Ovación

La natación, un deporte sin fronteras

Chicos y jóvenes con discapacidad encontraron en el proyecto "Yo también" (Polideportivo 9 de Julio) un espacio de inclusión a través de la natación en el que la familia cumple un rol destacado

Sábado 04 de Noviembre de 2017

En tiempos de fragmentaciones, la sensibilidad pareciera ser una cualidad selectiva, funcional en la estéril confrontación. Pero no es así. Porque luce auténtica cuando trasciende los diques del antagonismo y diluye con su intensidad hasta las utopías. El proyecto "Yo también" desde hace unos años viene incluyendo y brindando espacios deportivos y recreativos a niños, adolescentes y adultos con discapacidad. Y no es un eslogan ambicioso. Es una realidad gratificante.

Milagros tiene 11 años. Ingresa a la pileta adaptada del Polideportivo 9 de Julio (Dorrego 3339) para nadar. Y deja atrás por un tiempo esa rutina de nebulizaciones, pinchazos y remedios. Una sonrisa tímida la distingue. Su ductilidad en la pileta disimula la fibrosis quística que padece desde su nacimiento. Cuando se la ve dar vueltas debajo del agua refleja que está en un oasis difícil de conseguir en el contexto de un problema de salud serio en el que la expectativa de vida se construye con mucho esfuerzo.

Claudia Araujo es la mamá de Milagros. Desde que su hija era muy pequeña no cesó la lucha por encontrar espacios con la infraestructura, la actitud y los recursos humanos acordes para afrontar de manera adecuada la problemática. Luego de un periplo por varias instituciones, con el desgaste psicológico que eso implica, halló en las clases de natación que se dictan en el 9 de Julio, bajo la órbita del proyecto "Yo también", un lugar con las condiciones necesarias para el desarrollo autónomo y la integración de su hija.

Milagros asiste desde hace más de un año al natatorio público y, según cuenta su madre, en ese momento la vida de ambas cambió para siempre. "Mili acá es como Sarmiento, no falta nunca. No sólo aprendió a nadar, aprendió a respirar, que es lo más importante para su salud", explica. "Se queda sola en la clase, algo que nunca había pasado. Tiene confianza en los profesores, que más allá del trabajo en sí le ponen una dedicación increíble y hacen más de lo que les corresponde", agrega la mujer, quien detalla que, a partir del deporte, Milagros "redujo el número de internaciones" y a nivel pulmonar "mejoró notablemente".

"Antes vivía todo el tiempo encerrada y acostada porque tenía el patrón de estar internada siempre. Y por eso no sociabilizaba mucho", comenta. "Acá es el lugar donde la vi sonreír por primera vez. No es de reírse, y desde que llegamos hasta que nos vamos está todo el tiempo con una sonrisa de oreja a oreja. Eso como mamá me da tranquilidad. Ella se siente cómoda y yo también", relata Claudia mientras sus ojos se llenan de brillo por la emoción.

Pero Milagros no es una excepción. Hay más de 90 niños y jóvenes con alguna discapacidad que semanalmente tienen su instante de esparcimiento en la pileta municipal. Otro de ellos es Andrés Cardozo, un joven de 24 años, que por esas vicisitudes de la vida perdió las dos piernas en 2013, luego de ser arrollado por un tren. "Me apoyé en Jesús y me dio la fortaleza para salir adelante. Sin él y sin lo bien que me siento en la pileta estaría acostado en la cama sin ganas de levantarme. El agua es un lugar donde me siento libre", expresa mientras gira las ruedas de la silla que lo acompaña desde hace cuatro años.

"Hay un montón de lugares privados que no te dan esta posibilidad y no tienen la infraestructura adecuada. Fui a muchos establecimientos, pero no me sentí a gusto", agrega el joven que puede ingresar al agua gracias a un novedoso cinturón que le eleva la cadera. "Ahora puedo flotar, antes me tiraba y me ahogaba", describe Andrés, quien a partir de la motivación generada por el deporte ya piensa en nuevos desafíos. "Voy a hacer un curso de computación para poder trabajar, me va a abrir puertas porque la informática es lo que se viene", proyecta.

En el ámbito familiar es donde los roles deben reorganizarse rápidamente ante una situación de este tipo, una tarea nada fácil, porque muchas veces se encuentran solos para lograrlo. Así lo entiende Cristina, que en 1993 debió cambiar su modo de vida luego de que a su hijo Hernán le detectaran un tumor en la cabeza. "En ese momento tenía nueve años y la radiación para tratarlo le provocó hemiplejia y con el paso de los años siguió secando células, lo que le generó severas secuelas motrices", contó la mujer que a partir de este año comenzó a llevar a Hernán a las clases de natación.

"Está de moda la palabra inclusión. Pero para incluir correctamente primero hay que integrar. Es lo que me costaba encontrar hasta que descubrí este espacio increíble donde no se lucra, porque es gratuito, pero sí se cosecha amor. También nosotros necesitamos como familia saber que el resto nos contiene", reflexiona Cristina.

"La mayoría de las instituciones no están preparadas para recibirlo. Fui a otros clubes y era sumergirlo y nada más. Como padres todos los días te enfrentás a una situación distinta. No tenemos que mirar para atrás, o sí, pero sólo para corregir. Todos los días nos enfrentamos a una sociedad que a veces es cruel, por eso cuando existen estos espacios hay que apoyarlos", concluyó.

Los ejemplos se multiplican y los padres de los niños y jóvenes contenidos en el "Yo también" ya se unieron para apropiarse del espacio, y desde allí lo cuidan y ayudan a desarrollarlo sintiendo, como nunca antes, un lugar donde sus hijos sienten pertenencia y contención.

Al respecto, el profesor a cargo del área, Marcelo Arimany, puso de relieve que "para los papás es fundamental tener esta posibilidad, el servicio que se da, con una infraestructura de primer nivel y que no existe en otro lado".

Arimany se especializa desde hace más de 26 años en discapacidad y con su experiencia en torno a esta temática afirmó que "no hay un manual para seguir. Es ganas de poner el cuerpo. La inclusión no se da naturalmente, se necesita decisión política y se sostiene con la familia y el laburo de los profes".

El coordinador del proyecto dijo que la clave es "fortalecer lazos a través del juego", y adelantó que la idea es ampliar la experiencia del Polideportivo 9 de Julio a la pileta que funciona en el Complejo Belgrano Centro. "Fue muy fuerte este año en lo sentimental. Es gratificante ver los avances de los chicos. Hay algunas situaciones que te intervienen y emocionan porque uno no está aislado. La mayoría dejó de pagar en una pileta donde los aislaban para empezar acá, que es gratuito y colectivo", cerró Arimany.

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