Selección argentina

La noche esperada en que Mauro fue Icardi

El rosarino hizo un golazo, el primero en la selección. "Era lo que esperaba", dijo el 9 que quiere afirmarse.

Miércoles 21 de Noviembre de 2018

Su constante y natural apetito voraz lo hizo infalible. Las presión no lo absorbió. Pensar que era número puesto para tirarle tierra encima si anoche fallaba. Mauro Icardi se sacó la mufa y fue pieza clave en la selección. Al menos en esta particular ocasión. Porque no sólo hizo un madrugador golazo ante México sino además fue un eslabón importante en la cadena de mando y sistema táctico que trazó Lionel Scaloni. El rosarino surgido de Sarratea demostró en territorio mendocino que la albiceleste le calza bien. Y que de ahora en más puede ser ese 9 fijo que clama sin discusiones el combinado desde hace años.

Se movió como en Inter. Merodeando todo el frente de ataque. Exigiendo a la defensa rival. Exponiéndolos al juego y error. Icardi mostró la chapa de gran delantero sin tanta necesidad de alardear con su currículum. Hizo de las suyas de manera progresiva hasta que dejó el Malvinas Argentinas aplaudido.

De entrada se plantó como faro de referencia en el paralelo azteca.Bancó un pelotazo de Rulli primero. Tocó para Lamela rápido. Buscó el hueco y recibió el balón del ex River. Y ahí metió quinta a fondo. Fue zigzagueando y apilando rivales a pura potencia hasta que eligió el momento de gatillar esa zurda implacable para hacerle un chiquero a México. Golazo de Il Capitano.

Fue el primero en ocho partidos con la celeste y blanca. Era hora.

Regó con sacrificio y sudor cada metro de la retaguardia del Tri. Fue haciendo sencillo lo que para muchos es de alta complejidad. No hizo más que ratificar sus condiciones, pese a que cuando Jorge Sampaoli lo convocó fue un fiasco en los últimas citas de eliminatorias. No en vano se perdió el Mundial de Rusia. Aunque menos mal que no fue porque podría haberlo condenado tras el papelón nacional en suelo ruso. O no. Nunca se sabrá, claro está.

Mauro anoche fue Icardi. Fue ese goleador que respira y se alimenta del gol. Fue ese delantero de clase suprema que la rompe en Italia desde que dejó las filas juveniles de Barcelona. Fue esa máquina de exponer a zagueros rivales. Fue ese torbellino letal cuando direcciona su mira hacia los tres palos. Fue Mauro Icardi.

El mismo que combinó un par de jugadas que deleitaron al público. El mismo que sacó de la galera un despliegue descomunal. El mismo que mostró gestos made in Sarratea. Pese al superprofesionalismo que lo envuelve, el 9 hincha de Newell's jugó por momentos como lo hacía en el patio de su casa antes de que la crisis del 2001 lo empujara junto a su familia a España.

Lo de Mauro ayer fue sin fisuras. Se esperaba que brindara ese repertorio. Era hora de que plasmara su enorme capacidad. Era tiempo de recibir un mimo y que las redes sociales también hablaran de él por lo que hizo en cancha y no por sus extravagante exposición mediática que tiene junto a su esposa Wanda Nara.

Esto es fútbol. Y ayer el capitán del Inter lo comprendió al pie de letra. Porque había recelo. Era como una prueba de fuego para lo que vendrá en un 2019, que en marzo tendrá fecha Fifa, y en junio y julio la Copa América en Brasil. Y ni hablar que también la patria futbolera espera al rosarino más famoso: Leo Messi.

Y Mauro está vez no falló. Aprovechó la chance. Fue el 9 que genera luz propia cada vez que juega en Inter. El rosarino que siempre está en el radar de grandes europeos. Fue el 9 que la selección necesitó ante México. Fue ese delantero que bien podría despejar fantasmas y cuestionamientos. Fue Mauro Icardi.

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