La histórica gesta de los masters de Regatas Rosario en el lago Bled, el templo del remo

Los remeros de Regatas Rosario cosecharon nueve medallas de oro en el World Rowing Masters Regatta y el club finalizó en el Top 10 a nivel mundial

22:17 hs - Lunes 26 de Octubre de 2026

El Club de Regatas Rosario hizo historia grande en el World Rowing Masters Regatta tras firmar una actuación legendaria en el imponente Lago Bled de Eslovenia en la que cosechó nueve medallas de oro y finalizó en el Top 10 a nivel mundial.

El escenario no podía ser más perfecto. El Lago Bled, es un espejo glaciar situado en los Alpes Julianos, considerado un templo absoluto del remo mundial junto a Lucerna (Suiza). De hecho, fue sede de los mundiales absolutos de remo de 1966, 1979, 1989 y 2011.

El cuádruple fue un relojito. El Cuádruple E, conformado por Pablo Glusman, Salvador Peiru, Carlos Maknis y Néstor Bodetto demostró todo su potencial en Eslovenia.

Con el sello de Regatas Rosario

Ahí el tiempo no transcurre en minutos, sino en el compás exacto de las remadas y hasta ese santuario situado en medio de las montañas viajaron seis hombres nacidos a la vera de nuestro imponente Río Paraná, llevando consigo el secreto de las corrientes y el peso de una obsesión que arrastraban desde hacía años. Todos remeros de Regatas Rosario, Néstor Bodetto, Daniel Más, Carlos Maknis, Eric Lingenfelder, Salvador Peiru y Pablo Glusman, llegaron al World Master intuyendo que el paisaje los esperaba para poner a prueba su sincronía.

Para ellos, este mundial representaba un desafío de superación. El año pasado, en la Regata Mundial de Maestros en Banyoles, Cataluña, Regatas Rosario compitió con una delegación reducida. En aquella ocasión, ante la ausencia por razones personales de un histórico de mil batallas como Néstor Bodetto, remeros como Carlos Maknis, Pablo Glusman y Eric Lingenfelder debieron recurrir a alianzas internacionales e incorporar remeros alemanes para poder completar botes de envergadura, como el ocho.

Sangre celeste y oro. El cuatro sin timonel, con Pablo Glusman, Salvador Peiru, Carlos Maknis y Eric Lingenfelder (todos remeros de Regatas) también se quedó con el oro.

El Lago Bled tuvo otra impronta

Pero Bled 2026 fue una historia distinta. Con el regreso de Bodetto y Daniel Más, y la valiosa incorporación de Salvador Peiru, Regatas Rosario consolidó un equipo más grande, homogéneo y potente de seis remeros entrenados casi al nivel de la categoría superior. La gran obsesión de Maknis y Bodetto, esquiva durante años, finalmente se materializó: competir y ganar en las embarcaciones de cuatro integrantes (cuádruple y cuatro con y sin timonel) conformadas exclusivamente por remeros propios de la institución y por primera vez en la historia, no hubo necesidad de mendigar fuerzas extranjeras.

Aun así, llegar a lo más alto no fue sencillo. Al tratarse de un deporte estrictamente amateur, el plantel debió combinar los exigentes entrenamientos en el Río Paraná con sus obligaciones laborales y compromisos personales. Sin embargo, el potencial de conjunto estaba intacto. Aquel puñado de voluntades se transformó en un engranaje indisoluble de voluntades dispuestas a un entrenamiento feroz, un nivel idéntico al de los atletas de elite.

El gran logro de este proceso fue encontrar el swing —ese misterio biológico donde cuatro cuerpos pierden su individualidad para convertirse en una sola máquina que corta las aguas—, algo que no fue un proceso sencillo. Pero al no tener que acoplar un remero de otro país a último momento, el conocimiento mutuo les otorgó una ventaja determinante en el agua y el resultado de esa química fue demoledor.

El evento reunió 4.711 atletas de 891 clubes que flotaban como una cofradía de titanes sobre el agua. En ese escenario, una Babel de botes y remos, la tripulación rosarina desató una fuerza devastadora.

Tal como había ocurrido hace un año antes en el lago de Banyoles, en el corazón de Cataluña, Carlos Maknis volvió a quedarse con la presea de oro en singles en el Lago Bled.

Una cosecha histórica

Los triunfos más relevantes en las categorías de cuatro integrantes -aquellos que con tanta obstinación habían buscado Maknis y Bodetto durante años- se consumaron con la frialdad de un teorema resuelto: el oro en el Cuádruple E (Glusman, Peiru, Maknis, Bodetto), el doble triunfo del Cuatro sin en las categorías D y E (donde Lingenfelder aportó su cuota de rigor), y las victorias en doble par de Glusman y Peiru y de Glusman con Lingenfelder; y en el single de Maknis.

Aquello no era poco; era la concreción de un destino largamente postergado, pero la felicidad no fue plena. En la misma pista donde Daniel Más había alcanzado un digno quinto puesto en el Single D, la fatalidad aguardaba agazapada. Una jornada de descargas eléctricas obligó a suspender las regatas. El azar, implacable, le arrebató a Más la posibilidad de disputar su prueba crucial, la misma que ya tenía dibujada en su mente y que quedó suspendida en la nada.

El temporal amainó, pero la hazaña ya estaba escrita en el agua. Al final del torneo, el recuento de los milagros arrojó 9 medallas de oro, 5 de plata y 3 de bronce. Entre casi novecientos clubes de los cinco continentes, el pequeño bastión de Rosario se elevaba imponente en el décimo puesto del planeta.

Así, con la satisfacción del deber cumplido, los remeros de Regatas Rosario emprendieron el regreso a su río Paraná, sabiendo que, en un rincón de Eslovenia, el agua murmuraba sus nombres.