Ovación

"Jugar", el espíritu del Charlie Imbert

En el predio Vercelli se desarrollará la 27ª edición del encuentro

Martes 05 de Noviembre de 2019

Plaza Jewell es el club con mayor historia en Rosario, es la cuna del rugby. Pero dicen que para ser grande no sólo hay que serlo sino también parecerlo y en ese sentido la gente del pasaje Gould no se contenta solamente con el peso de su historia. El rugby es la actividad más importante de la institución y en su filosofía Plaza se encolumna tras la idea de ser un club de rugby donde se practique el deporte de manera limpia, que respete las leyes y el espíritu del juego tanto en el aspecto deportivo como dirigencial. Eso se aprende de chiquito y por eso el Encuentro de Rugby Infantil Charlie Imbert, que este año celebró su 27ª edición, cobra relevancia en el almanaque del club.

La cita, reservada para chicos de 10 y 11 años, se llevó a cabo en el predio Hugo Vercelli, en el extremo oeste de la ciudad.

“El corazón del encuentro nunca cambió. Desde que arrancó siempre se buscó que los chicos jueguen. Acá no hay ganadores ni perdedores, no es un torneo que se juega por puntos y sale un campeón. Los chicos vienen a jugar y ese es el motivo principal del encuentro, más allá de que se pueden encontrar con chicos con otras realidades. En ese sentido siempre invitamos a todos los clubes sociales. Este año, por ejemplo, vinieron Tigres y Botines Solidarios y se sumó Botines Solidarios de Córdoba”, destacó Rodrigo Zárate, quien junto a Alejandro Righi son referentes del rugby infantil en Atlético del Rosario y además los encargados de la organización.

A modo de un rápido balance, Zárate destacó que “se trabajó mucho tiempo para llevar adelante este encuentro, pero la recompensa fue fantástica. En total asistieron más de mil trescientos chicos de 34 clubes. Además de los equipos de Rosario hubo de provincias como Misiones, San Juan, Córdoba, Buenos Aires, Tucumán y Santiago del Estero, entre otras, lo que hizo del encuentro algo muy federal, que era lo que buscábamos”. “También pensamos en hacer cómoda la estadía y facilitarles las cosas a los que nos visitaron. Para eso fue muy importante el tema de la logística, por ejemplo, ya que llegar hasta el predio no es fácil. Por eso, ver que todo eso salió bien nos puso muy contentos”, agregó Righi.

“Como esto es prueba-error, este año nos enfocamos en las cosas que salieron mal en las anteriores ediciones para poder mejorarlas. Este año el fixture estuvo pensado para que los equipos no jueguen con quienes lo hacen siempre y para que los chicos mínimamente jueguen cinco partidos. Eso fue algo que muchos entrenadores nos destacaron en el Tercer Tiempo”, contó Zárate algo que Righi reafirmó al decir que “el desarrollo y la fluidez de los partidos fue fundamental. Muchos veces pasa que hay equipos que no quieren participar y prefieren hacerlo club a club porque no hay una diagramación correcta. En ese sentido, el evento se llevó a cabo en 19 canchas diagramadas para la ocasión y todo estuvo muy aceitado. Todo arrancó y terminó a horario para no demorar el Tercer Tiempo, ya que es muy difícil darle de comer a semejante cantidad de chicos”.

“Para que todo salga bien, pusimos especial atención en muchas cosas, no sólo en el juego que es lo más importante, sino también en todo lo que lo rodea, como los médicos, los kinesiólogos y la contención que esto amerita. Estuvimos muy arriba en lo que fue la parte deportiva para cuidar a los chicos y eso salió excelente. Apuntalamos a ese tipo de cosas que nos parecían importantes, por eso, por ejemplo, doblamos la apuesta poniendo dos árbitros y un encargado por cancha”, dijo Zárate.

Aprovechando su estadía en la ciudad y teniendo en cuenta la distancia de su lugar de origen, algunos equipos se quedaron para jugar también el domingo. Hubo delegaciones que pasaron por el pasaje Gould a visitar el museo y también enfilaron para la zona sur para llegarse al Museo del Deporte Santafesino, quedando en ambos casos realmente muy asombrados por las cosas que vieron.

“Una de las cosas que más nos gratificó fue puertas adentro, ya que muchos jugadores del plantel superior y de juveniles se acercaron para darnos una mano”, contó Righi, algo que tampoco pasó por alto en los visitantes ya que la mayoría recalcó lo difícil que es hacer que un jugador de primera división se comprometa para actividades de este tipo.

La XXVII edición del Charlie Imbert pasó este fin de semana y cumplió ampliamente con la expectativas que tenían los organizadores: “Hubo mucha gente, muchas familias acompañando y por suerte pudimos esquivar la lluvia, algo que hubiera complicado las cosas. Armar este tipo de encuentros conlleva a un gasto de energía enorme, pero todo vuelve. Creo que absolutamente todos, desde los jugadores hasta el último voluntario, disfrutamos mucho de él”, concluyeron.

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