El grupo recién volverá a entrenar el lunes ya poniendo el foco en los calamares, partido en el que el entrenador deberá suplir las bajas de tres pilares, como Lema (desgarro), Julián Fernández y Pablo Pérez (suspendidos).