Jueves 22 de Diciembre de 2022
En un equipo todos los jugadores cuentan y más en un equipo que alcanza la gloria máxima. Pero no implica una palabra de más decir que Lionel Messi y Ángel Di María son por capacidad de juego, protagonismo histórico y adhesión planetaria los emblemas de la selección argentina que acaba de obtener la Copa del Mundo. Además los dos son más rosarinos que los bares de zona sur, el centro de Echesortu y las veredas de la Florida. Por eso las ediciones de este viernes y sábado del diario La Capital incluirán los posters de ambos como celebración y reconocimiento: el primer día el de Fideo y al siguiente el de Leo.
Entre los dos hicieron 8 de los 15 goles que Argentina convirtió en Qatar. Pero además generaron desequilibrio en momentos decisivos de cada partido, fueron determinantes en condicionar los planteos tácticos de los rivales y ofrecieron espectáculo cada vez que salieron al césped.
A todo lo que hay en su abrumadora y exitosa carrera, Leo le sumó ahora haber sido elegido una vez más el mejor jugador del Mundial y con siete tantos segundo goleador a uno de Kylian Mbappé. Dio asistencias admirables como la que permitió contra Países Bajos la apertura del marcador a Nahuel Molina y hasta tuvo actos de liderazgo celebrados como plantar cara a los desplantes de los jugadores naranjas en ese partido.
Aunque Ángel no jugó todos los partidos cada vez que entró fue gravitante por su enorme habilidad y una velocidad que no merma. En el partido contra México, que fue el segundo pero se tomó como primera final, asistió a Messi para que su amigo marcara un golazo. Y se empeñó en hacer lo que hace siempre: goles en partidos definitorios. Como pasó en los juegos Olímpicos de Beijing en 2008 y en la final de la Copa América de 2021, el domingo convirtió en la final contra Francia, definiendo con elegancia una jugada que es de las mejores del Mundial.
Hicieron mucho más que lo que se dice. Su ciudad se enorgullece y les dice gracias.