Ovación

La pesadilla

La impresionante campaña de Godoy Cruz, con un presupuesto bajísimo, dejó expuestos a la mayoría de los clubes grandes.

Martes 15 de Mayo de 2018

El dirigente se despierta agitado, empapado de sudor: soñó que Godoy Cruz había salido campeón. Que Boca había perdido con Gimnasia y también con Huracán. Y el bodeguero había derrotado a Argentinos y a Tigre, como en realidad sucedió. En ese sueño los mendocinos no habían empatado con Banfield, finalmente aquella pelota que sacó Sporle casi sobre la línea había entrado y entonces Godoy Cruz había dado la vuelta olímpica el domingo en el Malvinas Argentinas.
   Tardó unos pocos segundos en darse cuenta de que había sido sólo un sueño, pero la sofocación todavía le duraba.
   Mientras desayunaba pensaba cómo habría asumido y explicado una institución grande como la que él conduce semejante situación. Finalmente pudo normalizar el pulso y entonces se permitió asumir los riesgos de interpretar su sueño.
   ¿Si hubiera sido verdad? Menudo problema hubiera tenido la mayoría para mantener sus excusas.
   Claramente Godoy Cruz desnudó las falencias, carencias, errores, horrores y excusas de casi todos.
   Sólo los pobres de toda pobreza podrían mirar bien de frente porque jamás estuvieron en igualdad de condiciones. Es más, varias de ellos, Temperley por ejemplo, utilizaron su efímero pasaje por la Superliga sin creérselo nunca y aprovechando la ocasión para sanear las finanzas. En otros tiempos la institución del sur del Gran Buenos Aires estuvo a punto de desaparecer y hoy vuelve a la B Nacional con los números al día.
   Es cierto que en aquellos clubes que son protagonistas es muy complejo hablar del campeonato económico porque siempre termina mal. Ejemplos sobran y más vale no recordarlos. Pero entre abismo y abismo hay un terreno firme en el que puede apoyarse una mejoría sustentable. O debería.
   En cualquier comparación que se quiera hacer, todos quedan expuestos en mayor o en menor medida. Alcanza con unos pocos detalles. En el mercado de pases grande de la temporada, Godoy Cruz incorporó por un tercio de lo que vendió.
   Frente a Tigre, en el último partido del campeonato, se fue aplaudido por toda la cancha Jalil Elías, futbolista a préstamo de Newell's. Salvo la fecha 13, jugó todos los partidos que disputó el equipo en el año. Jalil no tenía lugar en Newell's, o alternaba, porque la crisis, entre otras cosas, también se devoró los procesos, los esquemas y los tiempos.
   No es que le pesaba la camiseta —quizás un poco producto de un clima interno irrespirable—, sino porque no estaban dadas las condiciones para que el desarrollo de su juego vaya acompañado del tiempo.
   En toda la temporada, llegaron a Mendoza 4 jugadores libres, 1 de Newell's, 1 de El Tanque Sisley (Uruguay), 1 de Gimnasia (Mendoza) y 1 de Estudiantes (Caseros), otro de Defensa y Justicia, 1 de San Lorenzo y 1 de Talleres (Córdoba).
   Para el inicio de este torneo que terminó anoche, Godoy Cruz contrató al entrenador uruguayo Mauricio Larriera, desconocido en Argentina y con escasísimos antecedentes en su país. Larriera renunció a fines de 2017 y el club le ofreció el cargo al entrenador de la reserva, Diego Dabove, que en su carrera sólo había dirigido interinamente un partido a Lanús en 2003.
   Con el ex arquero y entrenador de arqueros, Godoy Cruz consiguió una cifra espeluznante: consiguió 36 de los 45 puntos que disputó, un 80% de efectividad. Ganó 11, empató 3 y perdió 1.
   No sólo se clasificó a la Copa Libertadores del año próximo, sino que además tuvo al goleador del campeonato (Santiago "Morro" García), lo que le generarán ingresos por millones de dólares para la próxima temporada.
   "Quiero un equipo intenso, competitivo y con personalidad, que sea incómodo para el rival y juegue en campo contrario, pero que cuando le toque defender lo haga de buena manera también", dijo el entrenador a fin del año pasado una vez confirmado. Y vaya si lo consiguió: recibió apenas 10 goles y marcó 27.
   Cómo no iba a ser una pesadilla para cualquier dirigente que Godoy Cruz fuera campeón.
   Se insiste, la referencia no es sólo para los ultrapoderosos, sino también para los que les siguen y hasta los del medio pelotón, estrato al que pertenece el club que dirigió Lucas Bernardi en el primer semestre del año pasado.
   A propósito, no debe ser sencillo convivir con José Mansur, el presidente bodeguero, pero todo queda en anécdota, o en todo caso en un segundo plano, cuando se ponen los números sobre la mesa.
   El dirigente que tuvo la pesadilla tranquilamente pudo ser de Newell's o Central, mucho más afectos a escudriñar en los defectos de los demás que en fijarse en los propios.
   Es como le pasó a Holan, el entrenador de Independiente, que antes de evaluar cuáles eran las necesidades de su equipo para clasificarse a la Copa Libertadores del año próximo, y reconocer los motivos por los que su equipo había llegado a la última fecha en inferioridad de condiciones cronológicas, prefirió dudar de Huracán y Boca.
   Era más fácil, siempre es más fácil, mirar para fuera. Se sabe que Boca y Huracán empataron y que el destino de Independiente quedó a merced del propio Independiente que fue incapaz de hacerle un gol a Unión y se quedó afuera de la máxima competencia continental de 2019 al menos por ahora. Holan es uno de los máximos exponentes del llanto eterno, una de las principales formas de la excusa. Cuando su equipo gana, todo está bien. Cuando pierde, la culpa es de los demás, de los agentes externos a la planificación del partido. Siempre. Esos vaivenes deterioran su imagen casi a diario y tapan sus enormes capacidades de entrenador y conductor.
   A propósito, con menos vuelo, Unión es otro ejemplo de superación verdaderamente ponderable.
   "Sabíamos que iba a ser un año muy duro, ningún partido está ganado antes de jugarlo, sabíamos que iba a ser así... A todos nos gustaría quedarnos a jugar la copa". Lucas Gamba, como todo el plantel tatengue, quiere quedar en la historia del club como integrante del primer equipo de Unión que disputa una competencia internacional.
   Se armó para no descender y terminó ingresando a la Sudamericana con muy poco dinero.
   Hay más ejemplos, pero la idea está. El dirigente ya bien despierto al final encuentra la excusa.
   Piensa que no es común que un equipo festeje un subcampeonato, que es toda una sintomatología del conformismo y el comportamiento de un equipo chico, pero al mismo momento se reconoce a él mismo que estaría pletórico de alegría si su equipo hubiera terminado detrás del campeón.
   Y tiene razón. Aquí, por ejemplo, ni en el Coloso ni en el Gigante se hubiera festejado un segundo puesto.
   Les hubiera encantado, pero lamentablemente el torneo de Central y Newell's fue una pesadilla.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario