Ovación

La derrota de Central ante Independiente obliga a Russo a mover las piezas

Con la brújula rota, con una endeblez llamativa y con unas cuantas fallas pronunciadas. De esa forma, se movió Central por el Libertadores de América, lejos del resultado.

Domingo 28 de Septiembre de 2014

Central hizo un muy mal partido ante Independiente y el 0-2 no dejó margen para la duda. Con la brújula rota, con una endeblez llamativa y con unas cuantas fallas pronunciadas. De esa forma se movió Central por el Libertadores de América. O, en el mejor de los casos, la forma en la que lo hizo mover Independiente. Por eso la diferencia en el marcador (fue 0-2), pero esencialmente la enorme distancia que hubo entre un equipo y otro. Por momentos pareció abismal. Y esos momentos no fueron pocos, porque a excepción de algún que otro intento en el segundo tiempo, cuando el Rojo se quedó con un hombre menos, el Canalla estuvo siempre lejos del resultado. Ni hablar del fútbol que, seguramente, se debe haber planteado en la previa de un encuentro al que llegaba entonado por lo que había sido el triunfo por Copa Argentina. Pero esta fue otra historia. Con intérpretes que olvidaron su libreto. Las consecuencias quedaron a la vista de todos.

   Fue demasiado light el partido que propuso Central. El replegarse demasiado en su campo hizo que independiente gozara de pelota y geografía para mover los hilos del juego. De allí las luminosas actuaciones de Mancuello, Montenegro, Pizzini y compañía en un primer tiempo que fue decididamente un monólogo del Rojo. Es que ese remate de Aguirre que se fue apenas alto, a los 3’, fue un intento de muestra de carácter. No pasó más de ahí.

   El repliegue prematuro le jugó una mala pasada a Central. Porque regalaba absolutamente todo. Y a eso se le suma que la intención de contraatacar encontraba un alto grado de imprecisión. Así era imposible. Y mientras eso sucedía, Independiente sometía al equipo de Russo. Y si en ese primer tiempo el partido el local no lo liquidó fue impericia de sus delanteros y por una actuación estupenda de Caranta, quien apareció más de una vez para ahogar varios gritos de gol. Pizzini, Pisano y Mancuello tuvieron todo para comenzar a ponerle un moño al partido.

   Hasta allí podía pensarse que lo de Central pasaba más por una apuesta estratégica: esperar e intentar quemar las naves más adelante. De hecho Russo metió mano en el entretiempo y mandó a la cancha a Acuña y Encina. Pero en uno de los primeros intentos del Rojo el partido se puso definitivamente de cola para el Canalla, con ese zapatazo al ángulo por parte de Mancuello.

   Recién ahí Central esbozó un mínimo de reacción, que nunca fue tal. Porque sus limitaciones comenzaron a tejerle un enredo en sus ideas y en su fútbol. Es más, ni siquiera la expulsión de Figal significó un quiebre. Apenas una mínima ilusión sin sustento.

   Antes hubo un vendaval, con una arremetida de Montenegro, dos córners de Mancuello que casi burlan la resistencia de Caranta, con un remate del Rolfi que el uno canalla pudo tapar, con otro tiro de esquina del capitán del Rojo y con un mano a mano de Riaño que primero tapó Caranta y después Delgado sacó al córner. Todo en un puñadito de minutos. Apenas tres.

   ¿Central? Con la misma liviandad del inicio y de la que no se despojó hasta ese enredo en el área que terminó con el gol de Jesús Méndez para ponerle punto final a una lucha totalmente despareja y en la que Central no sólo perdió por amplio margen, sino que fue el castigo que realmente mereció.

Lo hecho ante Tigre el pasado miércoles en suelo cordobés por Copa Argentina ilusionó. Aquel partido que se transformó en el primero del semestre sin recibir goles terminó siendo un vaso de agua en medio del desierto. No hace falta un análisis demasiado sesudo para darse cuenta que ayer se obró en sentido opuesto en el estadio de Independiente. Porque fueron dos goles, pero pudieron haber sido muchos más, lo que hubiese ameritado recargar todavía más las tintas en el tema.

   Si después de 13 partidos, en 12 al equipo le convirtieron es porque hay partituras que no están siendo leídas de manera correcta, donde se desafina más de la cuenta.

Russo entiende de qué se trata la cosa. Siempre fue algo que le molestó. Y lo de ahora no escapa a las generales de la ley. La endeblez defensiva, que no es sólo potestad de los defensores, sigue siendo una de las grandes materias pendientes.

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