Copa Argentina

La intimidad del campeón tras la consagración en Mendoza

Ovación compartió en exclusiva la celebración del plantel canalla en la zona baja del estadio mendocino.

Sábado 08 de Diciembre de 2018

Ahí estaban ellos, festejando. Compartiendo un instante histórico. Viviendo como una especie de desahogo en realidad. La adrenalina del partido ya había bajado. Pero las pulsaciones por la conquista del título de la Copa Argentina seguían en franco aumento en la rocosa e interminable franja cordillerana en la zona mendocina. Cuerpo técnico, jugadores y dirigentes de Central se movían al compás de la movida y contagiosa música en todo momento. Todo era felicidad en el salón VIP del estadio Malvinas Argentinas, antes de que la campeona comitiva canalla pegara la vuelta a casa envuelto en la Copa Argentina. Si bien el recinto era territorio exclusivo de los héroes auriazules, Ovación fue testigo presencial de semejante acontecimiento.

Una par de mesas cargadas de sushi, regadas con algunas copitas permitidas de champán, cerveza o cualquier otra bebida a elección, estaban distribuidas estratégicamente en el prolijo recinto. Cánticos tribuneros y bailes improvisados eran otros de los eslabones en la cadena de la conmemoración auriazul por el triunfo por penales contra Gimnasia La Plata.

Sin embargo, en un pasaje de la madrugada de ayer la música se cortó de repente. Un respeto absoluto se apoderó por completo de las oscuras cuatro paredes cuando Edgardo Bauza apareció con una copa en mano de champán y se plantó ante todos como el gran líder que es por naturaleza.

"Lo que logramos fue algo muy importante. Se logró por el esfuerzo de ustedes, que empezó hace unos meses cuando asumimos. Es por eso que les pido que guarden y disfruten de este momento, salud para todos", exclamó un sonriente Patón mirando fijo como radar a cada uno de sus fieles soldados y laderos, segundos antes de que un aplauso cerrado y eufórico tronara de manera contundente.

Luego los jugadores y directivos empezaron a entonar algunas estrofas de los diversos himnos tribuneros que suelen acompañar a los canallas cuando hay partidos en el Gigante de Arroyito o cuando hay que jugar por Copa Argentina. La copa que al fin terminó en las vitrinas de Central tras tres intentos tan dolorosos como fallidos.

"Esto es lo que quería cuando decidí volver. No sabés la felicidad que tengo. Pienso en mi familia. En todos los centralistas. Soy campeón con Central. No veo el momento de reencontrarme con mi esposa y mis tres hijos", le confesó un eufórico Germán Herrera a Ovación mientras se abrazaba con cuanto compañero se le cruzara por sus narices.

El Chaqueño además acotó de manera espontánea que "vinieron algunos familiares pero quiero llegar a Rosario y juntarme con el resto para celebrar".

Otro que destilaba alegría y emoción era Federico Carrizo. "Qué momento hermoso. Se nos dio y hay que celebrarlo con toda la gente. Estoy disfrutando mucho este momento", le dijo Pachi a este medio mientras una sonrisa se le dibujó automáticamente.

"Vine a esto. A ganar algo. A dejar algo. No vine a pasear. Juego por esto (mientras se tocaba el escudo de Central). Sabía que podíamos coronar algo porque se armó un gran grupo", le afirmó un reflexivo y sincero Néstor Ortigoza a Ovación, antes de intercambiar unas palabras con su amigo y compañero de mil batallas Matías Caruzzo.

"Dale, Oscar, vení", llamaron a Cabezas cuando sonó un tema movido. El colombiano no dudó y comenzó a menearse como bailarín profesional en el medio de la "pista" ante los aplausos de sus compañeros. "Estoy feliz", le manifestó el juvenil defensor a los enviados de este diario ni bien había terminado de dar cátedra de baile y se acomodaba la bandera con los colores de su nación.

También había que ver cómo Camacho se movía en una pierna, ya que en la otra tenía una bota ortopédica como resultado de la dura batalla ante el Lobo. Fue uno de los que más arengaba. Se lo veía en un estado de pura alegría. El volante lucía como capa la bandera de su patria: Uruguay. Incluso el mediocampista tomó la posta en un pasaje y empezó a cantar "no nos vamos nada, que nos echen a patadas".

Los jugadores se contagiaron espontáneamente. Pero al ratito llegó la orden militar de emprender la retirada porque había que ir al aeropuerto urgente para tomar el vuelo chárter que los devolvió a nuestra ciudad, que amaneció vestida de campeona. Eso sí, el plantel se fue del estadio como llegó al Malvinas Argentinas: cantando y festejando, aunque el plus fue que lo hizo con la Copa Argentina debajo del brazo.

Los celulares de los jugadores y dirigentes captaban la mayor parte de los festejos. Era como que todos querían registrar ese momento sublime. Quizá ayer muchos no tomaron verdadera dimensión de lo que logró Central en esta ciudad, que está acostumbrada a respirar otro aire y a moverse a su particular ritmo. Pero ayer a la madrugada latió al compás del campeón desde que terminó la tanda de los penales que derivó en la consagración. El festejo duró hasta que salió el sol.

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