La Argentina de Messi: Leo hizo otro show en la caja mágica de Dallas y la selección sueña

El equipo de Scaloni superó 2 a 0 a Austria con un doblete del rosarino y se metió en los 16avos de final del Mundial. Messi es de Argentina y de otro planeta

16:22 hs - Lunes 22 de Junio de 2026

En un estadio de otro planeta brilló un jugador de otra dimensión. El rosarino Lionel Messi fue el héroe otra vez y lo hizo en un escenario impactante. Porque cuando terminó el partido con la victoria de Argentina ante Austria por 2 a 0 con su doblete, la primera pregunta que surgió fue si lo que aquí se vio fue un simple partido de fútbol o se trató de otra cosa, de un megaespectáculo al estilo del parque de diversiones de Disney, por tratarse de estar en suelo estadounidense.

Porque es cierto que hubo una pelota, dos arcos, once jugadores de cada lado y hasta estuvo el mejor jugador del mundo, pero la magnificencia del estadio realmente copó todos los sentidos de los espectadores. Fue un viaje a otra dimensión, a otra galaxia sensorial. Como si hubiera sido hecho a la medida de Lionel Messi y Argentina, es decir del mejor futbolista y de la vigente mejor selección del planeta.

Es cierto que el partido comenzó con una emoción fuerte. Ya a los 3 minutos hubo un penal de VAR para la albiceleste. Lo tocaron abajo a Lautaro entre Posch y Xaver Schlager, y se decretó la pena máxima tras la revisión tecnológica.

Después del penal empezó el show de Messi

El mejor escenario para comenzar, pero falló el que hizo más goles en la historia de los mundiales. Porque fue a patear Messi, esperó hasta el final para que el arquero se mueva, eso no ocurrió y el diez rosarino le erró al arco sobre el palo izquierdo austríaco. Fue como un gol en contra, porque la selección sintió el impacto y durante algunos minutos cayó en un pozo.

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Después avisó otra vez Leo a los 30 minutos y la sacó David Alaba cuando había perfume de gol. Hasta que en un partido parejo y de poco ritmo llegó el desequilibrio. Centro de Medina, la dejó pasar Thiago Almada y Messi hizo más historia. Rompió la red para anotar su gol 17 en mundiales y ser el máximo artillero de la Copa del Mundo, superando la línea del alemán Klose y luego al final clavó el 18 para romper hasta sus propios límites.

Antes de ese final de épico de Messi y su doblete hubo un segundo tiempo no tan plácido. En el complemento salió Cuti Romero e ingresó Otamendi. Además, dejaron la cancha Almada y Lautaro, por Nico González y Julián Alvarez. Argentina conservó su plan de sostener la pelota y Austria buscaba ser prolijo para llegar, pero le costaba acercarse a las narices de Dibu Martínez. Hasta que dilapidó un cabezazo claro Michael Gregoritsch, que puso en pausa a los hinchas argentinos.

Contestó por la misma vía aérea Nico González, que cruzó el cabezazo a la salida de un córner y se le fue apenas afuera. El reloj parecía correr en cámara lenta y el partido estaba abierto en el resultado. Adentro Paredes y Tagliafico, afuera De Paul y Medina, para los angustiantes últimos diez minutos.

Leo tenía la frutilla del postre

Pero Leo tenía la frutilla del postre y entró al área de guapo para romper la barrera de piernas austríacas y hacer delirar a las 70.649 personas, ni uno más ni uno menos, que fueron los que vieron otro capítulo de la leyenda rosarina. Incluso hasta los rivales lo ovacionaron tras el partido.

Lo trascendente es que ganó la selección y se clasificó a los 16avos de final. Luego habrá que ver por la noche si ya puede ser primera en el grupo J, para lo que Jordania no debe ganarle a Argelia.

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Todo eso desde los números, pero acá hubo más que un simple partido, aunque haya sido mundialista. Porque fue un show maravilloso lo que se vivió dentro de esta caja mágica de Dallas, techada y con aire acondicionado. Una fiesta argentina en un estadio de arquitectura majestuosa, donde la realidad atravesó el límite de la ficción por la puesta en escena y encima fue con triunfo albiceleste. Y la yapa: otra actuación descollante de Messi.

En tierra de comboys y rodeos, Messi fue otra vez el Rey. Por eso la ovación de Manu Ginóbili desde la tribuna y el abrazo con Maxi Rodríguez al pie de la cancha tras el pitazo final. Tuvo una semana intensa, pero volvió a jugar en el nombre de padre y en el nombre de toda la ilusión del pueblo argentino. Qué más decir y qué más sentir.