Ovación

La rebeldía no es parte del sistema

Las derrotas no necesitan culpables, sí entender que en el fútbol se juega como se vive y quizás los 22 años sin títulos de la selección mayor tengan una explicación en la forma de interpretar el juego.

Lunes 06 de Julio de 2015

Hay varias generaciones que crecieron y vivieron las épocas de una selección nacional para la que jugar era el medio y ganar el objetivo. Con el corazón como emblema. Pasionales, polémicos y contradictorios. Como la nación que representaban. A imagen y semejanza. Con el coraje como escudo ante la adversidad y cierta petulancia en los tiempos de bonanza. Incluso debatiendo sistemas pero aplicándolos a rajatabla en el momento de confrontar. Con la gloria y la frustración en el tránsito. Del equipo de Menotti del 78 al 82. Del conjunto de Bilardo del 86 al 90. Ambos con sus ideas, pero los dos con la actitud que identificaba a la sociedad de ese momento. Haciendo historia. Perdiendo, pero también ganando. De la entrega de Passarella y compañía al talento y fortaleza de Maradona y su orquesta. Tiempos idos. Pero inolvidables. Que conformaron una forma de sentir el fútbol. Jugarlo con los mismos valores de la vida misma. Ni más ni menos que eso. Sin tantos misterios ni resentimientos. Con alma de potrero y con resistencia urbana. Y con la rebeldía típica de un país que supo sobreponerse a situaciones sociales, políticas y económicas de magnitud.

Hace 22 años que la selección mayor no obtiene títulos internacionales. Y ayer, en silencio y sin escala, la selección argentina dejó el estadio Nacional de Chile y se dirigió al aeropuerto internacional de Santiago para regresar al país. Arribó a Ezeiza a las 3.23, según la cuenta oficial del seleccionado en Twitter. Una vez más, para evitar a los medios de comunicación y a los pocos curiosos que se acercaron para recibirlos, los futbolistas subieron a un colectivo que los esperaba en la pista y se dirigieron al predio de la AFA, donde pasaron la noche para luego buscar sus propios destinos. Una nueva derrota final. Y con la resignación como parte habitual del equipaje cuando del seleccionado se trata.

Desde que Alexis Sánchez salió disparado festejando la primera conquista de Chile en Copa América se busca al culpable de este lado de la cordillera. Incluso al extremo de juzgar o defender según la pertenencia de los jugadores y/o cuerpo técnico. No sólo de equipo sino también de lugar geográfico. Generando una saga de héroes y villanos, cuando en realidad no son tales. Son futbolistas que también juegan como viven. Para quienes quizás jugar sea el medio y el objetivo. Siendo el resultado sólo una consecuencia del juego y materia de análisis para los exitistas. Y la rebeldía una necesidad sólo para aquellos que deben encontrar una forma de subsistir.

La gente se acostumbró a ver desde lejos a la selección. La albiceleste elige estar lejos de la gente. Y cerca sólo de aquellos periodistas que exhiben complicidad. El equipo nacional regresó desde Chile de la misma forma que llegó. Distante y sin título. Con miradas altivas, en las que la humildad sólo aparece en cuentagotas. Como en los últimos 22 años.

No es casualidad. Tal vez porque ya no sea un seleccionado a imagen y semejanza de aquellas generaciones que sienten el fútbol igual que siempre. Tal vez los equivocados sean los integrantes de aquellas generaciones. Porque a pesar de que con estas selecciones se quedaron sin el juego y sin la victoria, todavía esperan hechos de valentía más que palabras elegidas de resignación.

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