Ovación

La falta de fútbol y el clima hostil juegan en contra de las aspiraciones de Central

La convulsión es tal que el desconcierto se hace carne en Central. Desde la raíz misma del problema. Esto es en el campo de juego, desde donde emergen las notables falencias futbolísticas que no hacen otra cosa que exasperar los ánimos...

Lunes 06 de Diciembre de 2010

La convulsión es tal que el desconcierto se hace carne en Central. Desde la raíz misma del problema. Esto es en el campo de juego, desde donde emergen las notables falencias futbolísticas que no hacen otra cosa que exasperar los ánimos y transformar el ambiente en un caldo de cultivo que va en contra de cualquier aspiración seria, razonable, creíble, confiable.

El desarrollo es lo más crudo. Lo que mortifica a los hinchas y castiga a los futbolistas. Las imágenes del plantel esperando, tras los vidrios del vestuario, la desconcentración del estadio para poder dejar el Gigante de Arroyito, con un grupo importante de simpatizantes descargando bronca en contra de todos y cada uno de ellos (algunos en especial) fue una remake de aquella aciaga tarde-noche de mayo, cuando el equipo cayó frente a All Boys en la promoción y terminó sumido en el descenso. Una imagen que pinta el descontento y saca la bronca que esos hinchas vienen acumulando desde hace varias temporadas, con pésimas campañas y ciclos futbolísticos claramente deficitarios.

¿Está mal poder expresarse? En absoluto. El tema es saber cuánto aporta. Al menos no parece el momento, ni la forma, si de apedrear los automóviles de los futbolistas se trata. Es que la convulsión interna se transforma así en una gigantesca pelota de rencor, odio, impaciencia e intolerancia. Un cóctel explosivo por donde se lo quiera abordar. Por eso el “que se vayan todos” (como se escuchó afuera del vestuario el sábado por la noche) parece, cuanto menos, (entendiéndola como una arremetida verbal cargada de impotencia) una salida con escasos fundamentos.

Estos jugadores son los que están. Los que decidieron quedarse tras el descenso y los que optaron por venir con la ilusión de devolver al equipo a primera. Lo mismo corre para los dirigentes. Que cargan con la misma (o más) responsabilidad que los futbolistas, pero son los que el 65 por ciento del electorado respaldó en las últimas elecciones, aunque eso no alcance para eximirlos de este flaco presente. Si tuvieron aciertos deberán potenciarlos y en igual proporción estarán obligados a aguzar el ingenio para corregir los errores hasta aquí cometidos.

Cuando Héctor Rivoira llegó al club y dijo “el rival de Central es Central mismo” lo hizo en términos estrictamente futbolísticos. Pero la cosa bien podría hacerse extensiva. Central carga con la cruz de no poder mostrar una mínima imagen de equipo confiable, pero lo que sufre por fuera del rectángulo de juego lo hiere cada vez más. Se entienden los murmullos en cada partido, las muestras de disgusto y el fastidio que genera un mal resultado, pero cuando las cosas se potencian, la inseguridad se masifica y hasta en cierto sentido paraliza. Por eso, la impresión que queda es que bajo este tenso clima difícilmente algunas voluntades solitarias puedan remar contra la corriente para que el barco llegue a buen puerto.

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