Ovación

La presencia y el fútbol al servicio

Con guapeza, pero sobre todo intentando jugar y buscando siempre el arco de enfrente, Central derrotó por 1 a 0 al Boca puntero.

Lunes 27 de Noviembre de 2017

Triunfazo. Por donde se lo mire. Por donde se lo intente abordar. Porque enfrente estaba Boca. Porque en el medio estaba la obligación de demostrar que aquella victoria en Córdoba no había sido fruto del azar. Por eso y por unas cuantas cosas más que estarían demás mencionarlas, Central metió una estocada de aquellas, ante un Boca al que en los últimos años parece haberle tomado la mano, pero al que debía mantenerlo a raya. Y vaya si lo hizo. Enarbolando, otra vez, la bandera del sacrificio, pero haciendo flamear también la del juego, esa que hacía rato en Arroyito no se sacaba a relucir.
   Central y Boca históricamente estuvieron en condiciones de protagonizar buenos partidos, al menos electrizantes desde lo emocional. Lo de anoche se movió en ese sentido. Porque el juego tuvo de todo, especialmente un arranque electrizante, cuando el canalla intentó plasmar desde el primer minuto una intención muchísimo más osada que lo que había ocurrido en Córdoba.
   Por eso la enjundia que intentó meterle desde el arranque. Por eso el ímpetu merodeó rápidamente el arco de Agustín Rossi y prácticamente en la primera pelota seria el partido se puso a pedir de Boca. Es que el centro bajo de Federico Carrizo al primer palo encontró a Mauricio Martínez tirado un taco e inmediatamente a Marco Ruben poniendo la cabeza para que el balón diera primero en el travesaño y picara después detrás de la línea de sentencia. No había mejor forma de empezar lo que, pese a ello, se sabía iba a ser un partido durísimo.
   Era volver a empezar. O seguir. Pero con otro contexto, totalmente favorable. Y eso hizo que Central se parapetara frente a Boca Juniors pero de una manera mucho ambiciosa desde el juego. Igual de a poco el juego se fue picando bastante. Aparecieron las piernas fuertes de un lado y del otro, con un juez Patricio Loustau al que le costó poder mostrar algunas tarjetas amarillas.
   Sin desesperarse, Boca intentó mantener el libreto habitual. Pelota al piso, buen trato y desborde por las bandas, sobre todo por el lado de Cristian Pavón. Igual eso no provocó que Jeremías Ledesma tuviera que esforzarse demasiado. Es más, la única intervención más o menos seria del primer tiempo fue un manotazo al córner luego de que el uruguayo Washington Camacho la peinara hacia su propio arco.
   Central tampoco pudo usufructuar esa ventaja que tenía. Porque las intenciones nunca encontraron correlato en situaciones que merecieran una nueva conquista. Apenas un zapatazo de Marco Ruben desde afuera del área y un tiro libre de Pachi Carrizo que peinó el Barrios al córner. Pero esa primera etapa tenía una emoción fuerte más.
   La expulsión del áspero defensor Paolo Goltz por una patada sin pelota al capitán Ruben. De eso tampoco Central pudo sacar provecho, aunque sí sirvió para que Boca usara más tiempo en reacomodarse que para inquietar a Ledesma.
   Ya lo de la vuelta de los vestuarios tuvo un mayor mérito por parte de Central, más allá de ese final apretado, con el cuchillo entre los dientes, teniendo más la pelota cerca del banderín del córner que encarando hacia el arco de Rossi.
   Es que Boca contó con un par de zapatazos en el final, intentando porque estaba a tiro del empate por esas varias jugadas en las que el canalla no pudo bajarle la persiana al partido. Sin desordenarse, y con un Maxi González como el verdadero termómetro del equipo, Central lo tuvo en el pie izquierdo de Carrizo a los 3' del complemento. Pero apareció Rossi. Pudo ser con un cabezazo de Zampedri (16'), también con el cabezazo de Camacho a quemarropa que salvó otra vez Rossi (22'), con otro zapatazo de Carrizo que Rossi mandó al córner (26'). Pero no hubo caso. Por todo eso hubiera sonado a injusticia si el remate de Cardona que pegó en el palo hubiera entrado o si no hubiese aparecido la cabeza de Maxi González tras el cabezazo de Pablo Pérez.
   Así llegó el final deseado para Central. A esa altura aguantando más que jugando, pero habiendo dado un salto de calidad por la forma en la que maniató a Boca pero sobre todo por la presencia que expuso. Todo eso puso el canalla al servicio de un enorme triunfo en medio de un nuevo ciclo que empieza a tomar forma.

Una racha que ya no es casualidad

Ya no es casualidad. Desde aquella dura derrota en la final de la Copa Argentina en la que perdió 2-0, el 4 de noviembre de 2015, Central enfrentó 5 veces a Boca, ganándole 4 y empatando el otro cotejo. Es más, en el Gigante de Arroyito la racha es aún más amplia porque el canalla lleva 11 años sin perder frente al xeneize. Su última caída fue por 2 a 1 en el Clausura 2006 (Ariel Garcé hizo el gol de Central). Desde entonces jugaron en Rosario 7 veces, con 5 triunfos para los auriazules locales y 2 repartos de puntos, uno de ellos en la Sudamericana 2014 (1-1). En cuanto a torneos locales, en el Gigante ganó los últimos 5.

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