Ovación

La ética quedó eliminada

El negocio del fútbol hace tiempo que remató la palabra empeñada y en la actualidad también relativizó la validez de los contratos.

Domingo 06 de Enero de 2019

Si la ética fuese un futbolista, desde hace muchos años ya no podría jugar en el fútbol actual. Pese a que todos creen que lo tienen en su plantel profesional y que les pertenece. Porque los diferentes personajes a la hora de declamar principios lo cuentan como propio, como si fueran propietarios de sus derechos federativos. Aunque después en la práctica no lo pongan ni en el banco. Porque el negocio les impone utilizar su nombre pero no capitalizar sus cualidades. Es que el fútbol se ha mercantilizado de tal manera que la palabra empeñada fue rematada hace tiempo y allá lejos. Y hoy hasta los contratos necesitan de cláusulas de rescisión porque los períodos acordados y firmados tampoco garantizan su cumplimiento.

"Esto es por plata", dijo alguien alguna vez para definir el universo del fútbol en su conjunto, con todo lo que ello implica. Incluso las contradicciones en las que muchos quedaron entrampados entre lo dicho y hecho. Cada vez más recurrentes. Cada vez más obscenas. Donde hasta rompieron aquellos "códigos" a los cuales se aferraban de manera casi mística todos los habitantes de este deporte popular.

Ya en 1992 el ocurrente y carismático Pedro Marchetta encontraba en su madre al eje de un ingenioso argumento, a quien definió como hincha de Independiente, elaborando así la justificación perfecta para explicar su decisión de dirigir al Rojo siendo él un ex jugador y entrenador identificado con el sentimiento por Racing Club.

Hoy, a casi 27 años, Gustavo Alfaro utiliza un atajo similar invocando una promesa realizada a su padre para tratar de justificar su ruptura con Huracán y su repentino desembarco en Boca Juniors. Justo al poco tiempo de haber dado en conferencia de prensa una pretenciosa lección de ética, moral y buenos modales, de la que muchos se hicieron eco y hasta pusieron como modelo del ejemplar comportamiento.

Desde Marchetta hasta Alfaro hay innumerables capítulos con otros nombres que pueden componer esa enciclopedia futbolística que registra de qué forma a las palabras se las lleva el viento y cómo los acuerdos se diluyen en dinero.

La moral social distorsionada

Muchas definiciones se pueden encontrar para significar a la ética. Una de ellas se circunscribe al conjunto de normas morales que rigen la conducta humana. Dichas normas pueden bien estar establecidas por los usos y costumbres sociales (moral social) o aquellas ya fijadas por leyes, resoluciones o reglamentos. Así en la vida como en el fútbol.

Lo cierto es que la "moral social" en el fútbol ya está formateada en base a la transgresión de las normas y se ha sistematizado de tal manera que parece romántico o ingenuo definir como traidor a Alfaro u otros técnicos y jugadores que no respetan lo firmado para emigrar ante el mejor postor. Porque este comportamiento ya es un hábito. No sorprende. Y lo que es peor, ya no escandaliza.

Por eso hay una alta cuota de cinismo cuando un entrenador habla de la necesidad de disponer de tiempo para desarrollar un proyecto. Tanto como aquel jugador que besa tantas camisetas como viste. Combo del cual también forman parte los directivos cuando son ellos los que violan lo pautado.

Pero lo más perverso de este conjunto de migraciones sin respetar los tiempos contractuales establecidos, es que además quieran intentar convencer al público de que su transgresión ética no es tal, y utilizan explicaciones tan infundadas como sus actos, insultando así la inteligencia colectiva, aunque algunos voceros mediáticos traten de acompañar el engaño para amortizar el disgusto de los decepcionados.

La Argentina en general y Rosario en particular son testigos de varias historias con estas características, porque el fútbol está atravesado por muchas personas que se ven definidas con aquella frase de Groucho Marx: "Estos son mis principios. Si no le gustan... tengo otros".

La versatilidad retórica puede ser una virtud en Gustavo Alfaro y tantos otros a los que denominan protagonistas, pero cuando se usa en estos casos para explicar lo inexplicable, se comprueba que la ética no se dobla, se rompe.

Y si bien es cierto que hay jugadores, técnicos y dirigentes que no proceden de esa forma, ellos constituyen la excepción que justifica la regla. Sí, sin dudas, son honorables excepciones.

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