Selección nacional

La ley 1259

La columna vertebral en la que se basa un equipo competitivo todavía no tiene nombres y apellidos en la selección de Sampaoli que jugará el Mundial. No desesperar, Argentina igual puede ser campeón.

Viernes 11 de Mayo de 2018

"Si tenés el 1259, tenés el equipo". La frase tiene origen en los años 60, cuando Juan Carlos Lorenzo, el Toto, era uno de los entrenadores más importantes de Argentina. De hecho, dirigió a la selección en el histórico Mundial de Inglaterra en 1966. La cifra es fácil de entender. Quiere decir que la base de un equipo de fútbol con aspiraciones de protagonismo, competitivo, está apoyada en el arquero, el primer zaguero central, el volante de contención y el delantero de área. Excluye a las súper figuras como Messi, Cristiano Ronaldo o Neymar, por nombrar algunos en actividad, que agrandan las potencialidades de ese equipo y fundamentalmente consolidan el juego de conjunto.

Los tiempos cambiaron y los números en las camisetas también, pero el 1259 responde a la numeración original, no corrida, del 1 al 11 en la que el 1 era el arquero, los defensores 4, 2, 6 y 3; los mediocampistas 8, 5 y 10 y los delanteros 7, 9 y 11.

Lorenzo decía que era una columna vertebral fundamental para organizar un equipo protagonista: un buen arquero, con mucha personalidad, un buen primer zaguero central, si es con cara de malo mucho mejor diría el Coco Basile, un volante de recuperación muy activo y criterioso para entregarla a los pies de sus compañeros y un centrodelantero que haga goles.

"Todos los equipos desde mi óptica deben basarse en la columna vertebral, lo que muchos llaman la ley 1259: el arquero, el defensor central, el mediocampista central y el centrodelantero", opinó Ariel Holan, en las antípodas de Lorenzo, a fines de 2016, lo que muestra que esa estructura base está más allá de los sistemas y del paso del tiempo.

Más defensivos, más ofensivos, pero siempre con una columna vertebral que gráficamente podría explicarse con una línea recta que nace en el arco propio y llega hasta la meta rival. Después, como dice el inefable Coco, los futbolistas se mueven.

"Tener un buen arquero da la seguridad de una buena defensa", asegura Ricardo La Volpe, tercera opción de César Luis Menotti en el arco en Argentina 78. El ex Banfield y San Lorenzo elige a José Luis Chilavert como el prototipo del arquero. "Siempre buscaría que el arquero maneje la defensa", repite.

"Es el mejor defensor que vi en mi vida", proclama Diego Maradona sobre Daniel Passarella, el paradigma del zaguero central aunque sea el segundo por su condición de zurdo.

"Me gustaba mucho Passarella porque admiré siempre a la gente con personalidad. Cuando uno habla de líderes... El líder se ve hasta en cómo camina, se ve cuando se mueve. Esas imágenes en el 78 de Passarella de capitán, saliendo del túnel, con los papelitos cayendo... Y veías las caras de los chicos y eran hombres, con veinticinco años eran hombres. Me gustaba observar esos gestos", rememora con devoción el inmenso Cholo Simeone sobre el gran capitán.

El volante central y el centrodelantero tienen más prensa que el arquero y el zaguero, no hace falta buscarles aliados aunque muchos tomaron la moda de jugar sin 5. No les va muy bien. El ultrapoderoso Real Madrid tuvo que recurrir al humilde Casemiro para compensarse porque con la jerarquía y ductilidad de Kroos no era suficiente. Pero ese es otro tema.

En los tiempos que corren hay una tendencia a exagerar las funcionalidades y desestimar las posiciones neurálgicas de un equipo.

La mayoría busca arqueros jugadores por encima de atajadores, defensores dúctiles y de escasa estatura, laterales punteros, volantes sólo de juego y pocos delanteros posicionales.

Es una especie de desnaturalización del juego en pos de poner el gusto futbolístico por delante. Muchos entrenadores se ufanan de no negociar sus esquemas hasta que los resultados los obligan a cambiar de idea.

Para jugar como Barcelona hay que tener los jugadores de Barcelona. Para defender en la mitad de la cancha hay que tener los jugadores adecuados...

A propósito de Barcelona: "La clave de los buenos resultados es el sentido común", dice Guardiola. Pero no es de fácil implementación.

Justamente el sentido común marcaba que después de perder tres finales en hilera, más bien las últimas dos, varios ciclos se habían cumplido en la selección. Sin embargo, el recambio prácticamente no existe, aunque Sampaoli amplió el radio de acción.

El sentido común marca que un arquero que no ataja no es una buena opción, sin embargo, el tema está en veremos. Pero no sólo eso, la segunda opción, detrás de Romero hasta ahora fue otro arquero que no juega: Caballero. Más allá del rendimiento, no es un puesto en el que se defienda el sentido común.

La ley 1259 está en veremos en la selección.

El arquero no está definido, Otamendi bajó muchísimo su rendimiento en los últimos partidos de Manchester City, el volante central está lesionado y llegará con lo justo y el centrodelantero se ganó el lugar a fuerza de jugar poco. Por si esto último no se entiende, cada vez que juega Higuaín, se consolida más Agüero.

Los testimonios escritos más arriba no fueron elegidos al azar. La personalidad y el sentido de pertenencia son esenciales para estar en la selección. Son atributos que no se proclaman, se ejercen. Y esa es una falencia que integra el combo.

Pero no todo está perdido. Argentina tiene el juego de Messi y otros varios talentos ocultos que necesitan un poco de ayuda del esquema. Así de generoso es el fútbol.

Si Sampaoli logra lo que nadie pudo, Argentina tendrá chances de ser campeón del mundo a pesar de todo.

Si un equipo tiene al mejor jugador del mundo, el sentido común indica que no sólo es candidato, sino que el objetivo es ser campeón.

"Un buen Mundial para Argentina es ser campeón. Creo que es lo único que nos faltaría. Llegamos a tres finales y no pudimos lograrlas. Creo que la única manera de cerrar esas heridas es lograr el objetivo".

Y sí, Angelito Di María tiene razón. Un solo apunte al respecto: perder la final de un Mundial con Alemania no es lo mismo que perder dos copas América frente a Chile. Nada que ver.

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