Ovación

La promoción y el descenso rondan más cerca de Central tras otra dura derrota

Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio si no se la acepta tal cual es. Central es un equipo que está para pelear el descenso, no por su historia gloriosa, sino por su pasado reciente y su presente recurrente que lo ha arrastrado al fango. Saber dónde se está es el primer paso para salir de él, aún cuando el tiempo sea escaso...

Domingo 31 de Mayo de 2009

Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio si no se la acepta tal cual es. Central es un equipo que está para pelear el descenso, no por su historia gloriosa, sino por su pasado reciente y su presente recurrente que lo ha arrastrado al fango. Saber dónde se está es el primer paso para salir de él, aún cuando el tiempo sea escaso y las chances se dilapiden, como la de ayer ante un Independiente en el que sólo un jugador hizo todo. Situarse, no avergonzarse de esta realidad indeseada donde ya debe barajarse jugar la promoción, y afrontarla consciente de las limitaciones conducirá a una salvación posible. Lo contrario...

  La reflexión viene a cuento porque quizás se piense que este nuevo fondo que pareció tocar Central en el Ducó llegó como producto de la mala fortuna, flojos arbitrajes u otra cuestión. Sería peligroso, aún para lo que queda, no ver que se volvieron a cometer errores clave en la cancha pero que este plantel tiene límites, y que el momento es la consecuencia de elecciones incorrectas por no dimensionar el problema a tiempo.

  Que por eso, y tal vez mucho más, Central ayer sumó la 19ª derrota en la temporada. ¡Ya perdió la mitad de los partidos! Y eso no se puede atribuir a la casualidad, más allá de la indudable dignidad de estos jugadores, que hasta intentan imponerse con una línea futbolística definida, con posesión de pelota y proyección hacia adelante. Quizás no les alcance para eso. No fue suficiente en los últimos tres cotejos y la realidad es que este equipo sumó más cuando más feo jugaba.

  Datos, evaluaciones que deberán hacerse en el necesario receso de 15 días. Más cuando ayer, además del error en el primer gol del Rojo y de las ocasiones perdidas, un rival le hizo tres por la inspiración de un solo hombre: Montenegro. Mientras de este lado, Ezequiel González no pudo asumir aunque sea un rato una conducción similar (y Russo lo sacó), el Kily lo hizo por su banda sólo mientras pudo en el primer tiempo y nadie más se calzó ese traje.

  Resultó entonces Méndez el que articuló las acciones y Moreno a veces se asoció. Y cuando Central resultaba profundo, la pelota terminó siempre en los pies de Franzoia (el más movedizo), quien empezó muchas bien pero terminó todas mal. Y cuando no se equivocó frente al arco, o no afinó bien la mira (el Equi marró una media tijera), Assmann hizo su parte para amargarlo.

  Cuando no se puede ni aún dando todo, la frustración rápidamente gana terreno, más cuando el rival se armó mejor a través de un cambio típico de Gallego (un volante de marca, como Vittor, por otro más ofensivo como Ríos) para cerrar el partido. Entonces cualquier golpe lo tumba y así resultó con el segundo del Rolfi cuando faltaba todavía.

  Russo vino en el peor momento. El Kily se quedó pese a que lo querían ir. Moreno regresó sabiendo a qué venía. El Equi, antes, lo mismo. El plantel está referenciado por gente que ama la camiseta y que la defenderá con lo que tiene. Como hasta ahora no alcanzó, habrá que ver qué cosas deberán tocarse para ser lo efectivo que se precisa y elegir a los más aptos. Lo que hay es una delgada línea roja, donde hasta el descenso se agazapó tras el cachetazo que le dio Montenegro. Y no hacerse cargo de que esa y no otra es la situación, sería un error difícil de subsanar en el poco tiempo que queda.

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