Ovación

Justicia según la ocasión

El fútbol exhibe con nitidez cómo la manipulación de las reglas de juego fueron vaciando de contenido a la ecuanimidad para competir. En este contexto, en el que no es justo lo que corresponde sino lo que se pretende, ganan los poderosos.

Domingo 15 de Abril de 2018

La pregunta fue reincidente en diferentes ámbitos y las diversas respuestas convergieron en el contexto de lo imprevisible, pero todos vinculadas al caos. ¿Qué hubiera pasado si en lugar de Juventus el equipo que era eliminado por Real Madrid con un penal sobre la hora hubiese sido argentino? La mayoría aludió a reacciones de diferente magnitud. Pero fundamentalmente porque hace ya un tiempo que la sociedad pone en términos relativos a la justicia, no sólo en el fútbol, sino en sus diferentes ámbitos. Incluso en niveles mucho más trascendentes que lo que puede representar un penal o una expulsión. Al extremo de considerar que es justo lo que se cree y no lo que establecen las normas.

   Así entonces hay una pretensión de justicia más vinculada a lo que se quiere y no a lo que se debe. En ese contexto asoma como una nimiedad un hecho de corrupción de un ex presidente. O algo no punible la evasión impositiva de un funcionario. O la valoración o descrédito de un mismo fallo si la prisión preventiva se dicta o se levanta según la ideología del político o empresario en cuestión.

   Claro que para la construcción de esta devaluación de la "justicia debida" mucho tuvieron que ver los poderes políticos y judiciales, porque las interpretaciones jurídicas flexibilizaron tanto las leyes que la vaciaron de contenido. Y en el fútbol también.

Criterio o interpretación

Por eso las justificaciones sistemáticas en lo que se denomina "criterio" o "interpretación" del árbitro ha llevado al universo futbolístico a generar debates interminables. Incluso a ya no saber cuándo una mano de un jugador en el área propia es penal o no. O cuál debe ser la intensidad de un roce para ser considerado infracción. Tal como ocurrió en el encuentro entre Real Madrid y Juventus.

   En un contexto en el que predominan los pareceres motivados por los deseos o intereses, todo comienza a conjugarse en tiempo indefinido, por ende lo justo deja de ser justo y queda huérfano en un debate estéril que sólo degrada aún más a la necesitada justicia.

   La obscenidad con la que los directivos actúan en el fútbol argentino para incidir en los arbitrajes, la permeabilidad de aquellos que deberían ser ecuánimes en un tribunal para imponer disciplina y la sucesión de groseros errores conceptuales que cometen los árbitros no hacen más que fortalecer el escepticismo y degradar la credibilidad.

   No obstante, esa búsqueda de justicia debe prevalecer por encima de los diferentes intereses individuales, es por ello que más allá de la incorporación de la tecnología para reducir el margen de error de los árbitros, como lo que se propone con la implementación del VAR, también hay decisiones políticas de fondo que el fútbol en su conjunto debe adoptar, para así desterrar las presiones reales y las suspicacias que los mismos directivos generan con su constante accionar.

   Una de ellas es la necesaria independencia que debería tener la organización arbitral de la AFA.

Puja de intereses

"Yo hace años que sostengo que la organización de los árbitros debe ser un ente autárquico, independiente de la AFA, es decir sin relación de dependencia de ningún tipo con las dirigencias de los clubes. Considero que es la única manera de eliminar la presión a la que están expuestos y si bien esto no justifica el error grosero que cometió por ejemplo Néstor Pitana y su asistente en el partido de Estudiantes-Chacarita, el hecho de que los dirigentes de los clubes no incidan no sólo transparentará el fútbol sino que le permitirá recuperar una autoridad que los árbitros han ido perdiendo. Es cada vez más habitual ver cómo los jugadores vapulean verbalmente y con los gestos a los jueces y esa es una cabal demostración de falta de autoridad y de seguridad". La reflexión le pertenece al ex juez y actual instructor de la profesión Claudio Martín, al ser consultado por Ovación sobre las paupérrimas actuaciones arbitrales en las últimas fechas de la Superliga.

   Pero contrariamente a esta posición, el presidente de Lanús, Nicolás Russo, sentenció que "la actual organización de los árbitros viene de la época de la Comisión Normalizadora y todavía no llegamos con la reorganización en ese aspecto", reflexión que esgrimió tras el flojo desempeño de Facundo Tello, cuando el equipo granate se sintió perjudicado ante Temperley.

   Es decir que los directivos del fútbol no están dispuestos a perder el control sobre los árbitros, algo que tampoco el poder político del país está dispuesto a resignar cuando de elegir jueces se trata.

   Sin dudas que el presente de los árbitros está en crisis. Sus desempeños desbordan la capacidad de asombro e indignación. La justicia esperada pasa a ser anhelada. Y la ecuanimidad de sus fallos en cada partido que pasa comienza a transformarse en quimera. Porque es cierto que hay jugadas que con estos parámetros de interpretación son polémicas y de difícil resolución. Pero también es verdad que hay errores inconcebibles.

   No obstante lo que está desacreditada es la concepción de justicia. Porque la mala praxis y las interpretaciones ancladas en intereses sectoriales o individuales generó esta tendencia de que hay penales que no son para cobrar o robos o lavado de activos que no ameritan prisión. Es decir que no importa lo que diga el reglamento o la ley, sino lo que se desea de ellos.

   Así se convive con un fútbol en el que las normas son cada vez más relativas, porque no importa lo que tiene que ser sino lo que se quiere que sea. Y en esa siempre ganarán los más poderosos.

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