Ovación

"Jugar en Las Leonas lo hace todo más fácil"

En un alto de los partidos en Rosario, Delfina Merino y Majo Granatto dijeron que los premios que recibieron son "del equipo" y que lo que consiguieron no podría ser posible sin el talento y la entrega de sus compañeras.

Viernes 16 de Febrero de 2018

Hace poco más de dos años, en Rosario, Delfina Merino y María José Granatto protagonizaban una conferencia de prensa muy divertida en la que las chicanas estaban a flor de piel. Majo debutaba con la selección mayor en la Ronda Final de la Liga Mundial y ya había tenido que afrontar un bautismo: bailar delante del plantel, sometida a la risa de todas Las Leonas. Había ocurrido unos días antes de Rosario, en unos amistosos en Tucumán. Merino amenazaba con un bautismo peor en la Cuna de la Bandera, pero al final no pasó nada. O no trascendió. El verdadero acto de iniciación terminó siendo glorioso para la delantera platense. Y fue su enorme actuación con el equipo en el primer torneo grande, donde además Las Leonas se consagrarían campeonas.

   Hace poco más de dos años, en Rosario, Delfina Merino y Majo Granatto jugaban juntas por primera vez y a pesar de los bloopers iniciales, la sociedad se transformó en oro para el seleccionado argentino. Hoy son ambas las mejores jugadoras del mundo, en mayores y Sub 23, premiadas hace muy pocos días por la Federación Internacional de Hockey (FIH), están en un nivel excepcional y en el año en el que Las Leonas afrontarán su Mundial (en julio, en Londres) verlas así no puede menos que ilusionar. Están intratables. Literalmente. Y ese no es un bien individual sino colectivo. Como también lo son los premios que acaban de recibir. "Son 100% del equipo", responden las dos, súper relajadas en un alto de la serie de tests ante Gran Bretaña, en un mano a mano con Ovación en el living del hotel donde se hospedan. Y se detienen en la generosidad para con sus compañeras. Remarca Majo: "Son premios del equipo". Y agrega Delfina: "Lo que nos hace ser mejores es que jugamos en uno de los mejores equipos del mundo, con las mejores jugadoras, muy talentosas". Complementa esa idea con esta: "Jugar en Las Leonas lo hace todo más fácil". De aquellos choques, bloopers y sociedad primaria, a esta complicidad absoluta que se traduce en goles en el arco rival, hay trabajo, sacrificio y una prioridad: el conjunto. Con un foco: la Copa del Mundo y el sueño de subirse al podio.

Majo, en 2015, cuando debutaste en Las Leonas, acá mismo, Delfina dijo: "Le pusimos Demonio de Tasmania porque empieza a dar vueltas tan rápido que no sabemos para donde va a salir (...) Si se fijan ya metimos varios bloopers, nos chocamos". ¿Qué pasó en el medio? Hoy se entienden bárbaro y parecen inseparables.

Majo Granatto: Uno necesita entrenar y jugar para poder entenderse, sabemos que hoy ocupamos un lugar importante, encima somos delanteras las dos así que todo el tiempo estamos en contacto, aunque ya no nos chocamos (risas). Nos entendemos muy bien después de dos años y lo hacemos disfrutándolo. Yo en ese momento quizás no tenía mucha relación con Delfi, recién entraba y era mucho más difícil. Ahora nos llevamos bárbaro, eso se nota adentro de la cancha también y disfruto mucho de jugar al lado de ella. He aprendido en estos años de Delfi, un montón. Ahora también tengo la oportunidad de que me escuche, ahora le puedo dar algún consejo aparte de todos los que escuché en estos años. Ahora tengo esa confianza, eso es lo que te hace complementar un montón.

¿Ahora, Delfi, la dejás hablar?

(Guiño de ojos, sonrisas).

¿Van cayendo sobre el premio que acaba de ganar cada una? Dieron muchísimas notas, ¿alcanzó para dimensionarlo?

Delfina Merino: Qué sé yo... Es como que por momentos caigo y por momentos digo "esto es una verdadera locura". Fue muy intenso todo. Más allá del premio nos tocó viajar y compartirlo juntas. Veníamos con una relación súper distinta, que había crecido mucho, pero haberlos compartido nos conectó desde otro lado y nos hizo disfrutarlo más que si hubiésemos viajado solas. Fue un plus. Lo disfrutamos desde que nos subimos al avión a Berlín, estuvimos un poco desaparecidas del mundo, alejada de las redes sociales, del celular, porque teníamos que mantener este secreto a voces. Inconscientemente nos hizo conectarnos y disfrutar desde otro lado. A veces en la vorágine del día a día, del celular, de las redes, uno no se da cuenta de algunas cosas. Era obligarte a irte de ese mundo y disfrutarlo plenamente.

Hasta que estalló la bomba de la noticia, ambos premios eran de ustedes...

D: (Risas) Ahí la vorágine de nuevo. En Berlín fueron días muy intensos, llegamos a Argentina, nos vinimos a Rosario (llegaron el sábado, antes del primer partido) y al otro día ya jugamos, no paramos un minuto. Hay un montón de nenitas, de fans esperando, que con Majo nos quedamos el doble a atenderlas, no queremos que nadie se quede sin su foto, querés complacer a todas. Son exigencias que uno se pone, aunque para después estoy pensando en quedarme un poco tranquila en casa para disfrutar de esto y además ir cayendo. La vorágine de la intensidad hace que por momentos caigas y por momentos estés en una película en cámara rápida.

M: Lo mismo. Uno por momentos cae que la eligieron la mejor del mundo, pero después decís: "¿La mejor del mundo?". Es tremendo, un premio muy grande, ni hablar el de mayores, el que ganó Delfi, debe ser una locura. Por eso la entendía cuando me decía que no entendía. Y claro, ¿cómo vas a entender que sos la mejor jugadora del mundo?

D: Decía "no caigo, pero quiero dormir", estábamos las dos pasadas de revoluciones (risas).

M: Lo que consiguió es terrible. No tuvimos todavía el momento para pensarlo como realmente se merece, pero sí lo disfrutamos allá un montón. Creo que el viaje fue un premio en sí mismo, increíble, la pasamos genial. La ceremonia fue en una noche muy linda. Y ahora estamos re contentas de estar acá jugando con la selección. Vamos a disfrutar de ese día de descanso que tendremos cuando lleguemos a Buenos Aires para poder estar un poco con la familia. Es así, ya arrancó el año y estamos muy motivadas y este premio nos sirvió mucho de motivación. El día que no jugábamos estábamos las dos con unas ganas de entrar, la cancha llena, habíamos llegado dos horas antes, pero veíamos a las chicas haciendo la entrada en calor... La hicimos y nos cebó más porque al partido lo vimos de afuera.

¿Estos premios también son para el plantel, le puede servir al equipo como motivación en un año tan especial?

M: Sí, ni hablar, 90% es del equipo y 10% nuestro. Si el equipo está bien uno está bien y va creciendo en cuanto a eso. Si le da confianza, motivación, dan ganas de ser cada vez mejor. Si no lo da uno se estanca. No, en verdad este premio es 100% del equipo.

D: Dejame sumarle a eso que lo que nos hace a nosotras ser mejores es que jugamos en uno de los mejores equipos del mundo, con las mejores jugadoras, muy talentosas. Nosotras somos las delanteras, no las que gestamos ni armamos el juego. Ni somos mediocampistas, que son las que te hacen llegar la bocha. Somos las que la recibimos después que pasa por todas esas líneas. Está en nuestro mérito quizás cerrar la jugada, pero no gestamos todo lo que viene anteriormente y si no tuviésemos esas nueve personas que arman todo el juego hasta que la bocha llega a nosotras sería imposible lo nuestro. Entonces creo que más allá de que es un reconocimiento individual, jugar en Las Leonas y con esta clase de jugadoras lo hace todo mucho más fácil. Son parte 100% de esto.

¿Hay algún grado de obsesión de parte de ustedes para ser mejores?

D: Lo mío va muy acompañado del disfrute, sobretodo en este último tiempo; entro a la cancha y trato de fluir. Antes decía "la tengo que parar, tengo tanto tiempo, tengo que hacer tal jugada", presiones que siendo más chicas te ponés porque tenés pocos minutos y querés rendir y estar. Tenés que hacerlo para ganarte un lugar. Hoy ya juego más tiempo, no estoy pensando tanto, sino que lo hago, entonces es en ese inconsciente y en ese fluir que disfruto, porque jugar al hockey es una de mis grandes pasiones.

Luciana Aymar dijo el día que ganaste que se sentía bien de haberte podido transmitir esa obsesión por el hockey, por ser mejor. Que con Soledad García te ponían a un lado de la cancha y te insistían en muchas cosas, ¿hasta dónde te aleccionaron?

D: Sí, me tuvieron un poco cortita al principio. Es que entré al seleccionado muy chica y con pocas jugadoras de mi camada, no como ahora que subieron muchas juntas. Era chica en cuanto a juego y experiencia. Pero me acuerdo de uno de los primeros años en que ellas me hablaban, sobretodo Lucha, que estuvo intensa (risas). Me insistía con la doble pisada de movimiento y yo jugaba en Banco (Provincia), en la C en esa época, así que con pisar una jugaba sola ya estaba. Después sí, para lo que me dieron mucha rosca fue para levantar la pelota, jugaba mucho por abajo. Fueron uno o dos años en los que Lucha, que era una loca obsesionada del hockey, se iba a entrenar sola al Cenard y nos llamaba a Martu (Cavallero) y a mi, por ahí a Goofy (Belén Succi) y armábamos circuitos de habilidades, de saltapelotitas. Yo le decía que eso en el partido lo tenía que pensar, y ella: "Practicá, practicá, practicá". Y dicho y hecho, inconscientemente salió. No es una obsesión, iba al Cenard a disfrutar de un momento con mis amigas o a jugar un poco al hockey y en ese inconsciente sumé un montón de herramientas. Para mi pasa mucho por eso, por el disfrute. Pero obviamente que hay que entrenarse y es lo que hacemos desde que entramos al seleccionado.

M: Delfi habla mucho desde la experiencia, yo en cambio soy una jugadora con mucha menos. Ella después de diez años puede decir que lo intenta disfrutar y va más por la fluidez. Yo soy una persona que se pone mucha presión y este viaje me sirvió mucho porque Delfi me decía "bajá un cambio, pará un poco".

D: Sí, ella en Berlín venía con el "vamos al gimnasio" y yo "no, vamos a recorrer".

¿Hacés cosas extra, Majo?

M: Sí, tengo que relajar un poco, pero te soy sincera, me encanta entrenar, mejorar y superarme. En mi casa ya saben que soy "la enfermita" de la familia y me encanta. Pero sí, hago otras cosas, voy a un gimnasio que me gusta mucho, que me hace sentir muy bien, que trabaja sobre mis debilidades y lo disfruto. También disfruto entrenar por mi cuenta. Me pongo presión, pero intentando jugar como dice Delfi. Ojo, ella dice eso, pero también se rompe el lomo entrenando, no es que entra a la cancha a ver qué pasa, aunque lo disfruta de otra manera y se nota. Voy a intentar trabajarlo mucho más, la experiencia me va a dar ese poder.

Hay datos con respecto al premio. Pero los más evidentes son que vos Majo, igualaste a Soledad García, quien también ganó dos en Sub 23. Vos, Delfi, tenés el mismo que Lucha Aymar se quedó 8 veces y Cecilia Rognoni uno. ¿Es inevitable pensarlo?

M: Recibimos muchas comparaciones y la verdad es que no nos gustan mucho. Cada una está haciendo su trayectoria, su historia. Obviamente para mi es un orgullo y un honor que me pongan al lado de Sole García porque era mi ídola, la veía jugar y se me caía la baba. Pero ya lo dije un poco bromeando: en lo único que la puedo igualar es en estos premios, ya está, ya cumplí. Es un orgullo que me mencionen con tremenda jugadora, pero cada uno intenta desde sus virtudes y defectos hacer su carrera en el seleccionado y está bueno que nos reconozcan por eso y no por jugadoras pasadas de gran trayectoria.

D: Sí, a mí me pasa eso. Tanto Lucha como Sole fueron dos jugadoras que admiré siempre y de las que era fan total. Hoy por hoy la vida, que es muy loca, hizo que tenga una relación muy cercana con las dos. Con Sole viví en Holanda cuando jugábamos en el mismo club (en el SCHC), compartí un montón. Con Lucha los últimos años nos acercaron mucho también, es muy loco cómo se transforma todo. De ser una fan a tener una relación de amistad. Como dice Maji, a mí también me han señalado sobre el premio, "como Lucha". Y yo digo: "Qué honor, qué orgullo que piensen que puedo llegar a estar un poco cerca de Lucha". Pero me parece que lo que ella consiguió es de extraterrestre, igual que Cecilia, a quien la veía por la tele y me parecía un monstruo. Yo no me veo como quizás me ven de afuera, me veo mucho más normal, más terrenal y por ahí para otra chiquitas yo soy lo que para mí eran las chicas en aquel momento. Me cuesta mucho sentirme a la par, ponerme en un mismo escalón. Me da hasta gracia que me quieran comparar con Lucha. Como dice Maji, somos jugadoras distintas que estamos tratando de hacer nuestro camino, con procesos, equipos y momentos distintos. Obviamente que te nombren a la mejor del mundo es puro orgullo, pero no me siento a la par ni mucho menos.

Es febrero, están en el medio de la serie con Gran Bretaña en Rosario. ¿Se piensa en el día a día o la cabeza se va hacia el 21 de julio (día en que comenzará el mundial)?

M: Y sí. El foco lo tenemos puesto ahí, pero sabemos que este es el camino que tenemos que transitar, mejorando todos los detalles que hay que mejorar. Como una de las más chicas que soy escucho a las más grandes remarcar que disfrutemos el proceso porque el mundial se pasa así (chasquea los dedos), como también los Juegos Olímpicos se pasaron rápido. Empezamos a disfrutar más el proceso y cómo uno vive día a día. El torneo va a llegar y va a pasar muy rápido. Es muy importante disfrutar el camino y poder dar lo mejor de cada una para poder formar este gran equipo que estamos intentando formar y llegar de la mejor manera.

D: Sí, un poco así. Tenés el anhelo y la mira lejana porque todo lo que estás haciendo hoy en día es para llegar a ese momento, pero hay que vivir el día a día, subir de a un escaloncito. Sino, si ya pensás en el mundial te vas a desenfocar en todo lo que necesitás hacer en este proceso, que es poco, pero a la vez es mucho y muy intenso. Así que tenemos que ser vivas para aprovechar para crecer y cuando llegue el momento del mundial ser conscientes y disfrutarlo también. Pero es algo del día a día que tenemos que ir construyendo.


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