Copa América Brasil 2019

La generación que sigue creyendo

Messi, los pocos que quedaron de esta camada de históricos castigada y los nuevos bajo el mando Scaloni, juegan un partido histórico de Argentina para acercarse de nuevo a la gloria.

Martes 02 de Julio de 2019

Muchos habrán recibido en sus whatsapp esa meme con dos fotos, una de la famosa “Mano de Dios” de Maradona a los ingleses en el Mundial 86 y otra de la tremenda falta de Neuer a Higuaín en la final del Mundial 2014, con la inscripción: “Pensar que si el VAR hubiera existido antes, Messi sería campeón, Maradona no y muchas charlas de café serían tan distintas!!”. La humorada es sólo una introducción para valorar todo lo que hizo una generación encarnada en la figura del rosarino, sin dudas hoy y desde hace tiempo el mejor jugador del mundo. Que fue injustamente maltratada por no haber coronado en una de las tres finales seguidas que disputó, despreciando no sólo la forma en que se les fue de las manos sino todo lo que costó llegar a ellas, como si fuera así de fácil. Por eso, que en su más floja performance, con lo que queda de aquella camada, Argentina otra vez llegue a la puerta de una instancia decisiva y le regale a ese apasionado público argentino futbolero una semifinal de la talla de la de esta noche ante Brasil, y en Brasil, es para aplaudirlo ahora, antes que la pelota empiece a rodar, antes que el resultado al fin dé su implacable veredicto.

Hay que abstraerse un momento apenas. Revisar de aquella oportunidad única en el Maracaná en el 2014 que se fue por tan poco, cómo se gestó. El triunfo medido ante Bosnia y Herzegovina, el golazo de Messi en el final con Irán, la electrizante victoria frente a Nigeria, el inolvidable corazoncito de Di María en los 120’ ante Suiza, el zapatazo de Higuaín con Bélgica, el cierre extraordinario de Mascherano sobre Robben, las manos de Chiquito y la definición de la Fiera ante Holanda... Cómo ese cúmulo de emociones después se trocaron en insultos, dudas y acusaciones, luego de que un hoy casi ignoto Gotze amargara a un país a tan poco del final, es tema de sociólogo de masas. Porque esa generación de Messi, Masche, Angelito, Agüero y demás estuvo a la altura de esa final, pudo ganarla y fue enseguida por más al año siguiente y al otro. Y como sólo una definición por penales siempre ajena a merecimientos volvió a trocar la ilusión del festejo, otra vez el dedo acusador los persiguió y mucho más después del Mundial de Rusia, donde todos los sudamericanos se volvieron más temprano que tarde.

Fracaso es bajar los brazos, no seguir intentando y a Messi, Agüero y Di María, los sobrevivientes de aquellas tres finales, se les debe ese reconocimiento. Y qué mejor que sentirlo y expresarlo ahora, cuando en plena renovación, al mando de un técnico inédito por falta de currículum y después de cuatro partidos con dudas, sustos y también rendimientos individuales y colectivos en alza, Argentina otra vez se apresta a disputar un partido de aquellos. Esos que paralizan todo, esos que se viven desde las horas previas, de máxima adrenalina. En una nueva semifinal, que no será de Mundial pero sí de una Copa que no se levanta desde hace más de un cuarto de siglo, que es además el último título oficial de la selección.

Messi, y también los otros últimos mohicanos, merecía una oportunidad así. Aún sin ser determinante en el juego, como si al fin Leo formara parte de un todo y no sea el todo mismo. Acaso una condición necesaria para que su enorme semilla crezca en serio a su alrededor y lo retroalimente.

El resultado no puede predecirse. La sensación es que será menos favorito que nunca ante el rival continental de siempre, local además. Se invita entonces a retener, antes que los 90 o 120 minutos pasen, esa placentera sensación de éxtasis futbolero que otra vez Messi y su nueva compañía le dará al pueblo argentino la oportunidad de disfrutar. De vivir. No habrá injusticia así en el después. Si en el durante se deja todo, claro. Como siempre fue, más allá del dolor de las derrotas.

La insistencia de los últimos símbolos de aquellos que otra vez pusieron a la selección al borde de la gloria, regala a un año de la tristeza de Rusia este Argentina-Brasil, por primera vez en una semifinal de Copa América. ¿Cómo se imaginan que estarán los hogares argentinos esta noche a las 21.30? Expectantes, ansiosos, ilusionados. Por ellos, otra vez. Quién lo hubiera dicho después de soportar tanta presión y tanta demanda de éxitos insatisfecha. Pero es la generación que sigue creyendo.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario