El 12 de julio de 1924 Luis Brunetto ganó la primera medalla para Argentina en los Juegos Olímpicos de París. A 100 años de ese logro la presea volvió al club.
Sábado 13 de Julio de 2024
El 12 de julio de 1924 Luis Brunetto, atleta del Club Atlético Provincial, entró en la historia grande del atletismo argentino al ganar la primera medalla (de plata) para una delegación nacional en los Juegos Olímpicos y se hizo acreedor además de un diploma olímpico firmado por el mismísimo barón Pierre de Coubertin. Tanto esa presea como el diploma, fue entregada este viernes al Rojo por Mario, uno de los hijos del atleta, justamente a cien años es esa conquista y a poco de que comiencen los Juegos de la XXXIII Olimpiada.
La familia Brunetto entendió que era el mejor lugar donde podía estar, ya que ahí pasó los mejores momentos de su vida. La gestión del Gerente General de la institución, Walter Matteoda, con los familiares hizo posible que esos recuerdos llegaran al club y ocupen desde ahora un lugar destacado para orgullo propio y envidia ajena.
La entrega se llevó a cabo en la biblioteca de la institución, pero antes de ello hubo un acto protocolar del que participaron la Secretaria de Deporte y Turismo de la Municipalidad de Rosario, Alejandra Mattheus, el presidente de la Asociación Rosarina de Atletismo, Jorge Pardo; miembros de Areda y de la Asociación Deportistas Olímpicos de Santa Fe (ADO), entre otros. Adrián Ghiglione, director deportivo de la institución, ofició de anfitrión.
Luis Brunetto nació el 27 de octubre de 1901 y debutó el 12 de octubre de 1920 en la pista de Provincial, su club, compitiendo en diferentes disciplinas como lanzamiento de bala, carrera de 200 metros, lanzamiento de disco, carrera con vallas y su especialidad, salto triple, en donde terminó tercero con una marca de 12,28 metros.
Si bien se destacó en atletismo, no fue el único deporte que practicó. Hijo de inmigrantes italianos que buscaban un mejor porvenir que en Europa, jugó además al fútbol (llegó a ser centrodelantero en dos partidos en la primera división de la Rosarina), pelota paleta y también al básquet donde salió campeón dos años seguidos en el torneo rosarino junto a su hermano Oreste. De hecho, fue el capitán del primer equipo campeón que tuvo Santa Fe.
Sus condiciones naturales no tuvieron el apoyo necesario para explotar aún más su potencial. Muchas veces, él mismo tuvo que cortar el pasto para poder entrenar y en 1921, ya siendo récordman argentino, todavía saltaba con alpargatas pues no se conocían los zapatos con clavos. Como la mayoría de los atletas, saltaba solo, sin entrenador y sin saber medir las carreras. En ese contexto sobresalía con su particular estilo, que fue muy criticado por los teóricos del atletismo de entonces, pero que tantas satisfacciones le dio.
Si bien lo hecho en París lo llevó al reconocimiento popular, lo que hizo en la Ciudad Luz con 23 años no tomó a nadie por sorpresa, ya que hacía varias temporadas que se venía destacando y de hecho llegó a los Juegos Olímpicos con el título de Campeón Sudamericano, conseguido meses antes en San Isidro.
De Provincial a París
La delegación de Argentina, compuesta por 77 deportistas (todos hombres), viajó a París en el S.S Vasari, un paquebote de la Línea Marítima Inglesa Lamport & Holt que zarpó desde La Plata a las tres de la tarde del 22 de mayo rumbo a Montevideo, para luego hacer escalas en Río de Janeiro, San Vicente, Las Palmas y Cherburgo (Francia) donde desembarcarían.
En el barco algunos pudieron moverse un poco, como la gente del atletismo y del remo. Como estaba previsto, el miércoles 18 de junio el S.S. Vasari hizo su última escala en Cherburgo para luego continuar su camino a Londres. Allí la delegación argentina desembarcó e inmediatamente se tomaron un tren a París.
Al arribar a la Ciudad Luz fueron alojados en barracas, ubicadas junto al Estadio Olímpico de Les Colombes, al noroeste de las Iglesia del Sacre Cour y Montmartre, donde actuaban el famoso Lido de París y el Moulin Rouge. Allí los olímpicos vivían todos juntos. Fue la primera Villa Olímpica de la historia, aunque sin presencia femenina ya que las mujeres fueron alojadas lejos de la capital gala “para evitar caer en la tentación”.
En los Juegos Olímpicos de 1924, en el estadio Colombres de París, en el primer salto de la etapa final, Brunetto alcanzó los 15,42 metros lo que suponía un nuevo récord olímpico. Las rondas se fueron sucediendo sin poder quebrar esa marca, hasta que el australiano Anthony Winter saltó diez centímetros más y desplazó al rosarino que aún le quedaba un último salto.
Ahí el atleta de Provincial se la jugó por completo y realizó un salto muy largo, épico, alcanzando los 15,70 metros que lo ungía nuevamente como ganador. Sin embargo, por haber pisado levemente la zona prohibida de la tabla de pique, lamentablemente su performance fue invalidada, el salto fue declarado nulo y Brunetto se quedó con la Medalla de Plata.
El valor de esta marca quedó reflejado en los años siguientes, ya que mantuvo su vigencia como récord sudamericano durante 25 años, hasta que lo superó el triplista brasileño Adhemar Ferreira Silva. Además, tuvieron que pasar 51 años, poco más de medio siglo, para que dejara de ser el récord nacional argentino. Recién en 1975, el cordobés Emilio Mazzeo logró romper la marca de Brunetto con 15,85 metros.
Luis Brunetto volvió a Rosario, a su club y al seno de su familia como un auténtico triunfador. Tanto fue así, que la noche del mes de julio de 1924 cuando llegó, un centenar de personas se dirigió a la vieja estación Sunchales a recibir a su ídolo. Luego la manifestación lo acompañó a pie por las calles de la ciudad hasta su domicilio, en una muestra de afecto hacia un deportista pocas veces vista en la Cuna de la Bandera.
Con prácticas que superaban los 16 metros, pudo haber ido a los Juegos Olímpicos de Amsterdam, en 1928 para volver a mostrar su valía, pero una inoportuna neuritis paralizante afectó su brazo izquierdo y le impidió su participación.
Después de su carrera atlética, Luis Brunetto siguió ligado al atletismo como juez y dirigente. Murió en Temperley, provincia de Buenos Aires, el 8 de mayo de 1968 a los 66 años, pero su estrella aún sigue brillando en la memoria del atletismo argentino.